Publicado en línea el Miércoles 2 de marzo de 2016, por Martín Poblete - El Definido (Chile)

Imagen: Eduardo Rapimán. Detrás, detalle de "Nampüllkafe" en el Aeropuerto Regional de la Araucanía

Por Martín Poblete | 2015-10-19 | 15:47

Conocí a Eduardo Rapimán en Temuco. Yo tocaba blues todos los jueves en el bar cultural “La Vida” y él se aparecía casi todas las semanas en el bar, acompañado de amigos y colegas. No es que fuera fan de nosotros, simplemente nuestros shows coincidían con sus juntas y reuniones en el bar del que era parroquiano de larga data. Durante meses no compartimos más que un “hola” de cortesía al cruzarnos en la barra.

Con el tiempo algunos amigos que lo conocían me contaron de su labor como artista, pero seguía sin saber mucho de él. No fue sino hasta que nos encontramos en un seminario que me enteré de todo lo que este hombre alto y de rostro sereno, que hasta entonces era para mí casi un compañero de trabajo en la pega de los jueves, había hecho como artista visual. Y debo decirlo: su historia merece ser contada.

René Eduardo Rapimán Marín forma parte importante de la corriente de intelectuales mapuche que hoy en día está resignificando el concepto del indigenismo en Chile. A través de la pintura ha buscado reconstruir de forma crítica lo que tradicionalmente se entiende como “estética mapuche”, destruyendo su imagen barbárica y reemplazándola por la de un mapuche sensible, aferrado a sus símbolos y tradiciones ancestrales.

Nació en Santiago en 1975, pero creció en La Araucanía. En este territorio, y especialmente en la comunidad mapuche de Huilío, Rapimán encontró su referencia identitaria y cultural para desarrollar su obra. Estudió arte en la Universidad Católica de Temuco y se perfeccionó como artista en Alemania. Al día de hoy su obra se ha presentado no solo en Chile, sino también en lejanas exposiciones en Norteamérica y Europa.

Conversamos con él, y esto es lo que nos contó:

- Cuando tú analizas la realidad, cuando creas arte, ¿lo haces desde tu postura como artista, desde tu postura como mapuche...? ¿Cómo es ese análisis, esa crítica? ¿Qué es lo que pasa dentro de ti cuando la haces?

"Es que uno lo puede abordar desde varios puntos de vista, pero uno es un ser íntegro. Uno son muchas tareas durante el día, yo siento que todo está vinculado. O sea, todo lo que yo hago abraza los fundamentos del “otro punto de vista”, yo soy un artista, trabajo el arte, porque amo el poder del arte, ¿me entiendes? Y ese poder del arte tiene mucho que ver con la identidad que me tocó. Y esa identidad también es un reclamo político, y ese reclamo político pide cambiar las cosas o pide reflexionarlas, desde el arte que cultivo. Las cosas van en definitiva muy de la mano, entonces no sé a qué podría darle más protagonismo: si a mi identidad o a mi quehacer".

- Relacionado con esto: cuando tú haces arte incorporas de forma muy explícita elementos mapuche, tanto en la estética como en el contenido. ¿Este es un ejercicio que haces conscientemente, o sientes que es algo que se te da solo?

(Piensa) "Bueno, yo creo que no hay especificidad en la formación de un mapuche (se ríe). Eso creo que pertenece más a cuestiones folklóricas, que son cosas con las que trato de no comulgar mucho. Pero claro, si los elementos aparecen, es porque son elementos presentes, elementos que me hacen mucho sentido.

Ahora, cómo se lea eso es lo interesante también, porque a mucha gente esos símbolos no les evocan nada. En cambio a otros les evoca algún tipo de energía, y esa es la gracia en definitiva. Para mí son elementos con los que construyo un punto de referencia, desde donde yo me refiero. Pero la mitad de la obra la hace el espectador, por cierto. Y ahí está la magia, creo yo".

- Cuando te has presentado afuera, ¿cómo ha sido la visión que le han dado otras culturas, distintas a la chilena, a tu obra?

"Mira, yo recién vengo saliendo del Ch.ACO, la Feria de Chile Arte Contemporáneo. La diversidad está buena, hay harto producto bien potente, bien interesante, pero yo siento que en Chile todavía falta mucho referirse al arte como un bien público, referirse al arte como un elemento que es necesario consumir, que es necesario presenciar y degustar todos los días. Encuentro que sigue un poco lejano del ciudadano promedio, y sobre eso me han tocado experiencias en otros países que han puesto mucha atención y mucho respeto a lo que yo hago. No necesariamente les gusta, o no necesariamente se enamoran de mi trabajo, pero sí he visto eso: he visto ciudadanía súper responsable y súper atenta al trabajo que he desarrollado".

