Publicado en línea el Sábado 16 de junio de 2018, por Vove.com.ar

Mariana Gómez trabajó en comunidades tobas (qom) del oeste de Formosa en proyectos de gestión e investigación entre los años 2002 y 2010. Su tema de investigación posdoctoral es el activismo y las acciones colectivas de mujeres indígenas en Argentina.

Vove: ¿Porque elegiste ponerle a la conferencia “Una mirada antropológica sobre la condición de género de las mujeres indígenas de Argentina”?

Mariana Gómez: El concepto de condición de género hace alusión a los condicionantes que de alguna manera construyen y determinan el lugar social de las mujeres, ya sea en una comunidad, en un pueblo, en un grupo, en una organización. Las condiciones de género de las mujeres indígenas aquí en Argentina se vienen problematizando desde la idea de la “triple opresión”, esto es: que las mujeres indígenas atraviesan una triple subordinación, a diferencia de otras mujeres, por su condición de género (por ser mujeres), por su condición étnica (por ser indígenas) y por su condición de clase (por ser, en su mayoría, mujeres pobres).

En Argentina recientemente se habla de esta triple opresión de las mujeres indígenas porque las problemáticas de las originarias se han hecho visibles en los últimos años, pero en realidad es un concepto que ya tiene algunas décadas, se trata de una categoría que viene del indigenismo mexicano y que tiene una larga historia en México.Aquí se ha instalado en los últimos años y se la han apropiado algunas indígenas organizadas para dar a conocer su difícil situación.

En nuestro país observamos que hay mujeres que están organizadas, que vienen participando en algún espacio social, productivo-económico o político, en la mayoría de los casos vinculadas a organizaciones indígenas y allí le disputan el liderazgo a los hombres; en otros casos se organizan a partir de proyectos de ONG y/o del estado; también existen mujeres que vienen liderando las luchas en sus territorios contra los proyectos extractivistas como es el caso de varias referentes y líderes mapuche; algunas mujeres, muy pocas por cierto, comenzaron a ingresar en cargos públicos. Algunas de estas mujeres también vienen participando del movimiento de mujeres más amplio de Argentina, en los ENM. Entonces, hay diferentes formas de “politizarse” y de organizarse, ¿no?

Aquellas mujeres que están más politizadas, han incorporado un discurso sobre la triple opresión que caracteriza la condición de las mujeres indígenas, también han incorporado discursos relativos a sus derechos como mujeres y a los derechos colectivos de sus pueblos. Entonces, me pareció que para la conferencia podía ser un título relevante, y como puntapié para problematizar la idea de que la condición de género de las mujeres indígenas es histórica y cambiante, como la de cualquier otra mujer.

Por lo general lidiamos con imaginarios esencialistas y folklóricos sobre los y las indígenas, sobre los “pueblos originarios”, “la comunidad”, “el indígena”, “la mujer indígena”, como si fueran entes estáticos, sujetos detenidos en el tiempo y en la historia. Una primera imagen que nos llega es una más folclórica ¿no?, aquella que nos hicieron conocer los manuales escolares.Por en la conferencia apunté a mostrar que las condiciones de género se modifican, justamente, porque se modificaron las condiciones de vida de estos grupos cuando fueron “incorporados” mediante la violencia estatal y militar al estado-nación argentino.

Entonces, no podés entender qué pasa en la vida, o los cambios que hubo, o cuáles son las expectativas de género que tiene una mujer indígena rural sino entendés esto: que pertenece a una comunidad o a un grupo que fue despojado territorialmente, “misionalizado” por iglesias evangélicas o por la iglesia anglicana (el caso de las comunidades qom y wichí del oeste formoseño);que sufrieron una sedentarización obligada, que fueron explotados como mano de obra en las agroindustrias de la región –donde también trabajaban las indígenas del Chaco-, etc. Digo, hay una larga historia de subordinación por la que pasaron estos grupos y ello ha impactado claramente en las identidades y subjetividades de género.

Entonces, no podemos quedarnos con la idea de que el género de las mujeres indígenas solamente se construye en relación a las ideas y valores de las cosmologías indígenas. Ésta es una manera un poco antigua de pensar e imaginar a las comunidades indígenas y sus miembros. La antropología ya no trabaja con esta categoría de cultura o de cosmología, como si cada grupo indígena pudiera ser concebido como uno con límites discretos porque en realidad ves que no, que el paisaje social dentro de una misma comunidad suele ser muy heterogéneo y también está atravesado por relaciones desiguales de poder, como las relaciones de género.

