Publicado en línea el Sábado 5 de marzo de 2016, por Claudio Katz

Por Claudio Katz1

Ofensiva con límites

Macri sorprendió con la virulencia
de los despidos. Los 20.000 cesanteados en la órbita estatal, facilitaron
los 30.000 trabajadores que el empresariado privado dejó en la calle.
Busca generalizar el temor a la pérdida del empleo para reducir los salarios.
Prat Gay verbalizó el chantaje: el trabajador deberá elegir entre
menores ingresos y su puesto de trabajo.

La ofensiva es maquillada con una identificación del empleo estatal
con la vagancia (“ñoquis”). Pero en ninguna dependencia hay
auditorias. Primero echan y luego evalúan la actividad del despedido.
Las arbitrariedades son tan numerosas como las venganzas. En lugar de estabilizar
la enorme masa de contratados que dejó el kirchnerismo, utilizan la precariedad
como argumento de cesantía.

Pero el gran paro estatal del 24 de
febrero inauguró la resistencia a esos atropellos. La mayoría
de los trabajadores no se amedrentó, acató la huelga y concurrió
a la marcha.

Esta reacción se extiende a la batalla
contra el techo salarial del 25%. Macri pretende exceptuar las paritarias de
la libertad de mercado que estableció en todas las áreas. En el
caso testigo de los docentes dio marcha atrás. Los aumentos se ubican
por debajo de la inflación pero violan el cepo propiciado por el gobierno.

También
trastabilla el complemento represivo del ajuste. El PRO debutó repartiendo
palos en Cresta Roja y sancionó un protocolo que permite portar armas
letales para disolver los piquetes “en 5 minutos”. No conciben esa
norma para marchas afines (Nisman, caceroleros, agro-negocio). Pretenden apalear
a los desamparados que pierden el empleo o sufren cortes de luz. Desconocen
que el derecho de protesta afecta otras normas pero protege a los más
débiles.

El protocolo fue difundido en vísperas
de la marcha del 24 y no pudieron aplicarlo. Esa derrota fue muy celebrada por
los manifestantes. Ahora Macri recurrirá a los medios de comunicación
y buscará aval social para ensangrentar las protestas.

La detención de Milagros Salas se ha convertido
en otro test del proyecto represivo. La apresaron por un acampe y manipularon
el tribunal para enviar una señal de criminalización de la lucha
social. Salas recibe duros cuestionamientos de la izquierda por su autoritarismo
y clientelismo. Pero todas las causas contra la diputada del PARLASUR deben
dirimirse fuera de la prisión.

Los proyectos represivos incluyen la reintroducción
del ejército en actividades internas con el pretexto de enfrentar el
narcotráfico. Milani comenzó esa injerencia en el plano de la
inteligencia. Pero ahora se avanza en una emergencia en seguridad que permitirá
reforzar la presencia de la gendarmería en los barrios populares.

Macri juega con
fuego al delegar poder en fuerzas carcomidas por la corrupción. La reciente
fuga de los presos en la Provincia de Buenos Aires ilustra una podredumbre,
que remite al peligroso escenario mexicano.

Como el macrismo está embarcado en la restauración conservadora
sus funcionarios reavivan la teoría de los “dos demonios”.
Afirman que no hubo 30.000 desparecidos, se reúnen con organizaciones
de los genocidas y eliminan el nombre de Laura Bonaparte de un Centro de Salud.
La indignación que generan estas contra-reformas hace vacilar al propio
presidente.

En las paritarias
se concentra la confrontación decisiva. Allí se verá quién
gana la primera pulseada frente al techo del 25%. El balance será muy
distinto si esa restricción es impuesta, perforada o emparejada.

La otra batalla
en curso es la resistencia al tarifazo del 300-500%. El gobierno afirma que
la baratura de los servicios es insostenible, pero oculta cómo las empresas
utilizaron subsidios multimillonarios para aumentar sus ganancias sin invertir.

