Publicado en línea el Miércoles 25 de julio de 2018, por amalia

Carlos Martínez – Consejo Científico de ATTAC España

Desde hace unos años, llegadas estas fechas siempre escribo un artículo divulgativo sobre la guerra civil española, reivindicando las figuras de sus más injustamente olvidados protagonistas, los primeros milicianos y después soldados españoles que en ella combatieron defendiendo la Constitución de 1931 y la legalidad republicana y muchos de ellos también la revolución social, el socialismo y el reparto de tierras. Las guerras sin son ideológicas, la de 1936-39 tiene mucho de ello como lucha antifascista, suelen tener una gran carga de propaganda y en ocasiones de propaganda parcial de parte, lo cual dado el contexto internacional de la época y la correlación de fuerzas mundiales y el enfrentamiento posterior URSS-Alemania nazi, acabó influyendo mucho a la hora de difundir la historia militar de la contienda.

Veamos un ejemplo para aclararlo más, todo el mundo conoce y se difunde la figura del teniente coronel de milicias Enrique Lister, comunista y luego general en la URSS, pero nadie habla del coronel profesional Juan Perea Capulino ascendido a General y que fue uno de los jefes militares más eficientes, efectivos y valientes de la contienda y el primer soldado (ingresó en el ejército con 16 años y al inicio de la contienda era comandante) que llega a general en España, Perea mandó varias divisiones, cuerpos de ejército y el Ejercito del Este al final de la campaña de Cataluña, el que mejor resistió esa batalla. El problema es que Perea Cupulino, era republicano federal y simpatizante de la CNT. Pero veamos otro que es el que más nos interesa ahora.

La dirección política de la guerra, interferencias aparte, tuvo tres dirigentes republicanos a su frente, los socialistas Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Juan Negrín. Tanto Prieto como Negrín confiaron plenamente en el militar profesional y gran estratega Don Vicente Rojo que alcanzó el generalato y fue el jefe del estado mayor central.

Juan Negrín, llega al gobierno Largo Caballero como Ministro de Hacienda y desde él debe asegurar la llegada de alimentos, armamento y vituallas tanto para la población como para el ejército popular, que Largo Caballero organiza tomando como base la Brigada Mixta. Como tras la traición de Gran Bretaña y Francia a la República y la democracia, tan sólo Méjico y la URSS están dispuestas a enviar pertrechos y la potencia armamentística de la URSS es muy superior, Negrín organiza los pagos con lo único que tiene a mano, las reservas del Banco de España, pues la ayuda soviética fue pagada en oro, es decir comprada toda ella y la República debió utilizar sus grandes reservas de oro en financiar la guerra no sólo para con las URSS sino también en ocasiones con Francia e incluso traficantes de armas, siendo Negrín el ingeniero de tales operaciones. Siempre buscó infructuosamente romper el bloqueo francés. Pero Negrín como ministro de Hacienda hizo algo más, veamos.

El cuerpo de Carabineros, instituto militarizado de orden público fue mayoritariamente fiel a la República. Su cometido era fiscal, el control de puertos y fronteras, vigilancia de costas y persecución del contrabando. Por tanto funcionalmente dependía de Negrín y orgánicamente de Defensa. Los oficiales del cuerpo de Carabineros inmediatamente se pusieron al frente de numerosas milicias y columnas y, por ejemplo, son contingentes de carabineros y también de la Guardia Civil leal, los que en ocasiones decantan algunas zonas muy importantes en favor de la República.

Negrín cree en la organización y en la disciplina y pronto ve que tiene otro tesoro bajo su responsabilidad, los carabineros. Organizados y dotados de oficialidad profesional los incrementa con voluntarios, la mayoría de ellos socialistas, tanto procedentes de las columnas como de quintas y crea una fuerza militar que será según muchos historiadores la flor y nata del Ejercito Popular, las conocidas como “Brigadas de Carabineros” y popularmente “los hijos de Negrín” que alcanzan 40.000 efectivos y se encuadran en las Brigadas Mixtas 3ª,5ª,8ª,87,152,179,211,222,228 que participan en todas las grandes ofensivas y batallas y en la defensa de Madrid, claro en Teruel, el Ebro… Siempre con resultados más que aceptables. Negrín procura además que los carabineros no tengan ni influencia ni mandos comunistas. Otra cuestión es que siendo justos y veraces destaquemos que el comandante Galán procedente del cuerpo de Carabineros era comunista y uno de los buenos mandos del Ejército leal a la República.

Uno de los primeros decretos de Franco triunfador fue disolver en castigo un Instituto armado cuyos orígenes se remontan a Felipe V y que organiza Carlos III.

Las Brigadas de Carabineros merecen ser recordadas, reivindicadas y su historia bélica en favor de la legalidad republicana reconocida, siendo uno de los elementos clave del Ejercito Popular y otra de las grandes aportaciones de Juan Negrín a la defensa de la República que con su gran inteligencia y mentalidad científica supo ver el juego que darían fuerzas muy organizadas y disciplinadas. A su vez garantizar también la disciplina en retaguardia y de paso asegurar su fidelidad a él mismo.

Los hijos de Negrín, injustamente olvidados, se pueden considerar sin lugar a dudas las mejores fuerzas del ejército republicano. Por eso el asesino dictador, se ensañó con ellos y muchos de sus supervivientes sufrieron fusilamientos, cárcel o murieron en los campos de concentración nazis por ser leales a la legalidad republicana.

 

Carlos Martínez es politólogo y de la Plataforma Socialista pro PSF


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