Publicado en línea el Sábado 1ro de junio de 2019, por agustin

Catherine Samary *

Les possibles num 20, Consejo Científico de ATTAC Francia

La proximidad de las próximas elecciones europeas ha catalizado la producción de varias obras colectivas que comparten una perspectiva anticapitalista e internacionalista, así como una caracterización radicalmente crítica de la UE: este es el caso del libro de Attac-Copernic[1], así como del Colectivo “Chapitre 2″[2], que fueron objeto de una presentación cruzada en París el 13 de mayo[3]. Es también la perspectiva de la colección Europe alternatives démocratiques, Analyses et propositions de gauche[4] la que quiero comentar aquí. Todos defienden la idea -basada en la experiencia de Siria en particular- de que una política progresista implica una necesaria confrontación y ruptura con los tratados y políticas dominantes.

Resumen Ejecutivo

1. Desarrollo desigual, centro(s)/periferia y relaciones sociales en la UE

2. ¿Qué internacionalismo del 99%?

Esta base común -que a menudo se omite para empezar- no implica, en el estado actual de las cosas, elaboraciones e intercambios dentro y entre estos diversos grupos, un análisis consensuado de la historia, las crisis y las contradicciones de esta “construcción europea” y del capitalismo globalizado post-1989 del que forma parte. Son elaboraciones parciales, pero asociadas a experiencias de resistencia y a cuestionamientos legítimos: son saludables, expresando tanto la necesidad urgente de salir de un anticapitalismo abstracto como la voluntad de superar una verdadera crisis “estratégica” del movimiento altermundialista -que se manifiesta en el fracaso de Siria, como ante Brexit y en vísperas de las próximas elecciones europeas.

Estas son las tareas urgentes a las que contribuye el libro Europa, alternativas democráticas. Análisis y propuestas desde la izquierda, coordinadas por Benjamin Bürbaumer, Alexis Cukier y Marlène Rosato, que forman parte del movimiento del Manifiesto por un Nuevo Internacionalismo de los Pueblos de Europa[5]. Todas las contribuciones que contiene se dividen en tres partes principales: la primera parte, titulada “la crisis de la Unión Europea”, presenta en realidad los grandes retos estratégicos a los que se enfrenta la izquierda de la transformación social[6]. La segunda (“Unión Económica y Monetaria”) se centra principalmente en las desigualdades estructurales entre los países del “centro” y las distintas periferias del conjunto[7]. La tercera parte, titulada “La deuda, el euro, el empleo”, presenta ejemplos significativos de luchas nacionales (Francia, España, Grecia) en torno a estos grandes temas[8]. El epílogo “¿Qué hacer en Europa? Propuestas de izquierdas” es el resultado de una conferencia organizada en 2017 por la red EReNSEP en Francia.

En la coordinación del libro, los tres coautores que lo presentan subrayan su línea general abierta a diversas hipótesis de escenarios: “La ruptura con la Unión Europea (y en primer lugar con su núcleo, la Unión Económica y Monetaria) es un momento inevitable en una política de izquierdas orientada a la satisfacción de los derechos fundamentales de las personas, pero debe estar estrechamente vinculada a la construcción de una federación unida entre los Estados europeos al servicio de los intereses populares”. Esta segunda parte de la frase (sobre el proyecto europeo) no se reproduce en la contraportada, que conserva la base más común (la ruptura con la UE) en la diversidad de situaciones y sensibilidades expresadas en el libro. En cualquier caso, la introducción del compendio no evita la dificultad de poner en práctica el proyecto europeo alternativo defendido: “sería ilusorio, por supuesto, pensar que una federación tan popular y unida podría crearse de la noche a la mañana” (p. 26). Los tres autores invitan entonces a reflexionar sobre los escenarios (“pasos”?) que podrían conducir a ellos y presentar el “camino del libro”.

En lugar de seguirlo paso a paso en la riqueza de cada una de sus contribuciones y de las tres partes antes mencionadas -que irían más allá de los límites de esta revisión- trataré de informar temáticamente sobre sus contribuciones y, por lo tanto, sobre las cuestiones que pueden estimular, a nivel analítico y estratégico, ya que están articuladas de manera diferente según los argumentos propuestos.

