Publicado en línea el Jueves 18 de agosto de 2016, por (reenvio) Miguel Alberto Sanchez

1. EL SISTEMA CAPITALISTA DESTRUYO EL PLANETA EN 60 AÑOS (1945-2005)

Los recientes períodos del capital

De 1815 a 1945.

La hegemonía Británica cuestionada por Alemania termina con dos guerras mundiales, los acuerdos de Yalta y el surgimiento de la bipolaridad Estados Unidos y la Unión Soviética.

En este período surge en su última etapa (1920-1945) la norma de consumo de masa.

En 1840, en Francia, los gastos en alimentos representan para la clase obrera el 80% del salario y sólo el pan el 40%. En 1930 los gastos en alimentos todavía significan el 60% del salario y los gastos en vivienda el 18%.

En este .período en el marco de un modo de acumulación extensivo con bajos aumentos del salario real, baja productividad, ausencia de nuevos bienes de consumo para la clase obrera no surge una norma social de consumo.

Entre 1920 y 1945 se produce una transición desde el modelo extensivo al modelo intensivo o fordista de acumulación de capital. Había que adaptar los cambios productivos en el sector agrícola y agroalimentario y los cambios industriales introducidos por el taylorismo y el fordismo al consumo.

La rama automotriz fue el motor y el faro del modelo fordista en los países industrializados.

Esta transición se explica así: contrariamente a Taylor Ford le otorga una importancia muy grande a los aumentos salariales. Para que sus obreros puedan comprar sus vehículos el 1 de enero de 1914 Ford decide aumentar a 5 dólares el salario diario mínimo. Luego pasa a 6 y a 9 dólares en los años siguientes. El salario diario era de 2 y 3 dólares. El trabajo en cadena provocó muchos problemas de rotación de la mano de obra y de ausentismo. La idea del aumento salarial implicaba la estabilización de la mano de obra. Pero el objetivo de Ford era más ambicioso: “nuestra propio triunfo depende en gran parte de lo que nosotros paguemos. Si nosotros gastamos mucho dinero en salarios, estos salarios son a su vez gastados y se enriquecen los comerciantes, los fabricantes de otros productos y todo eso se traduce por un aumento de la demanda de automóviles. Aumentando los salarios y bajando los precios de los vehículos Ford buscaba nuevos consumidores para sus productos. La Producción en serie: en 1917, salen de las fábricas de Ford 730.000 Ford T y más de 15 millones de autos en 20 años. La Ford T pasa de 850 a 490 dólares. El auto del pueblo, el consumo de masa.

De 1945 a 2009.

La hegemonía Norteamericana es cuestionada por la Unión Soviética. Dos modelos productivistas en lucha por la conquista de regiones de la tierra, del espacio y de otros planetas. En Estados Unidos-Canadá, Japón y Europa (la tríada) se consolida el modelo de “sociedad de consumo”. Además, se produce la industrialización y urbanización de una parte importante de la periferia en el marco de un modelo de “fordismo periférico” donde la norma de consumo se extiende a un sector de la clase media sin alcanzar al conjunto de los trabajadores. Y en la última parte de este período se acelera el crecimiento de los dos países de la periferia más poblados del planeta con el mismo estilo de crecimiento “productivista” lo que agudiza la crisis ambiental.

En estos últimos sesenta años el capitalismo dominante y hegemónico y el “socialismo” o “colectivismo de estado” lograron a través de “modelos de producción y consumo productivistas y consumistas” generar a través de la mayor emisión de gases de efecto invernadero incrementar el calentamiento global del planeta y provocar una crisis ambiental sin precedentes.

PRODUCTIVISMO Y PRODUCTIVIDAD

La productividad es definida como la cantidad de bienes producidos por un esfuerzo dado, habitualmente medido en tiempo de trabajo. Esto es la productividad del trabajo. Los ecologistas califican de productivismo la lógica económica que conduce a producir siempre más, buscando la productividad máxima sin reducir el tiempo de trabajo y sin tomar en cuenta otras restricciones como la utilización de recursos naturales, los efectos de la producción o del consumo sobre el medio o las incidencias sociales de las evoluciones. En ese sentido, la lógica dominante de la evolución económica de los dos siglos pasados fue claramente productivista tanto en los países capitalistas industrializados como en los países que fueron calificados de "socialistas", o en el tercer mundo.