El tarifazo sin audiencias públicas, ni análisis de costos,
en medio de una oleada de cortes, afianza esa estafa. La promesa de mejoras
futuras tiene poca credibilidad. No hay plan o control oficial de las inversiones
y los principales funcionarios del área son ex gerentes de las compañías.
Las protestas de los vecinos contra los cortes de luz anticipan la reacción
popular frente a esa impunidad.

Nubarrones político-sindicales

Macri afronta dificultades con sus
aliados del sindicalismo. Busca cerrar un acuerdo con la crema de la burocracia
para atomizar la resistencia obrera. Les ofreció convalidar el turbio
manejo de las obras sociales y reducir el impuesto a las ganancias que pagan
los trabajadores de mayores ingresos. Recibió de inmediato grandes elogios
de Moyano.

Pero ese idilio se está resquebrajando
por el des-manejo oficial del gravamen a los asalariados. En la campaña
Macri prometió anularlo y sus primeros anuncios sugerían modificaciones
neutras, con aumentos compensatorios de la inflación en el piso de tributación.
Luego repitió lo realizado por Cristina: un incremento transitorio del
mínimo no imponible sin cambios en las escalas, que se licúa con
el aumento de los precios y los salarios.

Pero la letra chica del nuevo decreto
es mucho peor. Como la suba del piso es más baja frente a una inflación
más alta, unos 200.000 trabajadores (y 100.000 jubilados) que estaban
exceptuados, ahora deberán tributar. Además, la preservación
de las escalas entrampa rápidamente a todos los afectados en el porcentual
del 35%, mientras que un millonario no suele pagar más del 16%.

Como el PRO debutó con un festival
de rebajas impositivas para los capitalistas, le resulta difícil repetir
la justificación kirchnerista del gravamen a los asalariados (“sólo
afecta al 10% de los trabajadores”). Los CEOs que prepararon el decreto
introdujeron una penalidad disfrazada de beneficio. Mientras que aseguran la
adecuada reglamentación de todas las ventajas otorgadas a las grandes
compañías, intentan cuidar la caja del estado cuando hay que aligerar
la tributación de los asalariados.

La mentira duró poco y los jerarcas
sindicales han respondido preparando un proyecto parlamentario contrapuesto
a la iniciativa oficial. Tomaron distancia de Macri, sin involucrarse en ninguna
lucha.

El
mismo tipo de conflictos se verifica en la relación del oficialismo con
los políticos opositores-aliados. Macri empezó erosionando al
peronismo, tejiendo acuerdos con Massa, los gobernadores y Urtubey-Bossio. Atrajo
a varias figuras del justicialismo tradicional y dividió el bloque kirchnerista
en el Congreso.

Pero ahora debe pagar los costos de esa operación.
Los popes de las provincias exigen transferencias de los fondos adeudados por
la coparticipación. Massa acompañó a Macri a Davos, pero
se suma al proyecto de ganancias que preparan las CGTs. El justicialismo coloca
huevos en varias canastas para preparar su retorno al gobierno.

Macri se apoya en un armado político muy frágil y ni siquiera
puede movilizar a su propio público. Por eso busca sustento en el resentimiento
con el kirchnerismo. Acrecienta el cerco judicial contra Cristina y enfatiza
la corrupción de la gestión K. Todos los días algún
juez de amigo destapa alguna causa nueva contra Báez, el enriquecimiento
de CFK, el escándalo de Hotesur, las andanzas de Aníbal, las apropiaciones
de Boudou o los robos de Jaime. Ya funcionan a pleno los tribunales leales que
recuerdan desfalcos de ex funcionarios para ocultar las malversaciones en curso.

Pero esta hipócrita campaña puede rebotar sobre la propia gestión
del PRO. Resulta difícil ocultar el caso Niembro, los oscuros negocios
en la ciudad tapados con el incendio de Iron Mountain o las causas por espionaje
ilegal que involucraron a Macri.

