Publicado en línea el Miércoles 20 de abril de 2016, por MAR

Mientras algunos productores de carne transgénica atacan al Gobierno por el tema precios, y fingen desconocer la realidad económica, es preciso que usted entienda la importancia de no consumir carne de supermercados e intentar conseguir la versión original orgánica en chacras pequeñas, y si no es posible, abstenerse.

Argentina tiene la cultura del asado, los bifes y churrascos. Pero lamentablemente, y gracias a la industria transgénica, si no se toman medidas para proteger a los ciudadanos la carne constituye un riesgo grave para la salud.

Para empezar, no hay leyes que protejan a los animales de granja contra la violencia y el abuso. Y la inspección sobre sus alimentos prácticamente no existe. Los grandes grupos de presión de la industria alimentaria sobornan políticos con millones de dólares cada año para detener cualquier Ley de protección a los animales del campo.

En Argentina muchos agricultores inyectan a sus vacas con todo tipo de hormonas transgénicas para aumentar la producción de leche, cuando no existe escasez de leche. Y las alimentan con soja transgénica colmada de glifosato y otros químicos que persisten tras el procesamiento industrial llegando a los platos de los argentinos e incrementando como consecuencia, las tasas de cáncer, ACV, problemas cardíacos, respiratorios e infertilidad, entre otros.

Dato: La inyección de hormonas a las vacas fue prohibida en Canada y Europa, por aumentar el cáncer y otras condiciones médicas en la población.

Mientras los organismos que deberían velar por la salud de los argentinos miran para otro lado, o al menos lo hicieron durante 12 años, y confían en la corrupta FDA, que intercambia directores con Monsanto mediante el sistema llamado "Puertas Giratorias", para aprobar felizmente el uso de hormonas sintéticas en el ganado, muchos productores de nuestro país insisten con inyectar a las vacas para obtener tan solo un 15% de producción adicional. En el marco de un mercado donde el 99% de los productos son transgénicos y los orgánicos (originales) se cotizan 4 veces más y por tanto brindarían mucho mayores ganancias al dueño de un campo.

Así como los seres humanos están expuestos a estas hormonas sintéticas y pesticidas cuando consumen productos de la vaca, como carne o productos lácteos. La orina de los animales de granja está repleta de glifosato y hormonas que a su vez contaminan el medio ambiente y nuestro suministro de agua.

Además, la industria de Monsanto también promociona "hormonas reproductoras" para mejorar la tasa de embarazos y el número de la cría. Por lo general, los terneros, como resultado de las hormonas sufren defectos de nacimiento y dificultad para respirar, al igual que las personas que comen su carne.

Aunque la FDA aprobó las hormonas en el ganado, muchos estudios comprobaron el efecto negativo de las hormonas en niños pequeños y el feto en desarrollo. Las hormonas se relacionaron con la obesidad y una ola de enfermedades crónicas como el cáncer , la diabetes y las enfermedades del corazón . Razón por la cual, la Unión Europea y Canadá han prohibido toda la producción de ganado y carne con hormonas.

Un reporte de Dinamarca del 2004 indicó: "Existe la imperativa necesidad de realizar más investigaciones para aclarar si los residuos del glifosato en la alimentación pueden afectar la salud del ganado; particularmente animales en fases fisiológicas y productivas sensibles", citando un estudio científico de la Universidad de Aarhus, Dinamarca. "(...) Los residuos de glifosato en cultivos transgénicos pueden afectar negativamente a los microorganismos en el intestino de los animales de granja con efectos secundarios sobre la producción y la salud", sostiene.

Otra investigación señala que la carne de animales alimentados con cultivos transgénicos producen mutaciones metabólicas y fisiológicas, así como un deterioro en la respuestas inmunológicas en seres humanos. "Tan loco como suena, la industria alimentaria ha estado alimentando a las vacas enfermas con carne de otras vacas muertas por los pesticidas. Así como también fabricando compuestos para alimentar peces con carne de vacas muertas". Leer el informe realizado en Nueva Zelanda.

Celeste Fassbinder
BWN Argentina

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