Después de 1945 el consumo deja de ser una variable inducida por el crecimiento y pasa a ser el motor del crecimiento. En este período podemos distinguir tres fases: la primera de 1945 a 1980; la segunda de 1980 a 2008 y la tercera de 2008 a la actualidad.

En la primera etapa conocida como “la edad de oro” o “los 30 gloriosos años” (1945-1975), se desarrollaron los sistemas de protección social en los países capitalistas avanzados, terminó en gran parte el colonialismo, se produjo un importante y largo equilibrio entre las superpotencias que caracterizó la "guerra fría", se aceleró el avance tecnológico y se incremento el proceso de urbanización del mundo.

La etapa de 1980 a 2008 marcada por el neoliberalismo se caracteriza por la aplicación de políticas de ajuste diseñadas por el FMI y el Banco Mundial en el marco del consenso de Washington. El desmantelamiento del estado de bienestar comprende la privatización, la desregulación, la liberalización, la reducción del gasto público -en particular de la seguridad social- y la flexibilización laboral entre otras.

Los bienes felices y las transnacionales

Entre todas las especies que pueblan el planeta, la especie humana ocupa una posición excepcional: ella sola asegura su sobrevivencia por una actividad consciente, según proyectos, valores, una organización, una lógica que su historia inventa y modifica sin cesar. La crisis ecológica actual es el resultado de la lógica económica-social dominante en el siglo XX: el capitalismo (si bien en algunos lugares del mundo la demografía pudo jugar un papel importante). La misma se adjudica importante logros. Sin embargo, esos logros no sólo dejaron en la miseria a la gran mayoría de la población del mundo, sino que además amenazan hoy la sobrevivencia de la humanidad, de toda la naturaleza y de todas las formas de vida sobre el planeta. Esta lógica dominante es la que los ecologistas llaman la lógica productivista. Esta lógica tiene una organización económico-social predominante que es el capitalismo pero también fue aplicada en diferentes experiencias socialistas.

Las empresas transnacionales son los principales agentes del productivismo a escala mundial. Las ventas de las primeras 200 transnacionales superaban en 1998 el PBI de 150 países no OCDE.

En la actualidad de acuerdo a la Revista Fortuna el ranking de las primeras 500 transnacionales del mundo encuentra en los primeros 20 lugares a las transnacionales del petróleo y de la industria automotriz. El automóvil individual cumple más de un siglo siendo el principal producto del capitalismo y de la sociedad de consumo. Además es el símbolo de la libertad. La irracionalidad de este producto se observa en los embotellamientos que se producen en las grandes ciudades y en las autopistas de acceso. Los seres humanos supieron crear viviendas familiares agradables, convivenciales y con espacios verdes (aunque no todos tienen acceso). La última crisis en Estados Unidos se debe a la política de crédito a la vivienda. Pero no supieron crear la casa grande, es decir, ciudades agradables, convivenciales y con espacios verdes.

Algunos bienes felices de fin del siglo XX y XXI muestran la chatura de la civilización occidental y capitalista y de su modelo dominante:

BIENES FELICES FIN SIGLO XX Y XXI (ver cuadro en archivo PDF)

El automóvil, la casa y los viajes aparecen como las aspiraciones más importantes. Luego vienen varios autos, varias casas y campos y muchos viajes. Se olvidó el valor de los verdaderos bienes felices: el agua, el aire, el suelo, la flora, la fauna, los bosques, etc. Salvo cuando encuentran que las playas, los ríos y los lagos que frecuentan en sus vacaciones están contaminados.

LOS VERDADEROS BIENES FELICES
· AGUA
· AIRE
· SUELO
· BOSQUES
· FLORA Y FAUNA

Los modelos alternativos de desarrollo

Un modelo de desarrollo se asienta sobre un trípode.

1. Un modelo de organización del trabajo.

Un modelo de industrialización o paradigma tecnológico. Se trata de los principios generales que gobiernan la organización del trabajo y su evolución durante el período de supremacía del modelo. Ellos engloban no sólo las formas de organización del trabajo en el seno de las empresas sino también las formas de división del trabajo entre las empresas. Claro que sectores enteros y regiones pueden quedar descartados de ese modelo pero es un modelo en la medida que los sectores más avanzados inspiran la evolución de los otros.

2. Un régimen de acumulación

Es la lógica y las leyes macroeconómicas que describen en un largo periodo las evoluciones conjuntas de las condiciones de la producción por una parte (productividad del trabajo, grado de mecanización, importancia relativa de diferentes ramas) y por el otro las condiciones de uso social de la producción (consumo de las familias, inversiones, gastos del gobierno, comercio exterior). También podemos decir que describe la estabilización sobre un largo período de la afectación del producto entre el consumo y la acumulación o inversión.

