Publicado en línea el Sábado 21 de octubre de 2017, por amalia

Alberto Fraguas Herrero – Miembro ATTAC Madrid

Parece que la crisis económica y social ha pasado de coyuntural a estructural. Tras casi 10 años de su llegada oficial va a quedarse. Las oligarquías económicas, financieras y políticas lo saben desde hace años, como saben que será inevitable que se generen desigualdades como efecto definitorio del crecimiento distópico permanente en que se basa el modelo económico actual. Pero poco se habla de lo que esta situación de generar desigualdad in crescendo repercute en los recursos naturales y erosiona las propias estructuras de cohesión social.

La situación de colapso social y económico a que nos aboca el capitalismo neoliberal está retroalimentada por los crecientes desequilibrios del medio ambiente. El Cambio Climático es un claro ejemplo indicador de ese desequilibrio, de esas disfunciones del modelo económico que, a su vez, ahonda en las brechas de desigualdad social pues las poblaciones humanas que más lo sufren de ningún modo son responsables de haberlo provocado.

Desde hace ya muchos años la ciencia ecológica (y alguna económica) llegó a una obvia conclusión como diagnosticar la inviabilidad de un modelo, el capitalista neoliberal, basado en incierto concepto de mercado que se apoya en la falacia de los recursos ilimitados que alimentan los ciclos naturales. Esa dinámica lleva a que el capitalismo funcione por un crecimiento constante y casi perpetuo para aportar bienes y servicios no solo necesarios sino supernumerarios para nuestra “felicidad”.

La realidad es muy diferente y es el carácter finito de los recursos naturales en los que se asienta el modelo cuya tasa de renovables no es bastante rápida para garantizar los beneficios económicos que requiere el ciclo capitalista. Así el colapso está servido y en términos ecológicos, siempre de percepción más lenta, está en proceso. Este hecho, de apropiación necesaria de los recursos por el capital, incide obviamente en la ruptura de equilibrios de los ecosistemas muchos de los cuales son base de la cohesión y equidad sociales.

Todo en indiscutible relación con los Derechos Humanos, ambientales y sociales, pues los recursos naturales son bienes comunes y, desde una visión antropológica, la realidad nos retrotraería al uso coordinado de los mismos y a la solidaridad como elemento esencial de la especie humana. Son generadores de derechos cuyo ejercicio conlleva la observación de principios basados en la equidad y la justicia ambiental como parte ligada intrínsecamente a la social y económica.

El colapso social está ligado al ambiental

Estos desequilibrios (desigualdades) se detectan claramente cuando se conculcan los derechos y son claramente perceptibles en algunos ejemplos.

–Las Áreas socialmente deprimidas en la gran mayoría de los casos son áreas degradadas ambientalmente donde se realizan, además, actuaciones que inciden aún más en esa degradación. Así, las actividades extractivas (minería, energética, pesca…) en la gran mayoría de casos provocan graves disfunciones en los pobladores de los lugares donde se implantan a cambio de promesas de empleo que nunca se cumplen. Los procesos de inundaciones que irán in crescendo con el cambio climático, afectan en mayor medida áreas degradadas, en llanuras de inundación de alto riesgo (huracán Kathrina, inundaciones de zonas de ribera en muchos casos…). La instalación de vertederos y otras plantas en áreas rurales más despobladas que sufren por contaminación inducida de las aguas que son utilizadas para riegos, básicos para la alimentación de la zona (también sigue existiendo el tráfico ilegal de residuos a países más pobres); trazados de autopistas, oleoductos, acueductos… suelen afectar áreas deprimidas, buscando mayores ahorros de expropiación y menores protestas, o de menor alcance político. Son algunos ejemplos.

–Otra fuente de desigualdades sociales y ecológicas proviene de las diferentes posibilidades de acceso a los recursos naturales esenciales para la vida humana. Ahí destacan algunos casos claros, ligados entre sí (la ecología es una ciencia de interrelaciones):

1º El Cambio Climático que aumenta y cataliza procesos de sequía preexistentes que generan hambrunas que, a su vez, provocan desplazamientos en masa, refugiados ambientales o climáticos (más de 70 millones hoy según ACNUR), que emigran a asentamientos humanos muy deficitarios donde las condiciones vitales son precarias. La relación del cambio climático como catalizador de conflictos bélicos y guerras es una evidencia que preocupa cada vez más. El último caso, Siria.

El acceso al agua es un derecho humano según la ONU desde 2010 y no se respeta en muchos lugares del planeta donde persisten enormes desigualdades sociales. Este acceso también tiene que ver con embalses que han afectado grandes territorios cuyos pobladores lucharon sufriendo dolorosas pérdidas de activistas asesinados.

Sin ir a otros continentes, la “pobreza hídrica” evidente es la que impide a las capas más desfavorecidas de la sociedad española abonar la factura de agua y sufre cortes del suministro (en España, unos 300.000 cortes de agua que son afrontados por la asistencia social pública). Sin olvidar la gran agro-industria que ante la sequía creciente monopoliza recursos mediando el oscuro mercado de derechos de concesión de aguas sin apenas control estatal.

2º El suelo. Grandes territorios (África) son comprados (acaparados) y monopolizados por fondos de inversión para asegurar su uso agrícola intensivo y el control financiero de los precios de productos agrícolas. Esos suelos comprados a muy bajo coste en áreas donde apenas existe estructura social compleja sino núcleos indígenas, incide en un desequilibrio que no solo afecta (y mucho) a los antiguos propietarios de las tierras prácticamente expulsados, sino al equilibrio de poder de todo el planeta.

3º Energía. Áreas con subsuelo rico en combustibles fósiles, petróleo, gas, son expropiadas para perpetrar extracciones de efectos irreparables en los ecosistemas (no todo puede restaurarse) y en las estructuras sociales de las poblaciones de esas áreas.

4º Apropiación de la biodiversidad. La especulación con los genes y la ingeniería genética aseguran el predominio monopolístico de patentes por un reducido número de grandes corporaciones multinacionales que imponen sus productos (semillas) a los productores agrícolas por concierto con los Estados que asumen sus condiciones sin evaluar las implicaciones en el bien común.

Son algunos ejemplos. Hay otros muchos que muestran que el colapso social está ligado al ambiental y que solo cabe volver al equilibrio, es decir, a la igualdad social. Cuando se apela a los equilibrios de los ecosistemas también se apela a la equidad social. Por eso la Política debe mirar más a la Ecología y por eso la Ecología es, también, Política.

Publicado en nuevatribuna


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