Vove: Es algo de lo que se planteó en el caso Lapacho Mocho y lo que explicaba la referente indígena Octorina Zamora.

MG: Claro, lo que Octorina decía en las entrevistas que le hicieron por aquellos años es que hoy en día los y las wichí no aceptarían de ninguna manera que un hombre adulto se acueste con una joven púber o con una niña. Ella enfatizaba eso: “los pueblos indígenas somos dinámicos, cambiamos”. También discutía la idea de que existía un matrimonio de este tipo que permitía la unión de un hombre con su hijastra (matrimonio privignático supuestamente se denomina); recuerdo que en algún momento ella dijo algo así como “puede ser que haya existido, pero no en el presente ya no lo aprobamos”. También agregó que la mayoría de las mujeres wichí estaría en contra de una norma matrimonial de este tipo y sus antepasados wichí antiguamente protegían a las niñas cuando les llegaba la primera menstruación.

Para ella, nada de lo que planteaban los caciques ni John Palmer tenía algún viso de encajar con lo que estaba pasando. En un momento fue muy clara y dijo “Ahora todos los jueces de la Corte de Salta vienen con esta idea de la “norma cultural”, de que hay que respetarla” y agregó, “mi pueblo hace 15 años que está reclamando dos mil hectáreas, que es lo que necesitamos para vivir y en ningún caso salieron los jueces a aplicar la norma cultural que acá sí la necesitamos”. Ella dejaba en claro que había una connivencia de intereses patriarcales entre los caciques de la comunidad, el antropólogo que intervino, y los jueces de la Corte, cosa que era y es bastante obvia ¿no?, sea de manera voluntaria, o no, consciente o inconsciente.

Vove: ¿Existe un movimiento feminista indígena en Argentina?

MG: Bueno, en este momento no, no podría afirmar que existe un movimiento de mujeres indígena feminista. Sí existe en otras partes de América Latina y Central como México, Guatemala, Canadá y Estados Unidos, países donde hay activistas que se autodefinen como feministas indígenas. En Bolivia tenemos al Colectivo Mujeres Creando y al espacio Asamblea Feminista, que desde hace más de una década se definen como feministas comunitarias, primero como feministas andinas. Creo que en Argentina poco a poco se puede ir conformando un movimiento de mujeres indígenas, como una vertiente del movimiento de mujeres más amplio, tal como sucedió en esos países, caso México. Pero tampoco podría decir que ahora mismo existe un movimiento de mujeres indígenas; por ahora hay mujeres indígenas dándose diferentes formas de organización para plantear demandas y derechos.

Hoy en día lo que se puede observar es el surgimiento de algunos colectivos de mujeres organizadas que construyen poder para organizarse, poder para luchar, poder para cuestionar y visibilizarse. Algunos forman parte de organizaciones indígenas más amplias, como es el caso de las mujeres de la Confederación Mapuche de Neuquén. Otros colectivos son sólo de mujeres y su activismo pasa por sensibilizar al resto de la población, al estado y al gobierno sobre lo invisibles que son las mujeres indígenas y sus problemáticas, éste sería el ejemplo del Colectivo Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir, quienes organizaron la Primera Marcha de Mujeres Originarias en abril de 2015 en Buenos Aires, la primera acción colectiva de esta envergadura.Y después también hay activistas “sueltas”: referentes culturales, referentes políticas y espirituales que tal vez ya no están ancladas a una comunidad rural o urbana, pero suelen estar vinculadas a alguna organización indígena, aunque sin ser necesariamente militantes.

Entonces, hoy algunas indígenas se definen como antipatriarcales, problematizan las violencias de género, algunas se están acercando a La Campaña por el Derecho al Aborto, pero no se definen a sí mismas como feministas. Mi hipótesis (vaga todavía) es que no lo hacen porque todavía hay cierta resistencia al feminismo y temor al mote de feministas que prevalece en el movimiento indígena continental. Las dirigencias indígenas suelen ser masculinas y los líderes tienen un mal concepto del feminismo, acusado de discurso foráneo y occidental y que eclipsa, desconoce o coloniza las concepciones indígenas precoloniales sobre el género y la sexualidad. Por otra parte, también es cierto que el movimiento indígena tiene una mirada idealista sobre las relaciones de género en el pasado pre conquista. Antropólogas como Rita Segato y algunas activistas indígenas reconocen que las sociedades indígenas también eran patriarcales pero no tanto como las sociedades europeas que llegaron para conquistar y colonizar. Aquí estoy pensando en conceptos como “patriarcado de baja intensidad” y “entronque patriarcal” de las feministas de Mujeres Creando quienes plantean que las mujeres andinas siempre estuvieron dentro de un entronque patriarcal que se intensificó con la conquista pero que, en síntesis, siempre hubo patriarcado.