3. Un modo de regulación

Es la combinación de los mecanismos que realizan el ajuste de los comportamientos contradictorios, conflictivos, de los individuos a los principios colectivos del régimen de acumulación. Estas formas de ajuste son primero las costumbres, la disponibilidad de los empresarios, de los asalariados, a comportarse en acuerdo a esos principios porque ellos los reconocen como válidos y lógicos (aunque sea de mala gana). Y después están las formas institucionalizadas: las reglas del mercado, la legislación social, la moneda, los circuitos financieros. Estas formas institucionalizadas pueden ser estatales (las leyes, las circulares, los presupuestos públicos), privadas (las convenciones colectivas) o semipúblicas.

Así, un régimen de acumulación aparece como el resultado macroeconómico del funcionamiento del modo de regulación sobre la base de un modelo de organización del trabajo. Es el conjunto que constituye un modelo de desarrollo. Un modelo y no el desarrollo.

1- Cuál es el papel del sector externo en una estrategia de desarrollo. El objetivo tiene que ser el de traer las divisas necesarias para proveer al desarrollo autocentrado del mercado interno. Los países industriales basaron su estrategia de crecimiento en el mercado interno: en un régimen de acumulación intensivo basado en el consumo de masas, es decir, en el salario no como costo barato sino como norma de consumo. Es el llamado régimen fordista.

2- Por lo menos dos de esos grandes países (Alemania y Japón) demuestran que, ni la abundancia de recursos naturales ni la mano de obra barata son dos ventajas (comparativas) sobre las que asientan su predominio económico mundial. En efecto, ninguno de estos dos países cuenta con grandes recursos naturales (puede incluso afirmarse que Japón carece de ellos) y además, pagan salarios elevados. Ello obedece a que basan su desarrollo en el progreso tecnológico, aumentando el nivel competitivo internacional de sus economías y, por ende, requieren una progresiva calificación de la mano de obra para producir manufacturas de alto valor agregado. Por otra parte, los países europeos (Francia, Alemania, Italia, Suecia, etc.) logran compatibilizar durante varias décadas crecimiento económico y competitividad internacional con sindicatos organizados, jornadas semanales reducidas y elevados salarios.

Después de la segunda guerra mundial dos fueron los modelos de desarrollo que se proponían a los países en desarrollo o del Tercer Mundo:

a) El occidental capitalista en sus dos versiones: 1- liberal; 2; socialdemócrata

b) El socialista en sus versiones: 1- la Soviética; 2- la China; 3- la de Tanzania; 4- la Cubana.

De este esquema surgen dos preguntas:

1- Cuando hablamos de desarrollo alternativo tenemos que preguntar alternativo ¿a qué?. Puede ser alternativo al modelo de desarrollo neoliberal y en ese caso un modelo de desarrollo socialdemócrata sería una alternativa. Claro que hay quienes interpretan que esta versión del capitalismo no puede extenderse a escala mundial por las propias características de la acumulación capitalista (concentración, desarticulación, extroversión).

2- La otra pregunta tiene que ver con el tipo de propiedad: propiedad socialista de los medios de producción o propiedad privada capitalista.

En este sentido nos parece que las formas de propiedad son la característica principal y determinante en los modelos de desarrollo. Las diferentes formas de propiedad que los modelos plantean nos expresan qué tipo de poder económico y qué alianzas de clase están en la base de cada modelo.

La propiedad privada es la base fundamental en el modelo neoliberal. Ella lo es también en el modelo social-demócrata, pero en grado menor, dado que éste da un lugar importante a la propiedad estatal. En el modelo socialista la forma de propiedad estatal es la forma predominante.

En el tema de la propiedad de los medios de producción la iglesia católica en Populorum Progressio expresa:

"`No es parte de tus bienes -así dice San Ambrosio- lo que tú des al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos'. Es decir, que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra:`el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos'. Si se llegase a conflicto `entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales', toca a los poderes públicos `procurar una solución, con la activa participación de las personas y de los grupos sociales” 1.

Otras características importantes que definen los diferentes modelos son:

1- Los sistemas de organización del trabajo;
2- La elección de los sectores económicos prioritarios;
3- El papel del mercado y/o del plan.