Si la corrupción ocupa la primera plana, el procesado presidente del
Banco Central deberá responder por su participación en la estafa
del mega-canje de Cavallo y por su convalidación de los seguros de cambio
de Vanoli. También habrá interés por conocer las denuncias
de Carrió sobre el dinero acumulado por el presidente de la Corte Suprema.

En este terreno el macrismo juega con fuego. Ha colocando al frente de la supervisión
bancaria a financistas acusados de lavar dinero y otorga comisiones millonarias
a los intermediarios que comercializan los bonos del estado. Además,
todos los CEOs que dirigen ministerios mantienen descaradas relaciones con las
firmas que dirigían hasta el año pasado. Esta asociación
tipifica a un gobierno estructuralmente corrupto.

Pero Macri necesita transitar por ese peligroso camino de denuncias. Al principio
intentó mantener un discurso de optimismo y buena onda para hacer digerible
el ajuste. Se atuvo a las reglas de impunidad hacia los ex presidentes que ampararon
a Menen y De la Rúa. Sin embargo, el malestar que generan sus medidas
lo empuja a buscar un chivo expiatorio. Con la “herencia kirchnerista”
justifica el trago amargo de cada día y ese recitado es su único
relato.

Trasfondo económico

Macri afronta la grave inestabilidad
de la economía. Debutó con una formidable transferencia regresiva
de ingresos a favor de los capitalistas. El agro recibió el regalo simultáneo
(e infrecuente) de la devaluación y la reducción de retenciones.
La minería extractivista fue premiada con una disminución de impuestos.
Las empresas petroleras -que ganaron fortunas con los altos precios barril-
obtuvieron una gran compensación por la caída de esa cotización.

También los bancos engrosaron
utilidades con el levantamiento de los controles y el negocio de convertir deudas
interestatales en pasivos privados. Hasta los impuestos al champagne y a los
autos de alta gama fueron recortados para celebrar el jolgorio.

Pero el desborde inflacionario arruina la fiesta.
Macri confesó su desconcierto y se enoja con el resultado de sus medidas.
Sólo puede achacar al legado kirchnerista la carestía derivada
de la emisión y el atraso del tipo de cambio que se instrumentaron para
posponer el ajuste.

Pero
el actual estallido de los precios desborda ampliamente ese arrastre. Es consecuencia
directa de la devaluación, el tarifazo,
la remarcación
alocada de los supermercados y la destrucción del sistema de precios
cuidados. Los exportadores y los grandes grupos comerciales e industriales se
están embolsando la principal tajada del saqueo al bolsillo popular.

La única respuesta oficial es un
ridículo monitoreo on line de los precios para retratar el desfalco
en tiempo real. En lugar de frenar las remarcaciones se disponen a “webearlas”.

El descontrol inflacionario ya precipitó
también el desplazamiento de la directora del INDEC, que fue presentada
como un cerebro de la estadística. Con varios índices dando vuelta
el gobierno optó por cocinar algún número frente a la opinión
pública.

La gran carestía en curso acentúa
la recesión al desplazar todo el gasto de las familias hacia las necesidades
básicas. Sturzenegger refuerza a su vez esa contracción, con mayores
tasas de interés y cortes de la emisión. Con el consumo planchado,
las inversiones detenidas y las exportaciones estancadas se debilitan los presagios
de un repunte en el segundo semestre. Todo depende de la prometida lluvia de
dólares.

Sin ese ingreso no hay forma de estabilizar el
ajuste. Macri se lanzó a reducir en forma desaforada los impuestos a
los ricos descontando un aluvión de divisas que no llegó. Los
25000 millones de préstamos inmediatos que auguró Prat Gay no
aparecen y la gran liquidación diaria de divisas esperada de los exportadores
tampoco se materializa.

Mientras
continúa la imparable demanda de divisas, el gobierno no pudo colocar
siquiera el primer bono que lanzó al mercado. Además, ya gastó
en sostener la cotización del dólar la mitad del único
crédito que obtuvo.

