Publicado en línea el Martes 12 de septiembre de 2017, por amalia

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

30.000 ciudadanos se concentran en Barcelona por una Cataluña dentro de España, según el Ayuntamiento
Imágenes de una concentración en Barcelona en 2013 por una Cataluña dentro de España, con doble bandera EUROPA PRESS

 

En la empresa de formación de líderes de mercado apuntaron, quizás, el lema: los partidos del bipartidismo (y sus soportes) son “constitucionalistas”. Gentes de orden –vienen a definirse– que no tuvieron ni el menor reparo en cambiar en tres días de agosto (2011) la Constitución del 78. En su reforma del artículo 135, consagraron que el pago a los acreedores del Estado “gozaría de prioridad absoluta”, por encima de cualquier necesidad de los ciudadanos. Los “constitucionalistas” de PSOE y PP lo firmaron sin complejos –” muy contento”, Rajoy– y a Albert Rivera que andaba ya en Cataluña con sus Ciudadanos no se le oyó un ruido.

Curiosamente, la Deuda Pública española va desde entonces al galope. El Gobierno del PP la ha incrementado en niveles y ritmo de récord y ya debemos más del 100% del PIB y más de un billón de euros. A pagar, con intereses, por encima de nuestra salud, educación o pensiones, si es el caso. Esto sí que es un desafío. Y conviene recordarlo estos días en los que tanto se abusa del término para circunscribirlo a Cataluña.

Como los más 40.000 millones de euros, según ha dicho el Banco de España, más bien 48.000 con suerte, que se dan por perdidos del rescate bancario. Echen cuentas. Es ese mismo que no nos iba a costar ni un euro a los contribuyentes. Inolvidable la convicción con la que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría aseguraba la gran virtud de la “reestructuración bancaria”, sin coste para los ciudadanos. Redondear esta jugada y seguir tan satisfechos sí que es un desafío. Como endosarnos la quiebra de las autopistas. También sale del erario común pagar las pérdidas a las constructoras privadas, ustedes ya saben.

Y mientras la atención mediática la centraban en Cataluña, el BOE publicaba este miércoles el acuerdo comercial de material militar del Estado español con Arabia Saudí. Sin ninguna consideración a las críticas por su participación en los ataques a Yemen o a la financiación del terrorismo yihadista que se le atribuye. España ha incrementado exponencialmente la venta de armas a la cuestionada monarquía saudí. De 2013 a 2016 le ha vendido armamento por valor de 1.361,42 millones de euros. Más aún, el Gobierno decretaba en el BOE el secreto del acuerdo. Un órdago mayúsculo del que nada dicen los “Constitucionalistas del 135”, ni la mayoría de los medios.

Mientras tanto, los multimillonarios se han duplicado con creces en los últimos cuatro años de la era Rajoy. 549 personas disponen de un patrimonio superior a 30 millones de euros. Ya es salir vencedor de un órdago descomunal que las víctimas de estas políticas acepten como normal el aumento de la desigualdad que les perjudica.

Menos mal que vivimos una “primavera del empleo”, según la ministra Báñez, aunque la contradiga la realidad. Un milagro que cambia un empleo aceptable por cuatro precarios. A cuatro trabajadores, por tanto, que han de vivir con la cuarta parte de un salario. O que contabiliza como contrato los de 1 semana. Se llama Reforma laboral y es la que manda a la calle a 266.362 personas en un solo día, el 31 de agosto, fin de temporada. Ya es triunfar en los desafíos que la degradación abismal de trabajo en España cuele y que la delegada del Gobierno en la materia se permita mofarse sin atisbo de pudor.

Se puede hacer de otra manera, como Portugal, pero parece que los “Constitucionalistas del 135” no están por la labor.

Ya hablamos de la inolvidable comparecencia en el Congreso de Rajoy para responder de corrupción sin siquiera nombrarla. Y de su ostensible altanería para dejar bien claro que la oposición susceptible de echarlo por una moción de censura, no lo hará. Y de las cuevas de Alí Baba plagadas de altos cargos del PP que los utilizaron para aprovecharse hasta de sacar tajada de los colegios. Y el triturado de los ordenadores de Bárcenas, de la empresa, como dijo sin sentir mayor vergüenza democrática la vicepresidenta. Ya es desafío presentarse de esta guisa a las urnas y conseguir el gobierno por el apoyo de otros partidos.

No es la única bandera, por cierto, que se usa para tapar el saqueo de la público, la catalana acumula tras de sí la indescriptible y larga rapiña del clan Pujol y la política de comisiones por obra pública que ejecutó la derecha y obvió la izquierda. “Son nuestros ladrones”, ya saben.

A todo esto ayuda la colaboración inquebrantable de algunos medios, en apuros económicos, ideológicos o profesionales. La prensa, radio y televisión en campaña de apoyo de cuanto Rajoy es y representa, junto a sus socios y colaboradores necesarios. Con una televisión pública estatal, RTVE, de auténtico bochorno y que corre el peligro de no cambiar en otro enorme desafío a la lógica.

O esta proliferación del odio ultra, las agresiones y el desequilibrio a la hora de afrontarlos. Las mujeres están siendo atacadas como en las tribus más cerriles y, las progresistas, en medio de un clamoroso silencio.

Órdago a la grande es echar abajo desde el gobierno que no se corte la luz a usuarios sin recursos como había impuesto el nuevo Ayuntamiento de Valencia. O rechazar obras de menor costo económico y gran aprovechamiento social como en el de Madrid, ayuntamiento que además ha disminuido la deuda. Por dinero no es. O vender viviendas sociales a fondos buitre y no recibir otra crítica mediática que al acento de una relaxing cup of coffee. O comenzar el curso escolar en la Comunidad de Madrid -y no será la única- con niños en barracones y cientos de ellos desplazados.

La sociedad española tiene ante sí grandes desafíos, sin duda. La comprensión, el diálogo, la altura de miras. Recuperar la sanidad, la educación, la cultura recortadas y preteridas. Aprender a ver, rescatar la dignidad, priorizar la decencia, dejar de engullir la corrupción y la mentira, la hipocresía. Aventar de nuestras vidas la crispación interesada, la desesperanza imbuida. Mientras, los “Constitucionalistas del 135” harían bien en enfrentar el soberano desafío de devolver los derechos mermados a la ciudadanía. Y, junto a los medios, no dar por hecha una miopía generalizada que no sabe ver tras las cortinas de humo.

 
el Periscopio
Publicado en eldiario.es

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