En el caso de América Latina y en el tema de la elección de los sectores económicos prioritarios, el sector agropecuario e industrial juegan un papel fundamental.

En relación a esa problemática surgen las denominadas estrategias de industrialización o de desarrollo para los países del sur:

1- La estrategia de sustitución de importaciones (caso Brasil)
2- La estrategia de promoción de exportaciones (caso Corea del Sur)
3- la estrategia de industrias industrializantes (caso de Argelia)
4- la estrategia de cobertura de las necesidades esenciales (caso de Tanzania).

El modelo de Tanzania basada en “la Ujamaa” (asamblea de ciudadanos) es el basado en la satisfacción de necesidades esenciales, emparentado con los trabajos de Max-Neef sobre el “Desarrollo a Escala Humana” y con la cultura de los pueblos originarios de América. Este sería el modelo más adecuado a las necesidades de las mayorías empobrecidas de nuestro continente.

2. UN PLANETA FELIZ, NUEVAS IDEAS, NUEVOS MODELOS PRODUCTIVOS

La economía de la felicidad se consolidó de la mano de las teorías de Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002.
En uno de sus rigurosos trabajos la New Economic Foundation (NEF), una organización británica integrada por prestigiosos especialistas en economía y sociedad que propone ampliar la mirada de los modelos prevalecientes en el mundo occidental, advierte sobre el riesgo de reducir todo a mediciones económicas. El triunfalismo de estas tendencias produjo, desde los años noventa en adelante, un peligroso reduccionismo. Se divulgó la creencia de que todo en la vida podía ser traducido a índices estadísticos y económicos. Si puede "medirse", existe; si no, no vale la pena ocuparse de ello: ésta sería la síntesis de esa tendencia. La felicidad entró, así, en la calidad de medible. Incluso se creó una categoría para esto: la economía de la felicidad.
Los economistas de avanzada creen que indicadores tales como el índice global de felicidad (Happy Planet Index ) o el índice de pobreza subjetiva (IPS) son instrumentos mucho más acerados que el PBI (producto bruto interno) o el vapuleado IPC (índice de precios al consumidor) para medir el verdadero bienestar y el grado de desarrollo de una población.
La Unión Europea acaba de financiar el proyecto Hapiness, una investigación que durará tres años y analizará cómo influyen las condiciones ambientales -desde el clima y la polución a la disponibilidad de servicios educativos o de salud- en el bienestar subjetivo (uno de los sinónimos técnicos para felicidad) de los europeos.

Las prestigiosas encuestas del European Social Survey (ESS), que se hacen desde 2001, incluyen la pregunta: "¿Cómo es usted de feliz?". El ESS ha recibido el premio europeo Descartes por su alto rigor científico. El proyecto Happiness utilizará estos datos del ESS.

Hay otras encuestas similares -realizadas con métodos distintos-: el Eurobarómetro y sus equivalentes en otros continentes, o el World Values Survey (WVS), con datos de más de 50 países desde principios de los ochenta.

La economía de la felicidad está aportando valiosas herramientas al análisis del bienestar de las personas en distintos países y en diferentes épocas. Una serie de datos de la felicidad en los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, muestra que la serie es estacionaria (plana), pese a que los ingresos de los norteamericanos subieron mucho en el mismo período. En Japón pasa lo mismo, y en Inglaterra también. Esto parece sugerir que en los países capitalistas ricos el crecimiento económico no está ayudando a la gente a ser más feliz.

En cuanto al bienestar, que en las encuestas se suele usar como equivalente de felicidad, Manfred Linz, investigador del Instituto Wuppertal, de Alemania, en donde dirige el proyecto Ecosuficiencia y Calidad de Vida (www.wuperinstitut.or/Seiten/org-einheiten/qp-suffizienz.html), lo define como un compuesto de tres elementos: a) riqueza de bienes, b) riqueza de tiempo y c) riqueza relacional.

Al parecer, la riqueza de bienes no asegura la felicidad. Según miles de encuestas, entre 1948 y 1970 los salarios en Estados Unidos se duplicaron, mientras que la cantidad de personas que se manifestaban felices no aumentó. Entre 1975 y 1995 el producto bruto interno de ese país se incrementó en un 40 por ciento, pero la curva de la felicidad se mantuvo inmóvil.