Las empresas compran divisas para girar
utilidades y los particulares con altos ingresos para preservar su ahorro. Por
esta razón las reservas están al mismo nivel (o por debajo) de
peligro piso que dejó CFK. Esta vulnerabilidad ocupaba la tapa de los
diarios y ahora es cuidadosamente ocultada.

La espontánea “confianza” que esperaba suscitar un gobierno
del PRO está obstruida por la propia calesita de precios y tipo de cambio
que desató el gobierno. Además, la tensión financiera en
Europa, el freno de China y la recesión en Brasil tornan incierta la
llegada de divisas a un país con las cuentas fiscales en rojo. El bajo
nivel de endeudamiento externo actual no asegura esa afluencia de crédito.
Los acreedores observan la capacidad de pago del estado, que Prat Gay socava
todos los días bajando impuestos y acentuando la recesión.

También tambalea la ingeniería
diseñada para mejorar la salud fiscal con políticas impositivas
regresivas. Pensaban bajar el déficit con tarifazos, despidos y podas
de salarios, pero aumentaron más aún el bache con la reducción
de las retenciones.

En este escenario les urge el arreglo con los buitres. Griesa y Singer conocen
esa necesidad y han impuesto todas sus exigencias de montos, fechas y normas
legislativas. Se emitirán 15.000 millones de dólares para realizar
pagos al contado por sumas que multiplican varias veces el monto inicial del
pasivo. La quita negociada es irrisoria y podría quedar abierta una rendija
para demandas de “holds outs” y “holds in” insatisfechos.

Macri amplía la estafa que consumó
el kirchnerismo al acordar con REPSOL, el CIADI y el Club de Paris. Negocia
la anulación de las leyes cerrojo y pago soberano con gobernadores interesados
en el endeudamiento provincial y aprovecha el apoyo implícito de los
economistas de Scioli (Bein, Blejer).

El país vuelve a endeudarse
en forma parasitaria por cifras descomunales para financiar gastos corrientes
y desequilibrios comerciales. Las inversiones anunciadas ya estaban en carpeta
(Renault) o son de escasa significación (Coca Cola), mientras
la ilusión de Vaca Muerta se congela por el desplome del precio del petrolero.
Nadie sabe a qué tasa de interés Macri financiará el despilfarro
en curso. El abaratamiento del crédito que sucedería al cumplimento
con los especuladores aún no se visualiza.

Por eso hay muchos síntomas de mareo en el gabinete. Los talibanes
del macrismo (Melconian, Broda, Espert) exigen mayor virulencia en el ajuste,
despidos generalizados y apertura comercial indiscriminada.

Diplomacia y medios

Macri busca oxigeno con fuertes gestos
de sometimiento al imperio. Como todo mandatario derechista espera recibir alguna
devolución de favores, pero olvida que las potencias utilizan y eyectan
a sus subordinados.

En Davos el hombre de Cambiemos hizo
su primera exhibición de comportamiento colonial, al reunirse con Cameron
sin hablar de Malvinas. Fue elogiado por todos los presentes, que al mismo tiempo
confirmaron la total irrelevancia de Argentina para sus prioridades.

Macri retomó su idilio con Israel. Le
aseguró a Netanyahu varios negocios vinculados con la emergencia de seguridad
y estrechó la conexión con el Mossad para resucitar el caso Nisman.
Con Stiuso y varios jueces leales se dispone a reinstalar alguna hipótesis
de asesino iraní amparado por CFK. Es el libreto escrito en Estados Unidos
por los republicanos y el lobby sionista para socavar el acuerdo nuclear que
Obama suscribió con Teherán.

Por ese camino el líder del
PRO entierra nuevamente cualquier investigación del atentado a la AMIA
e involucra al país en peligrosas maniobras de los jugadores de Medio
Oriente. Transita por el mismo laberinto cuando discute acuerdos con Hollande
que van más allá de tratados comerciales con la Unión Europea.
Francia está muy comprometida actualmente en acciones belicistas contra
el mundo árabe.

