Publicado en línea el Domingo 24 de julio de 2016, por A. C. Mickiewitz

En ambos casos, no hubo cambios estructurales de fondo sobre el poder económico que configura el Estado burgués capitalista, que permaneció intacto y latente en su mayor parte. El poder político tampoco dio suficiente acceso al pueblo para que desde allí pudiera ejercer el poder popular organizado y movilizado, cambiando las relaciones de fuerza.

Agregado a todo esto, las reacciones político sociales contra el neoliberalismo ocurrieron y lo seguirán haciendo inmersas en un sistema capitalista global del que las economías de los países menores no son en absoluto independientes, sumado a las brutales presiones políticas, militares y de desestabilización que constantemente llovieron desde el exterior.

Por tanto, un gobierno que programe una alternativa de salida del capitalismo con un proyecto anticapitalista no mercantil, antiimperialista y anticolonial, que se base en estructuras sociales que descarten al Estado burgués occidental, deberá avanzar vigorosamente sobre como superar al menos dos cuestiones básicas, que invariablemente sucederán:

La primera es que los cambios estructurales en el poder económico burgués concentrador de capital consisten en que debe ser reemplazado por el pueblo, y su acceso realizado a través del nuevo poder político. No se trata de poner límites en favor del pueblo a los grupos que controlan los medios de producción y las finanzas, ni atenuar a las transnacionales extranjeras, sino de sustituirlos y establecer un punto de no retorno generado con por la base popular. Al utilizar expropiaciones, estatizaciones, una reforma agraria, y otras medidas los grupos concentrados afectados presentarán inmediatamente acciones fuertemente combativas de todo tipo, y cualquiera sea la respuesta del gobierno será calificado internacionalmente al menos de autoritario y de tiranía.

Es un hecho, que en cuanto un gobierno comienza a afectar los intereses del poder económico capitalista local e internacional, su respuesta es una lucha brutal a matar o morir, donde vale todo, y que va escalando desde la desestabilización para intentar llegar al cambio de régimen y el golpe de Estado, incluido el magnicidio, entonces, el desafío revolucionario no está en la resistencia ni en la defensiva, sino en la ofensiva. Una demostración emblemática es lo sucedido en Chile, cuando el gobierno de Salvador Allende comenzó con las reformas estructurales que afectaban directamente los intereses del poder económico establecido. El proceso salvaje de desestabilización, sabotaje, desabastecimiento, insurrección militar, terrorismo paramilitar, etc, contra el gobierno generado desde el interior y el exterior, no es un hecho aplicable solo a Chile, sino un modus operandi que se repetirá invariablemente ante las mismas condiciones en cualquier país y tiempo. Venezuela también está enfrentando este problema, que se puede observar separando los errores del gobierno, como reformas estructurales insuficientes que mantuvieron estructuras capitalistas internas y la matriz de producción extractivista primaria, un núcleo proletario que se convirtió en burgués, etc; pero por otro lado la ofensiva furibunda de esas estructuras burguesas internas intactas en sintonía con aquella lanzada desde Estados Unidos y Europa occidental.

La segunda cuestión, es la inserción que tienen los países en la trampa global del sistema internacional del dólar como moneda de transacción e intercambio comercial. En la construcción del capitalismo global, custodiado militarmente por Estados Unidos como gendarme del mundo, todos los países automáticamente están insertados en la división internacional del trabajo relacionado a sus ventajas comparativas (establecido unilateralmente por las potencias), y como parte del mecanismo de la economía global capitalista, de la siguiente manera.
Groseramente y sin perder generalidad, hay que considerar en cada país cuales son las fuentes y sumideros de dólares. Entre las fuentes están la exportaciones, las inversiones externas y el pedido de préstamo externo es decir, el endeudamiento externo. Entre los sumideros de dólares, las importaciones, giro de utilidades y fuga de divisas, reservas del tesoro nacional y los pagos de deuda externa.

Dado que el dólar como papel moneda fiduciaria del más fuerte, al menos militarmente, se ha establecido como moneda principal para el intercambio internacional, los países para obtener los insumos, bienes, servicios y otros que no producen, y son necesarios para su desarrollo y crecimiento, y además para los pagos de deuda externa según esta matriz capitalista de funcionamiento global, necesitan necesariamente ingresar dólares. Por eso, los gobiernos que no quieren o no logran salir del capitalismo, aun los llamados progresistas, tienen como ejes relevantes de su economía, las exportaciones, las inversiones externas, el endeudamiento y el pago de intereses de deuda externa. Esto induce un enorme dependencia que condiciona directamente todo intento de salir del sistema capitalista.

De modo que un gobierno llámese de izquierda o alguna clase de socialismo, que proyecte salir del capitalismo basándose en estructuras no estatales que articulen la organización y movilización popular como objeto de poder central, debería avanzar rápidamente, sin tregua y desde el comienzo sobre la neutralización irreversible del poder económico capitalista local y la instalación del nuevo un nuevo paradigma económico en manos del pueblo, combatiendo la guerra que desatará el capitalismo, sin las fuentes de dólares y con un duro bloqueo de Occidente (algo así como el de Cuba). Ya que no basta que el gobierno monopolice la entrada de dólares al país, aún sin corrupción y con el control del pueblo, porque no se está saliendo de la trampa comercial y financiera del sistema capitalista global que invariablemente conducirá al colapso (un caso emblemático fue la URSS, que manejaba su comercio exterior en dólares y no en rublos u otras divisas).

Deberá evitar además, un deterioro drástico en la forma de vida y necesidades básicas del pueblo, ya que en los hechos éste se presenta heterogéneo con una distribución que tiene 3 partes. Una no mayoritaria opositora que se rebelará rápidamente, si se considera el adoctrinamiento y colonialismo mental dado por la acción psicológica e ideológica de zapa de lavado de cerebro implantada mediante la cultura, la educación y hoy los medios de comunicación masiva en generaciones enteras, por el capitalismo global y las oligarquías lacayas locales. Una segunda parte del pueblo, que no es menor, y podría mantener un comportamiento pasivo y expectante hasta cierto límite si no es cooptada rápidamente por las guerras de desestabilización que se desatarán y si el nuevo sistema le presenta una alternativa creíble que no amenace su supervivencia. Y por último una tercera parte de la distribución, que es la que marca una diferencia entre la primera oleada liberal en los '90 y la actual ofensiva neoliberal del capitalismo occidental sobre América Latina, que entre paréntesis es parte de la restauración unipolar global que pretende el imperialismo de Estados Unidos en su geopolítica para desalojar y ocupar espacios frente a China y Rusia.

Es esta última componente la que ha crecido significativamente desde que comenzaron las ideas de integración regional en el 2000, y que fue casi inexistente en la década anterior. Hoy, hay una parte del pueblo que ha tomado conciencia de sus derechos pisoteados por los ricos, que no puede ser sorprendida y que se resiste a los ajustes neoliberales, manifestando distintas expresiones de resistencia; por eso en Argentina el gobierno de Macri, ejecutó los cambios liberales de empobrecimiento del pueblo para bonanza de los ricos y saqueo del país (que llamó trabajo sucio), aceleradamente y al comienzo de su mandato. A esto se suma la crisis capitalista mundial que continúa, de modo que el control de los capitalistas sobre los movimientos populares es mucho más débil que en los '90. De darse la oportunidad, lo más probable es que la transición para el escape de la órbita capitalista no pueda hacerse pacíficamente, pero la violencia y las revoluciones son la historia de Latinoamérica y así será. Está en nosotros el saber aprovecharlo a tiempo.


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