1. Desarrollo desigual, centro(s)/periferia y relaciones sociales en la UE

El texto de Joachim Becker (que introduce la segunda parte centrada en las desigualdades estructurales en la UEM, p. 93) critica las ilusiones de un lado de la izquierda sobre la posibilidad de “transformar fundamentalmente la Unión Europea desde dentro”. Asocia este enfoque con lo que él caracteriza como “keynesianismo de izquierda europeizado”. Y cree que los defensores de tal enfoque se basan en una “estrategia de “crear “la unidad de las clases más bajas de Europa a través de luchas comunes”", dice, citando un artículo de un periódico marxista alemán (nota 1, p. 93). Según Becker, “los representantes de tal posición sobreestiman las posibilidades de movilización conjunta en la medida en que subestiman el grado de desarrollo desigual dentro de la Unión Europea. “Su error se vería reforzado por el hecho de que estas corrientes “no abordan suficientemente el significado central del régimen monetario de la Unión” para la cristalización de las relaciones sociales y un modelo de desarrollo desigual”. En otras palabras, Becker señala que “los sistemas de acumulación en la Unión Europea durante los últimos veinte o treinta años no pueden caracterizarse únicamente como gestionados por las finanzas”.

Los efectos específicos desiguales de una moneda única impuesta a un grupo de Estados con diferentes niveles de desarrollo y estructuras, vinculados por la competencia del mercado, se recuerdan obviamente en varios textos, y son ampliamente reconocidos. Pero también se combinan con relaciones específicas de “centro-periferia”. A menudo se mencionan al no incluir en el análisis las diferencias entre las periferias (internas de la UE) del Este y del Sur, lo que obviamente es extremadamente importante. Por el contrario, y esto es una ventaja de este libro, los tres artículos de esta sección se refieren a ellos. Una visión que integra plena y coherentemente los diversos artículos, contextos, fases y discontinuidades de la integración europea de la CEE a la UE, antes y después de la transición internacional (y continental) de 1989, está aún lejos de ser alcanzada[9]. Sin embargo, lejos de los enfoques simplificadores de un sindicato simplemente dominado por el capital financiero, el libro intenta estimular el análisis histórico concreto. Esto requiere la unificación alemana y sus efectos en el proyecto de la UE. Este elemento está muy presente, con razón, en el texto de Becker o Lapavitsas en esta parte, lo que contribuye a los debates necesarios.

¿Qué análisis surge de esta construcción tan desigual? Por un lado, Costas Lapavitsas y Joachim Becker se refieren con razón a los ataques frontales contra los trabajadores alemanes, que han dado lugar a mayores recortes en la protección social y los salarios alemanes que en cualquier otro lugar de la UE. Analizan bien cómo esto formaba parte de una estrategia de producción y exportación que también aprovechaba las relaciones de dependencia de los nuevos vecinos orientales y del euro. Pero, por un lado, como ya se ha dicho cuando se citó a Becker, esto no se utiliza como argumento para una estrategia basada en la creación de alianzas de las clases más bajas dentro de la UE. Tampoco se subraya que estas opciones políticas alemanas específicas (y los superávit comerciales alemanes frente a los déficits de otros países), que son importantes fuentes de inestabilidad en la UE, necesariamente sacuden a la propia Alemania. Además, para Costas Lapavitsas (p. 117-118), la Unión Económica y Monetaria funciona en la práctica como un “mecanismo de dominación económica al servicio del capitalismo industrial alemán basado en la compresión de los salarios de los trabajadores alemanes” (…) “que a su vez permitió la hegemonía económica “de Alemania” sobre el resto de Europa”. Y señala que, en su opinión, después de la crisis se produjo un cambio (p. 119): “Alemania consiguió controlar plenamente la crisis y sus respuestas en Europa, subordinando las fuerzas del centro de la Unión Europea a su voluntad y consolidando su posición de dominación en la periferia”.

Sin embargo, por un lado, en la crisis griega (como señala Becker en la página 112), el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schaüble estaba a favor de que Grecia abandonara la zona euro – Holanda – presentando en ese momento la renuncia a este escenario como un éxito, de acuerdo con la orientación de Varoufakis (y las aspiraciones populares en Grecia hostiles a una salida del euro). Por otra parte, desde el punto de vista monetario, la política absolutamente “no convencional” del BCE estaba en abierto conflicto con los funcionarios del Bundesbank: las decisiones del BCE “chocaban constantemente con las posiciones del Bundesbank”. A partir de septiembre de 2011, Jürgen Stark, miembro alemán del Comité Ejecutivo del BCE y economista jefe, prefiere dimitir en lugar de tomar estas decisiones. Del mismo modo, Jens Weidmann, Gobernador del Bundesbank, se ha opuesto sistemáticamente a opciones contrarias a la ortodoxia monetaria que defiende”[10].