Las otras dos riquezas, en cambio, pueden incrementarse aun (o especialmente) en tiempos difíciles. La riqueza relacional se refiere a nuestros vínculos, a la variedad y profundidad de éstos, a las experiencias compartidas con otros, a los proyectos comunes en los que prevalece el factor humano; se trata del reconocimiento, del respeto, del afecto que circula. Y cultivar esta riqueza necesita de la otra: la de tiempo. Están íntimamente relacionadas entre sí, pero no necesariamente con la riqueza de bienes.

Aspirar a cada vez más bienes, a cada vez más cantidades de todo lo que me pueda permitir, suele ir en detrimento del tiempo disponible y de las relaciones logradas. Y cuando me importa demasiado lo que desearía poseer, eso menoscaba la satisfacción de disponer de mi propio tiempo y vincularme con otras personas.

Reducir la felicidad a números reitera aquel esquema. Si sabemos qué es la felicidad, si descubrimos su fórmula para reproducirla serialmente, si demostramos que depende de la economía y si logramos que la economía crezca sin cesar, todos seremos felices todo el tiempo.
Otro paso en la intención de controlar cada proceso de la vida, de eliminar la incertidumbre, el riesgo, el misterio, el imponderable, atributos todos inherentes a la existencia. Y, sobre todo, un intento de anestesiar o de eliminar la certeza que nos acompaña desde que nacemos y que el economista y epistemólogo belga Christian Arnsperger (autor de la lúcida e inspirada Crítica de la existencia capitalista) describe con claridad. Es la certeza de la doble finitud.

Arnsperger nos recuerda que, como humanos, somos limitados en el espacio y en el tiempo. En el espacio nos restringe la presencia del otro (y no sólo la física, sino la psíquica, la de sus derechos y deseos, la de sus propuestas y proyectos, la de todo aquello que lo diferencia de nosotros y lo hace existir contemporáneamente con nosotros). En el tiempo nos limita nuestra mortalidad (aunque evitemos pensar en ella, aunque no la nombremos, aunque pretendamos ocultarla bajo diferentes apariencias).

Según Arnsperger, en el modelo económico en el que vivimos hay una doble promesa de infinitud. El que consume anhela entrar en un circuito que lo llevará de consumo en consumo. Mientras tenga algo nuevo para consumir, mientras haya una novedad, la vida continuará, está asegurada. Y si ahorra para consumos futuros, estará comprando inmortalidad a plazos. Hay quien produce eso que se consume, y quien produce recibe dinero del consumidor, y también reconocimiento. Como consecuencia, el productor siente que él mismo será inmortal, y poderoso mientras haya quien necesite ser abastecido. Para esto es necesario que quien consume siga deseando y es importante que el deseo se agote en sí mismo para, una vez saciado, dar paso a uno nuevo. Si este circuito se mantiene, sobreviene la satisfacción (que no es necesariamente felicidad). Si se corta, crece el malestar, hay temor, angustia.

Quizás el malentendido provenga de confundir placer con felicidad, cuando en verdad no son sinónimos, sino antónimos. El placer tiene una base sensorial, es fugaz, nace del deseo y se disipa una vez percibido para dejarnos con necesidad de más. La felicidad, en cambio, puede describirse como una integración de sentimientos y emociones que aquieta las pasiones, armoniza el mundo interior, tiene resonancias espirituales y es un estado que se instala y fluye sin prisas.

La New Economics Foundation (NEF), con sede en Londres, propone un Manifiesto para un planeta más feliz, cuyos puntos deberían ser convertidos en políticas de Estado por parte de los países dispuestos a adoptarlo. Esos puntos son:

· Erradicar la pobreza y el hambre
· Implementar sistemas de salud que funcionen
· Alivianar las deudas
· Compartir valores
· Apoyar objetivos que den sentido a la vida
· Reforzar el poder ciudadano y promover el buen gobierno
· Identificar objetivos para el medio ambiente y desarrollar políticas económicas para trabajar en ellos
· Diseñar sistemas de producción y consumo sustentables y responsables
· Trabajar en el tema del cambio climático
· Valorar lo que de veras importa en relación con todo lo anterior

3. UN PLANETA FELIZ NECESITA NUEVAS FORMAS DE PROPIEDAD Y NUEVOS MODELOS DE PRODUCCION Y CONSUMO PARA EVITAR SU DESTRUCCION

La Economía es la ciencia de las actividades humanas de producción y de distribución.

La Ecología, como ciencia, amplía ese punto de vista: más allá de la actividad, la ecología toma en cuenta el medio ambiente donde interviene esta actividad, la interacción entre el medio, la actividad, y la modificación del medio como subproducto de la actividad. Este medio ambiente, que es la condición de nuestra existencia y de todas nuestras actividades, es modificado permanentemente por éstas, voluntaria o involuntariamente.