- Tú trabajas desde región, lo cual es toda una rareza. ¿Qué te hace trabajar desde Temuco y no desde Santiago, que es lo que hacen casi todos los artistas?

"Bueno, a decir verdad para mí Santiago es un poquito ajeno, para qué te voy a decir una cosa por otra. Para mí Santiago nunca ha sido un destino. Es porque también mi propuesta de arte tiene que ver con indagar el territorio donde yo habito. Acá es donde están mis energías creativas vivas, mis energías creativas están siempre vivas, y están circulando siempre en el sur de Chile. Ahí están vivas. Y siento que también es aquí donde tiene mucho sentido el trabajo que yo realizo, donde creo que hay que construir porque hay poco.

El sur me ayuda justamente con eso que Santiago no: con el diálogo más cercano, con la conversación con más tiempo. Ahí se hace real y toma sentido lo que yo hago como artista. Por eso, yo me celebro poder crear en región".

- Recuerdo que, cuando diste el workshop de ciudadanía global, contaste un poco de tu historia sobre irte a estudiar a Temuco, y luego de cómo fue irte a Alemania, el año '98, mintiéndole a tus padres. ¿Nos podrías contar un poco de eso?

(Se ríe) "Claro, yo creo que es parte del contexto de mi adolescencia, un tanto restringida y a la vez con el peso de la familia, o mejor dicho, con la preocupación de la familia. Nunca había tenido un familiar que trabajara directamente en el campo de las artes...

Bueno, se dio la ocasión de acceder a un pasaje aéreo, porque necesitaba salir de Chile, superar un poco el peso de una región tan conservadora como es La Araucanía, superar las limitaciones del medio que me tocó, para poder encontrarme con el conocimiento del arte. Y sobre eso tuve que plantearle a mis papás que yo me había ganado algo, y en realidad no me había ganado nada. Era solamente la motivación de salir de Chile. Y fue gracioso, fue una aventura bien saludable para lo que vino después".

- De 1998 a ahora, al 2015 ¿cómo sientes que se vive el ser indígena, hoy por hoy?

(Suspira) "Bueno, ser indígena, primero que todo, yo creo que es confrontar una serie de prejuicios. Antes de siquiera poder acceder al conocimiento tú tienes que superar una serie de prejuicios, y la actitud que tiene este país para enrostrarte esos prejuicios. Creo que Chile no es una sociedad conservadora en sí, yo creo que tiene hartos avances en materia de ciudadanía y todo eso, pero tiene un problema súper grave con el reconocimiento de su identidad, yo creo que es justamente por todos los golpes de estado que ha sufrido, toda esta batalla permanente de un conservadurismo y un patriotismo con una pésima historia, o una historia demasiado “light”, con una alegoría militar que hace que la gente sienta temor a su propia diversidad o a reconocer sus orígenes. De hecho eso es muy interesante, de lo fácil que resulta identificarse con la violencia, ya sea con el guerrero indígena o con el luchador en la vida, ¿me entiendes? Como si no existieran espacios de reflexión o de emocionalidad, que son mucho más ricos y más valiosos en cuanto a la sabiduría que trasciende en esos espacios.

Ahora, bueno, ser indígena para mí siempre es un conflicto en este país. Cuando tú te reconoces como tal, es un conflicto. Te reitero: tienes que superar los prejuicios, y esa es la primera barrera.

Creo que ser indígena es también una oportunidad que tiene el país, la oportunidad de poder apreciar discursos distintos, de apreciar una historia distinta, de apreciar un territorio distinto… Y de poder conocer, a través de esos relatos, experiencias de vida que son saludables, que son sanas, que obviamente te enriquecen. Pero también te permiten replantearte otros proyectos de vida, otras reflexiones… Ser indígena es como eso: una oportunidad, una oportunidad de hacer una vida decente, creo yo".

