Publicado en línea el Sábado 26 de mayo de 2018, por La Vanguardia

Su organización tiene como misión proteger los derechos humanos de más de 40 grupos étnicos repartidos por el norte de la Federación rusa, incluidas la parte europea, Siberia y el Extremo Oriente.

En el país, uno de los que tienen mayor diversidad étnica del mundo, la ley federal protege a los pueblos indígenas "pequeños", concretamente de menos de 50.000 miembros.

Como su aplicación se complica en la práctica, el Foro aborigen brinda asistencia legal a sus socios y asesora al Gobierno ruso en cuestiones indígenas.

Invitado a participar en una conferencia regional de la ONU en la ciudad rusa de Vorónezh, Shukin criticó que, para unos pueblos que tienen entre sus principales ocupaciones la pesca, la caza y la cría de renos, cada vez es más difícil acceder a los recursos naturales.

Él mismo tiene abierta una causa judicial por supuesta "complicidad" con varios indígenas a quienes preparaba la defensa tras ser acusados (y luego absueltos) de cazar sin licencia.

El ejemplo de la caza ilustra bien el terreno movedizo en el que se mueven.

Si esa actividad se realiza para generar ingresos, el secretario precisó que las personas deben comprar una licencia (cuesta solo 13 euros), de lo que están exentos los pequeños pueblos indígenas por las leyes federales, aunque algunas autoridades locales insisten en hacerles pagar.

Esas minorías están autorizadas a cazar gratis hasta ocho ciervos al año o a criar ocho de estos animales porque se considera que la comida va destinada a su subsistencia.

Otra cosa es que quieran vender la carne. Entonces pueden ser obligados a comprar las tierras de pastoreo -pasa algo parecido con los estanques si pescan más de lo permitido para consumo propio- o, en caso contrario, denunciados ante las autoridades, según Shukin.

El representante lamentó que en los últimos años han aparecido por esas zonas remotas empresarios e intermediarios que, con el fin de engrosar sus beneficios, "están comprando las tierras" y "tratan de evitar que los indígenas vendan productos por su cuenta".

"Quizás están adoptando prácticas que funcionan en otros lugares -afirmó-, pero no tienen en cuenta las particularidades de nuestros pueblos".

Para esos grupos nómadas supone una mala noticia, acostumbrados a moverse libremente por el territorio.

"No solo buscamos la supervivencia, sino también generar ingresos en el mercado", dijo este dirigente procedente de la península de Taimir, en pleno Ártico.

En el fondo del asunto está la divergencia entre las garantías dadas a los "usos tradicionales" de estos pueblos -identificados como la caza, la pesca o la ganadería en pequeña escala- y sus aspiraciones de mayor desarrollo.

Ya lo expresó en 2010 en una visita al país el entonces relator especial de la ONU para los derechos de los pueblos indígenas, James Anaya, que aseguró que se debe garantizar a estos grupos desarrollar sus tierras y recursos para otros propósitos como los comerciales.

También reclamó con urgencia dar coherencia a las distintas regulaciones federales y regionales, sobre todo en lo referente a los derechos de los indígenas de acceso a los recursos naturales.

En este tiempo, lejos de mejorar la situación, han surgido nuevas amenazas como el inicio de actividades prospectivas en lugares cada vez más septentrionales.

En Taimir, la exploración del subsuelo para hallar yacimientos de gas y petróleo ha alterado las rutas de los ciervos y las pruebas sismológicas han alejado los peces de la costa, una situación que indígenas como Shukin ven con impotencia.

Por no hablar del calentamiento global, que está dejando su huella local reduciendo la capa de hielo permanente y desplazando a los peces hacia aguas más profundas y a los renos hacia el norte, entre otros tantos efectos, según su testimonio.

El activista se mostró, no obstante, más optimista al señalar que "la lucha de estos indígenas está ganando una dimensión internacional", a la espera de que las leyes cambien a favor de preservar tan particular estilo de vida. EFE


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