Pero el colmo del retorno a las relaciones
carnales será la llegada de Obama el 24 de marzo. La elección
de esa fecha es una estupidez oficial o un inédito acto de sometimiento.
Seguramente el Departamento de Estado anunció que no tenía otro
día para el viaje y la cancillería argentina aprobó sin
chistar. El extremo de esa provocación sería una visita al Museo
de la Memoria de un hombre del imperio que sostuvo a Videla.

Pero
tanta obsecuencia reforzará la voluntad de protesta. Es probable que
Obama enfrente la mayor manifestación de repudio en un viaje al exterior
de todo su mandato. Su presencia puede convertir el próximo 24 de marzo
en un hito de las movilizaciones antiimperialistas.

Macri espera contrarrestar todas las
adversidades con un mayor sostén mediático. Debutó con
el mismo pacto que todos los presidentes suscribieron con el poder comunicacional.
Pero ninguno hizo tantos deberes en tan poco tiempo.

Disolvió el AFSCA desconociendo las normas de gestión compartida
que rigen a ese organismo. Ignoró el principio de autonomía que
tanto celebra para el Banco Central. Dio rienda suelta a los DNU y sustituyó
la hipocresía dialoguista por el decretazo presidencial.

Macri privilegia a Clarín. Frenó la división de la empresa
y autorizó su ampliación con la compra de Nextel. Mientras
pondera
el pluralismo acuerda con otros medios adictos la manipulación
de la información.

Sus voceros presentan la “convergencia
digital” como el principal argumento para liquidar la ley de medios. Afirman
que la televisión, el cable, Internet y la telefonía se asociarán
en gigantescas empresas.

Pero esa tendencia exigiría incrementar la regulación estatal.
Sin una intervención de ese tipo la extranjerización y la concentración
de la propiedad serán vertiginosas. Un puñado de medios ya trabaja
para reproducir el modelo de Televisa (México) y O Globo (Brasil).

Por eso resurgen los mitos de la comunicación privada y del
imperio de la publicidad. Con esas reglas se desconoce que la
información es un derecho y no una simple mercancía. Las normas
de preeminencia pública y gratuidad son tan importantes en este campo
como los derechos a la educación y a la salud.

El macrismo aprovecha el fastidio que generó
la manipulación estatal de la útima década para restaurar
el reinado del mercado. Recuerda que la propia gestión K sepultó
la ley de medios al forjar grupos privados oficialistas (Cristóbal López,
Garfunkel, Spolski), que operaron con la misma tónica de Clarín
y La Nación. Utilizan métodos semejantes para cerrar empresas
y despedir trabajadores.

Esta frustrante experiencia es utilizada
para resucitar todos los engaños de la libertad de prensa. Los intelectuales
de la derecha ocultan que el capitalismo acalla las voces críticas. Nunca
mencionan la persecución de Assange, Manning o Snowden. A lo sumo discuten
el rol del periodista, silenciando quién detenta la propiedad de los
medios.

Suelen elogiar al “periodismo
independiente” omitiendo el singular condicionamiento político,
económico e ideológico de esa actividad. Como el kirchnerismo
transformó esa restricción en una burda contraposición
entre “militantes y cortesanos”, ahora reaparecen todas las leyendas
del comunicador libre y comprometido sólo con su público.

Pero el intento macrista de transformar a los medios en puro negocio transmisor
de ideología conservadora e información oficialista enfrenta límites.
Hay mayor conciencia en la población sobre esta amenaza y en algún
momento se romperá la luna de miel con la prensa hegemónica.

Menemismo y alfonsinismo

Las semejanzas de Macri con Menen son
muy numerosas. El líder del PRO transmite la misma idolatría por
el mercado, imagina inversiones semejantes, disfraza el saqueo con elogios al
riesgo empresario y ensalza el endeudamiento externo que empobrece al país.