Y así como siempre hubo patriarcado,siempre hubo mujeres que se rebelaron contra el poder patriarcal -y acá entra también el ejemplo de las mujeres en medio oriente-, siempre existieron mujeres que de, múltiples y diversas maneras,disputaron esa hegemonía masculina aunque sin declamarse feministas. Como decía la activista negra Bell Hooks, las mujeres y otros sujetos que fueron subalternizados siempre tienen a su alcance el poder de descreer de las categorías que les impusieron para definirse a sí mismas/os.

En el seminario estuvimos analizando algunos casos, como por ejemplo, el de una comunidad toba del este formoseño donde la iglesia evangélica tiene mucha presencia y donde las jovencitas empiezan a disputar esa hegemonía masculina apropiándose de las danzas y del espacio público. Si hasta ahora solamente los varones bailaban y tenían sus conjuntos de música, bueno, de a poco las jóvenes empiezan a apropiarse de esas prácticas y a construir su propio espacio de danza de mujeres, danzas y música femenina.

En las comunidades rurales del oeste formoseño donde trabajé entre el 2002 y el 2010, las mujeres rurales pasaron por un montón de situaciones difíciles e incómodas en su proceso de demanda por métodos anticonceptivos; estamos hablando de mujeres que viven en comunidades rurales del oeste formoseño y que demandaban al médico del centro de salud métodos anticonceptivos seguros y esto no era bien visto por sus maridos, padres, hermanos y pastores. Los varones decían que si las mujeres comenzaban a tomar pastillas ellos ya no podrían controlar su sexualidad, recuerdo que circulaban frases como éstas: “bueno, pero si mi mujer viene embarazada yo ya no sé si es mío o si es de otro tipo, porque las mujeres se van a andar por ahí cuando toman esas pastillas…”.

Entonces, lo que yo pude ver hace 12 años atrás era una especie de demonización de la mujer que tomaba pastillas o que utilizaba algún otro método anticonceptivo, y sumado a esto, la irregularidad de la llegada de este tipo de medicamentos a los centros de salud en comunidades rurales, todo lo cual hacía que muchas mujeres se tiren para atrás. Ahí claramente se veía que la disputa por el acceso y derecho a los métodos anticonceptivos tenía que ser colectiva, y hubo un intento de eso, se hicieron algunas reuniones…. Por eso digo que a pesar de que en estas zonas del chaco argentino no haya todavía colectivos de mujeres organizadas con una conciencia de género que forme parte de su identidad como mujer, siempre te vas a encontrar con disputas a la hegemonía patriarcal.

Entonces, con más razón, no podemos tener una mirada estática, idealista, esencialista, pensando que los y las indígenas están solamente atravesados por el discurso de viejos rituales y de antiguas cosmologías. Ahora bien, también es cierto que existen procesos de “recuperación” de principios y prácticas de esas antiguas cosmologías en algunos pueblos indígenas, como el mapuche, –en el marco de procesos de remergencia étnica en el país- pero creo que aquí hay que verlos como la búsqueda de lugares para resistir el sistema capitalista que excluye e invade los territorios de las comunidades originarias. La “recuperación” de prácticas y principios simbólicos y políticos de sus antiguas cosmologías también son un desafío al modo de vida capitalista que muchas personas indígenas no quieren ni eligen (y que otras tantas sí desean pero no pueden acceder porque están afuera del mercado de trabajo). Entonces, en algunos casos, los saberes y prácticas indígenas nutren nuevos horizontes de lucha e imaginarios para otras vidas posibles. Es el caso de algunas organizaciones mapuches de Argentina y Chile que vienen recuperando ceremonias, pequeños rituales, saberes medicinales, el idioma y su transmisión,el trabajo en el telar, el vestido de las mujeres, las formas de construir y gestionar el poder y la autoridad en sus comunidades y territorios…En fin, no es que quieren“volver al pasado” sino que esos lugares y prácticas les permiten afirmar una identidad colectiva y diferente en el presente para luchar por el cumplimiento de sus derechos colectivos…


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