Publicado en línea el Miércoles 27 de abril de 2016, por MAR

26/04/2016 | Por Chávez Molina - Padre, docente de la Universidad de Buenos, Aires, investigador del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

He recibido primero con curiosidad, luego sorpresa, para pasar al estupor/indignación, el pedido solicitado en el cuaderno de comunicaciones del día viernes 22 de abril del 2016, para que nuestros hijos, de la Escuela República de Colombia n° 26, DE 6, del barrio de Boedo, participen del programa “mi escuela saludable”, en el mismo se indica que se le harán preguntas sobre sus hábitos alimentarios y toma de medidas corporales, como así también el uso del acelerómetro para medir la actividad física cotidiana. Dicha actividad dice estar coordinada por la Dirección General de Desarrollo Saludable del Gobierno de la Ciudad, y el ILSI- Argentina (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida).

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La curiosidad: interesante que se haga un estudio de estas característica sobre el estado de salud de nuestros hijos/as, pero también me llamó la atención que no se establezca en la comunicación los objetivos del estudio, la resolución de autorización de la investigación en las escuelas públicas por parte del Gobierno de la Ciudad, la resolución de un comité de ética sobre la misma (toda investigación, que involucra personas necesita ser evaluado previamente por un comité de ética en el cual quede claro que no genera ningún tipo de daño psico-social la participación de personas en este tipo de investigaciones, no viola derechos, durante o post realización del estudio, y más aún cuando se trata de niña/os, quienes además deben tener la autorización de padre/madre o responsables de ellos) y el proceso de divulgación de resultados, lo digo como curiosidad además, y también bajo el mismo estado de ánimo, dice una Evaluación de Impacto de “Mi Escuela saludable”, y no se desarrolla una línea de qué es efectivamente lo que se va a analizar para comparar, y evaluar el impacto de qué y qué se va a hacer con los resultados.

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La sorpresa: viene el pedido de autorización diciéndome que he recibido suficiente información, y por lo cual autorizo o no a mi hijo sobre la participación en el estudio, lo cual como indiqué en las frases anteriores, como mínimo eso no es acertado, porque la información es lo menos que presenta el pedido hacia padres/madres. Me llamó la atención que además del Gobierno de la Ciudad, estuviese participando la institución llamada ILSI-Argentina (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida).

Recordando además la imposibilidad durante el año 2007, y también 2015 la realización de un estudio sobre violencia y discriminación en escuelas públicas y privadas en la Ciudad de Buenos Aires, auspiciado por UNICEF , el INADI y la UBA, instituciones de alto reconocimiento social, con expertos idóneos en su áreas, y sopesando en sus investigaciones todos los requerimientos técnicos y éticos para realizar un estudio sobre niños y adolescentes; justamente por la no autorización de realizar dichas investigaciones en el ámbito escolar (conocimiento de primera mano, porque dirigí ambos estudios, en esos años). Además también me sorprendió que dicho estudio sea llevado a cabo entre el Estado y una ONG, y no universidades, centro de investigaciones, organismos internacionales, o instituciones de renombre en argentina, como la Sociedad Argentina de Pediatría, entre otros.

El estupor y la indignación: como esta situación me daba “mala espina”, busqué directamente la página de ILSI Argentina (invito a realizar lo mismo: http://www.ilsi.org.ar/index.php?) y al curiosear y sorprenderme sobre miembros y acciones pasadas, el cuadro inicial fue generándome primero estupor (estado de conmoción que asombra y no permite la reacción), para pasar a la indignación (enfado que genera una situación de base injusta, ofensiva y perjudicial), al encontrar como asociados o que brindan valiosa colaboración, a la institución que quiere evaluar el estado de salud de nuestros hijos y la promoción de hábitos de alimentación saludable, a empresas como Coca Cola, Monsanto, DSM Nutritional Products, entre otras.

Su fundador a nivel internacional, y no es un cuento de Pescetti, fue Alex Malaspina, ¡vice presidente de Coca Cola!, denunciado además por el diario “The Guardian”, por influenciar con técnicos organizaciones como la Organización Mundial de la Salud, en ejercer "influencia indebida" sobre las políticas destinadas a proteger la salud pública, que a través campañas, como en la Argentina hasta el año pasado, limitan y promueven la cantidad de grasa, azúcar y sal que consumimos.

El informe del diario inglés elaborado por un consultor independiente para la OMS, determina que:• empresas de alimentos intentaron colocar científicos favorables a sus puntos de vista sobre los comités de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la OMS., financiando grupos de investigación y de políticas que apoyaron sus puntos de vista, financiando individuos que promovieron "la ideología anti-regulación" estatal en los productos alimentarios, que producen estas empresas.

No quiero abonar más en las deducciones a partir de la información de lo que esconde este nuevo modelo de intervención estatal en Argentina, y en mi caso particular, y previendo la potestad que me da ley sobre mis hijos, no convalidaré esta farsa de investigación, y denuncio como un ciudadano más, la intencionalidad no transparente (porque si lo dijeran, las quejas serían mayores) de la promoción de hábitos alimentarios saludables, de empresas alimentarias transnacionales, y que las acusaciones públicas nacionales e internacionales abundan sobre ellas, como Monsanto, Coca Cola, entre otras.

Quien les escribe es padre de la escuela, docente de la Universidad de Buenos, Aires, investigador del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

BWN Argentina

Relacioanda:

Diego Santilli junto a Coca Cola, Monsanto y Danone en el programa "Mi escuela saludable"


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