También retoma la política
exterior pro-imperial y reabre negocios en el área militar sin recordar
sus consecuencias (Rio Tercero, contrabando de armas a Ecuador-Perú).
Los acuerdos de libre-comercio que propicia con la Unión Europea y la
Alianza del Pacífico actualizan la apertura de importaciones de los 90.

Macri intenta repetir la sociedad con
los burócratas sindicales que participaron en el desguace del estado.
Restaura la misma demonización del empleo público, omitiendo su
moderado porcentual en términos internacionales y su mayoritaria conformación
por policías, maestros o enfermeros con escaso margen de reducción.
Al igual que Cavallo se desentiende del salario docente delegando ese gasto
en las provincias.

Pero las diferencias de contexto son muy significativas.
Menen gobernó en un clima neoliberal, auxiliado por el trauma de la hiperinflación.
Aprovechó las expectativas en las privatizaciones y el desengaño
con el constitucionalismo pos-dictatorial.

Macri no cuenta con ningún sustento
equivalente. Navega en una oleada regional derechista pero sin bases sociales
para acompañar el ajuste. No tiene el aparato justicialista y debe lidiar
con el traumático recuerdo de los 90. Hasta ahora Macri no se atreve
a reproducir las confrontaciones thatcheristas que propiciaba el riojano (“ramal
que para, ramal que cierra”).

El neoliberal del PJ llevó el
desempleo al 18% y demolió la industria local abriendo las importaciones.
Macri actúa con más cautela, pero si su programa trastabilla puede
jugar las peligrosas cartas de su antecesor.

Mientras que Menen gobernó sobre las cenizas
de Alfonsín, Macri sucede al enigma del kirchnerismo. Cristina se retiró
con un monumental acto de despedida, dejando una red de militantes que llenan
plazas y organizan marchas. Pero la expectativa en una poderosa continuidad
K en el Congreso, las provincias o el estado se está diluyendo.

CFK se mantiene en silencio y la estrategia
de afiliación masiva al justicialismo socava las esperanzas de construir
una fuerza progresista autónoma. No cabe duda que el PJ es un pilar del
status quo conservador.

El kirchnerismo siempre mantuvo ciertas
analogías con el alfonsinismo. Gobernó acompañado por administraciones
latinoamericanas semejantes, convalidó conquistas democráticas
comparables y mantuvo tensas disputas internas con la cúpula tradicional
de su partido.

Por eso conviene recordar como el alfonsinismo
se diluyó en el llano. Fue digerido primero por la Alianza y luego por
Cambiemos. Si el kirchnerismo repite esa trayectoria será deglutido por
el justicialismo.

También hay analogías
entre la intelectualidad progresista que sostuvo a los dos procesos. El Club
Socialista y Carta Abierta contaron con pensadores provenientes de la izquierda,
que se auto-visualizaron como el sector más avanzado de cada proyecto.
Aportaron fundamentos ideológicos equivalentes de democracia gramsciana-socialdemócrata
(en el primer caso) y renovación populista latinoamericana (en el segundo).

El Club Socialista mantuvo su alineamiento
con Alfonsín a pesar de la Obediencia Debida. Se consideraban ajenos
a la estructura de la UCR, pero actuaron en esa órbita y finalmente se
disolvieron.

Carta Abierta sigue actualmente las
vicisitudes del kirchnerismo, luego de aceptar en silencio la candidatura de
Scioli. No emiten balances críticos, ni explicaciones de la derrota electoral.
Tampoco objetan las medidas regresivas de la era K que facilitaron la demagogia
derechista y no conciben repetir los desafíos de la JP a Perón.
De la trayectoria del Club Socialista no extraen ninguna enseñanza.

Pocas veces el escenario político
argentino estuvo tan abierto a cursos imprevisibles. La batalla social contra
el ajuste condiciona todas las alternativas, en pleno debate sobre lo ocurrido
en la última década.

5-3-2016

1
Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.
Su página web es:
www.lahaine.org/katz


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