- Me cuelgo un poco de lo que me mencionas, de que no es tan llenadora esta imagen del guerrero, de la violencia. De hecho tú, en todas partes, eres reconocido como alguien que adopta una forma crítica de construir su identidad como mapuche…

(Interrumpe) "O sea, yo creo que no hay ser más bruto que un guerrero. Tú, para ser un guerrero, sólo necesitas procedimientos técnicos y fuerza bruta. No veo evocación, cuando eres creador, cuando eres artista, cuando puedes refinar tu físico hasta llegar a algo tan delicado como la reflexión de, por ejemplo, los sistemas de coordenadas que configuran el kultrun, cuya expresión y representación te habla de diversas dimensiones, de los espacios, de la energía circular, ¿me entiendes? Donde la naturaleza se expresa en cuatro dimensiones fundamentales… Eso no lo hace un guerrero, eso es lo que quiero plantear".

- ¿Cómo ves tú esta suerte de conflicto, que se le llama “Conflicto Mapuche”, pero que en realidad tiene dos lados? Viniendo desde la vereda del mapuche, ¿cómo ves tú la forma en que el chileno aborda este conflicto?

"Es que, a ver, francamente, yo no creo que el chileno promedio afronte el conflicto. Yo creo que lo digiere no más. O sea, uno intrínsecamente asume que hay dos lados, pero aquí no hay dos lados, no hay dos versiones. Hay una sola versión que te habla de una situación que se define como “Conflicto Mapuche”, como los Nazis se referían al “Problema Judío”. Acá se ocupa la misma estrategia para denigrarnos y para enlazar la palabra “mapuche” con la palabra “conflicto”. Eso es una cuestión deliberada, no es el resultado de un consenso para abordar el problema, es absoluto. Yo creo que ningún mapuche medianamente sensato va a querer vincular su nombre o su origen con un conflicto, ¿me entiendes? Eso es algo que se está repitiendo en los medios permanentemente y la gente cree que puede incluso coloquialmente referirse al conflicto indígena, entendiendo que no hay sujeto que no haya sufrido más aberraciones y atropellos en los últimos años que la sociedad mapuche. Sin desmerecer, por cierto, a todas las luchas que se han dado en la ciudadanía para obtener algún tipo de reconocimiento; es la sociedad mapuche la que está enfrentando constantemente montajes, acusaciones y leyes antiterrorismo, tan drásticas y de tanto sometimiento... Entonces yo no creo que de verdad se esté manifestando como que existieran dos versiones, yo creo que es una sola: la que dicen los medios. Ahora, sobre eso, no sé qué decir, la verdad. Es demasiado amplio como para decirlo en un solo punto. Lo único que puedo decirte es una crítica a cómo los medios han instalado un discurso público en el cual nos manifiestan como malas personas".

- Antes de finalizar, cuéntanos un poco sobre qué cosas estás haciendo actualmente. ¿En qué está Eduardo Rapimán hoy por hoy como artista? ¿Dónde podemos encontrarlo?

"Estoy, bueno, colaborando con producciones comunitarias, esencialmente de arte colectivo. Hay actividades que se están realizando dentro de la región y en el país, entre esos está el Festival de Cine Wallmapu, en el cual me solicitan revisar exhibiciones, coloquios, relacionados con artes visuales. Y ahora también concentrando hartas energías con estos grupos, a razón de dar forma a una nueva idea o, digamos, a un nuevo posicionamiento del arte mapuche actual, que creo que es la inquietud principal de mi trabajo, que es centrarse en producir obras de carácter actual, obras de lenguaje contemporáneo, que puedan profundizar un poco más en una reflexión crítica de la sociedad en la que estamos viviendo.

Estoy bien empeñado en desarrollar iniciativas de integración con otros artistas, de generar exhibiciones, para que se entienda también esta obra no como un sujeto que está nadando en el aire, sino que hay un circuito bien interesante de artistas indígenas en Chile, hay un circuito de personas con acervo que tienen una reflexión sobre su propia identidad y que deben someterse al diálogo, reencontrarse y que la gente pueda también identificarse en esa conversación. Por eso creo que hay que diversificar las posibilidades. Me gusta pintar, me gusta mucho pintar, pero también me gusta ahora hacer estas tareas, del trabajo colectivo. De llevar otro tipo de iniciativas, con otras exigencias, por cierto. Es como salir a la caza de diversas voluntades, porque todo esto también requiere financiamiento, requiere espacio, y ahí es donde uno está haciendo el trabajo de gestión cultural que debe ser también una condición para que el trabajo del artista crezca, fluya y se conozca".


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