La ecología política es un humanismo: no reniega de ninguna manera del papel excepcional de la especie humana en la naturaleza. La Ecología Política nace de la constatación que el tiempo de la tierra finita comienza. La tierra soporta cada menos los productivismos.

La imaginación y los conocimientos de los seres humanos deberían permitir modelar el material bruto de la naturaleza en ecosistemas dotados de calidad que no se encuentran en la naturaleza salvaje. El desafío es el de establecer entre el hombre y la naturaleza relaciones simbióticas en el sentido estricto de la palabra. No hay que ver en la tierra ni un ecosistema que se trataría de mantener intacto, ni una mina que habría que explotar en nombre de motivaciones egoístas y miopes. La tierra es un jardín que hay que cultivar desarrollando las facultades creadoras del hombre.(1)(2).

La discusión sobre una sociedad sustentable, sobre el desarrollo sustentable y sobre el desarrollo local-regional sustentable debe basarse en una visión multidimensional y multiespacial.

Así, Edgar Morin expresa una concepción amplia y antropológica del desarrollo.

“El desarrollo debe concebirse de manera antropológica. El verdadero desarrollo es el desarrollo humano.

En consecuencia hay que sacar al desarrollo de su veta economicista. Es preciso no reducir el desarrollo al crecimiento, que, como dijo Jean-Marie Pelt,`se ha vuelto una excrecencia'. La noción de desarrollo debe ser multidimensional, sobrepasar o destruir los esquemas no sólo económicos sino también de civilización y cultura occidentales que pretende fijar su sentido y sus normas".(3)

En ese mismo sentido Serge Latouche expresa:

"La economía no es una realidad natural, es una invención histórica y cultural, que recibe muy particularmente un impulso sin precedentes en la modernidad occidental. Si la cultura, como piensan los antropólogos, es la respuesta de los grupos humanos al problema de la existencia, la economía es una dimensión de nuestra cultura.

En occidente, no sólo no es complementaria de la cultura, sino que tiende a sustituirla por absorción de todas las dimensiones culturales. El cálculo utilitario puede reemplazar el juego, el arte, los sentimientos, las creencias, fagocitándolas".(4)

En Populorum Progressio, la carta encíclica de su santidad Pablo VI sobre el Desarrollo de los Pueblos, se observa:

El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre".(5)

En otro apartado expresa:

"Así pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión, desde el momento que se convierte en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral".(6)

La ecología política, que como campo interdisciplinario de reflexión e investigación integra a la antropología del desarrollo, muestra que un antropólogo, Eric Wolf (1972), fue el primero que utilizó ese término en un corto artículo titulado “Propiedad y Ecología Política”. Para Wolf, las formas de distribución de los recursos naturales y quienes tienen control de dicha distribución, influyen decididamente en la manera como se usan los ecosistemas.(7)
El carácter privado de la propiedad en el modelo capitalista determina una apropiación privada de la naturaleza y una concentración en pocas manos del poder de destrucción, ya sea a escala local, nacional o mundial.

Esto plantea el problema: ¿de quién es la naturaleza?. ¿De la Nación, de la Humanidad o de algunos individuos (hoy propietarios) que se apropiaron por diferentes mecanismos de las tierras que pertenecían a los pueblos originarios?. Esto implica discutir la expropiación (ley de expropiaciones) y los diferentes tipos de propiedad.

En ese sentido América Latina puede renovar el pensamiento dominante sobre la propiedad privada pensando en formas de propiedad comunitaria y social.

notas:
1)
2) Ver Ignacy SACHS, Stratégies de l´Ecodéveloppement, Editions Economie et Humanisme, París, 1980, p. 19.
3) E. MORIN y Anne Brigitte KERN", Tierra Patria, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1993, p. 119
4) S. LATOUCHE, La planète des naufragés. Essai sur l'après-développement, Ed. La Découverte, Paris, 1991, p. 11.
5) Populorum Progressio, Ediciones Paulinas, Córdoba, 1972, p. 13 y 14.
6) Idem, p. 16 y 17.
7) Ver E. BEDOYA GARLAND y S. MARTINEZ MARQUEZ, “De la economía política a la ecología política: Balance global del ecomarxismo y la crítica del desarrollo”, en A. VIOLA, Antropología del desarrollo, Paidós, Barcelona, 2000, p. 129.


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