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El comunista y el fascista

Miércoles 14 de febrero de 2018, por Otros medios

Revista Un Canio 

En el Calcio, más que en cualquier otro fútbol del mundo, hablar de izquierda o derecha no se limita tan sólo a wings, volantes y laterales. En sus tribunas, el tufillo político vendría a ser como el olor a chori en nuestras canchas. Se siente en cada rincón. Abundan banderas políticas, símbolos fascistas y comunistas. Esto es desde siempre, aunque en ciertos casos las corrientes fueron mutando con el tiempo. Sin ir muy lejos, al Milan de Berlusconi ya no le queda nada de aquel club encolumnado en el progresismo milanés. De hecho, Il Cavaliere de la partuza, entre tantas otras cosas, carga con una frase de hace ya 20 años, previa a una final entre Milan y Steaua de Bucarest: “He rezado para que pierdan los comunistas”. Todo dicho.

Ahora bien, vayamos al meollo de esta nota. A dos jugadores que son glorias en sus clubes por llevar, más que todo, la ideología política en la sangre. Paolo di Canio es de Lazio y fascista. Cristiano Lucarelli es de Livorno y comunista. El primero ya está retirado. El segundo volvió al equipo de sus amores para esta temporada. Ambos han resignado dinero con tal de jugar “entre los suyos”. Los dos generaron polémicas por sus festejos, uno saludando a los tifosi con el brazo en alto y el otro, con el puño cerrado. En 1997, representando a la Sub 21 de Italia, Lucarelli celebró un gol mostrando una remera con la imagen del Che Guevara. “¿Por qué a él no lo penalizaron y a mí sí?”, refunfuñó en algún momento di Canio. Aunque la sanción no escrita igual ocurrió: Lucarelli pasó, llamativamente, ocho años sin ser convocado a la Nazionale.

Di Canio se define nacionalista, patriota y admirador de Benito Mussolini (era tifoso de la Lazio, claro), y lleva la palabra “Dux” tatuada en un brazo. Lucarelli nació en la misma ciudad (Livorno) que el Partido Comunista Italiano, Lucacreció rodeado de hoces y martillos y ahora en su celular suena como ringtone el himno de La Bandera Roja. A di Canio le llegó el agradecimiento de Alessandra Mussolini, nieta del ex dictador. Lucarelli cumplió su sueño de conocer a Aleida, hija del Che. Son dos extremos que se unieron en Le Iene, un programa de la televisión italiana que tiene como segmento top a La doble entrevista, (algo similar vimos aquí en CQC): las mismas preguntas a personajes opuestos. Lo que sigue es la traducción. Imperdible, por cierto.

¿Por qué te rebajaste el sueldo para jugar en el club de tus amores?

DC: Porque de otra manera no hubiese podido volver a jugar en la Lazio.

L: Porque soy un estúpido…

Tratá de convencer a un hincha rival para que aliente por tu equipo.

L: Difícil…

DC: Imposible. Si naciste de la Roma, nunca podrás ser un digno hincha de la Lazio.

Reaccioná, como un hincha, ante un penal inexistente.

L: No…

DC: Árbitro, ¡¡¿qué carajo cobraste?!!

Y ahora como jugador.

L: ¡Porca miseria, árbitro! ¡No fue penal!

DC: Árbitro, ¡se tiró, se tiró!

¿Cómo reaccionás por un gol que te comiste?

L: No…

DC: ¡Mamma mia!, lo que me comí…

¿Y si fueras un hincha?

L: Mirá vos a este Lucarelli, qué imbécil, qué burro es.

DC: Retirate, ya sos viejo.

¿El festejo más polémico?

L: Cuando hice el puño cerrado.

DC: El saludo romano, que generó muchos problemas, pero no a mí.

¿Debieron pagar multa por esos festejos?

L: No.

DC: Sí, 10.000 y una tarjeta amarilla.

¿Hay diferencias entre los dos saludos?

L: Sí, porque la Constitución italiana prohíbe el saludo romano-fascista.

¿Qué opinás de las banderas políticas en las tribunas?

DC: Mejor dejarlas afuera.

L: Cada uno es libre de hacer lo que quiera.

¿Las hinchadas de Livorno y Lazio están politizadas?

L: Los de Livorno son de izquierda.

DC: Los de la Lazio son bastante de derecha.

¿Y vos?

L: De izquierda.

DC: De derecha.

¿Te ofenderías si te dijera “comunista”?

L: No.

DC: Sí, te hago juicio.

¿Y si te dijera “fascista”?

L: Sí

DC: No te hago juicio.

¿Qué opinás de Mussolini?

DC: El conductor más grande que la Italia unida recuerde.

L: Prefiero no opinar.

¿Qué opinás del Che Guevara?

DC: Un gran revolucionario del que algunos se adueñaron la imagen.

L: El símbolo de la revolución proletaria.

¿Hay gente que abuchea a los jugadores negros. ¿Por qué?

DC: Porque les temen y los quieren molestar.

L: Porque son idiotas.

¿En ese caso deberían suspender los partidos?

L: Sí

DC: Entonces también deberían suspenderlos por insultos graves.

¿Alguna vez fuiste un ultra?

L: Sí, fui.

DC: Sí, todavía soy.

¿Y si tu hija lo fuera?

DC: No tendría problemas.

L: Lo importante es que no se meta en quilombos.

¿Hay droga en las tribunas?

DC: Sí, como en la sociedad.

L: En la de Livorno, no.

¿Y violencia?

L: Si nos provocan, sí.

DC: Como hay en la sociedad.

¿Alguna vez te peleaste por tu club?

DC: Sí, muchas veces.

L: Digamos que no.

¿Un jugador-ultra incentiva a la violencia o la frena?

DC: Ninguna de las dos cosas.

L: Incentiva los antiguos valores del fútbol.

¿Alguna vez viste a un compañero doparse?

L: No.

DC: No.

¿Alguna vez viste a un jugador mediocre convertirse en crack al poco tiempo?

DC: Si arranca de mediocre, no puede convertirse en crack.

L: Sí.

¿Y qué pensaste?

L: Que un jugador mediocre se convirtió en crack al poco tiempo.

¿Alguna vez insultaste a un árbitro?

DC: No de manera vulgar.

L: No (se ríe)… Bueno, a veces se me escapa algún insulto.

¿Alguna vez le pegaste a un árbitro?

L: A lo sumo le puse las manos en el cuerpo, pero sin violencia.

DC: Sí.

¿Cuántas fechas de suspensión te dieron?

L: Me parece que dos.

DC: Once, pero lo empujé y lo mandé al piso.

¿Alguna vez fuiste al psicólogo?

L: No.

DC: Sí.

¿Maradona o Pelé?

DC: Maradona.

L: Maradona.

¿Sacchi o Trapattoni?

L: Trapattoni.

DC: Sacchi.

¿Vialli o Van Basten?

DC: Gianluca fue uno de los mejores.

L: Van Basten.

¿Nesta o Baresi?

L: Nesta.

DC: Baresi.

¿Alguna vez tuviste sexo antes de un partido?

DC: No, nunca.

L: Sí.

¿Y pudiste convertir en la cancha?

L: Sí.

Tu arquero hizo un blooper en el último minuto. Entrevista post-partido. ¿Qué declarás?

DC: Cualquiera puede tener un mal partido.

L: Todos se pueden equivocar.

¿Y en realidad qué opinás?

L: ¡Maldita sea!

DC: ¡Tenés manteca en las manos!

Un árbitro no te cobra un claro penal. ¿Qué declarás?

DC: Y, el penal fue claro…

L: Como nos equivocamos los jugadores, también pueden equivocarse los árbitros.

¿Y en realidad qué opinás?

L: ¡Maldita sea!

DC: ¡Cornudo sucio, mamma mia, si te agarro te como la cabeza!

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