Por último, ¿cuál es el “centro” de esta Unión? ¿Se concentra, por tanto, en Alemania, que ha conseguido subordinar a sus elecciones las demás potencias del centro histórico de los países fundadores de la CEE? ¿Está Italia en el centro o en el PIGS[11]? ¿Y dónde debería estar situada Francia? A nivel político, a la luz de los procesos de toma de decisiones y de alianzas en momentos clave, la noción de eje franco-alemán es la más relevante, no sin conflictos y contradicciones concretas y sin la capacidad de imponer estabilidad en las relaciones de la UE. Pero, desde un punto de vista socioeconómico, en muchos gráficos, Francia ocupa una posición media entre la periferia sur y Alemania/Países Bajos/Bélgica. En general, la conceptualización “centro-periferia” está llena de vaguedades e insuficiencias, incluso si cubre una parte muy real de los poderes crecientes de los organismos no electos de la UE y del Eurogrupo informal. Pero la ofensiva capitalista de los años ochenta, radicalizada después de 1989, y su escenario específico en Europa, debe analizarse en su novedad histórica; se trataba, ante todo, de intentar destruir las conquistas sociales de sus propias clases subordinadas, resultantes de la fase anterior y sus conflictos entre sistemas, en los países capitalistas dominantes, en los Estados Unidos y en la CEE que se ha convertido en la UE: lo que comenzó con la destrucción del New Deal en Estados Unidos y la antisocial y antidemocrática “TINA” de Margaret Thatcher (No hay alternativa), se hizo más radical y se extendió a Alemania tras la unificación y gracias al importante deterioro de las relaciones de poder entre las clases, asociado a la restauración capitalista en el Este (y China). Como señala Eric Toussaint en su texto, la dureza de los ataques del Eurogrupo contra la población griega expresaba el miedo al contagio (y por tanto la fragilidad e ilegitimidad de las políticas dominantes) y el deseo de consolidarlas y ampliarlas, como vemos en Francia. Sin embargo, las nociones de “centro/periferia” no expresan bien esta realidad.

En otras palabras, existe una “periferia” social y política en los países del “centro” histórico, y fuerzas que se adhieren a los objetivos sociales de las clases dominantes del “centro” en las diferentes periferias de la Unión: se trata de realidades de clase concretas. Se combinan intrínsecamente con “cuestiones nacionales” en sentido amplio, que cualquier orientación internacionalista y para otro proyecto europeo debe abrazar, combinándolas con cuestiones sociales. ¿No deberíamos estar buscando el “eslabón débil” estratégico de esta Unión? ¿No debería construirse en la alianza entre las fuerzas sociales y políticas antiglobalización de unos pocos países miembros, sino en el “centro” y en las dos periferias de esta unión (imagínense: Francia, España, Portugal, Alemania y Eslovenia)? ¿No deberíamos ampliar las “diez propuestas” expresadas por Éric Toussaint, y los ejemplos de la tercera parte del libro, con proyectos para establecer vínculos entre ciudades rebeldes en el mayor número posible de países -abiertas a los inmigrantes y poniendo en práctica políticas alternativas? ¿O mediante campañas a favor de un fondo europeo de inversión pública para crear puestos de trabajo que cumplan los requisitos de la transición ecológica, basados en los derechos sociales y los controles democráticos? ¿O una “auditoría” pública europea sobre la fragilidad amenazante del sistema bancario europeo y sobre los créditos tóxicos que afectan tanto a las autoridades públicas como a los hogares? Por último, ¿por qué estar tan poco convencido de que un avance progresivo en un país como Francia, desobedeciendo las políticas dominantes en nombre de los objetivos sociales, ecológicos y democráticos que se dirigen a todos los pueblos (y no en nombre de un deseo arrogante de “soberanía nacional”), tendría el poder de deslegitimar y paralizar esta Unión en favor de un proceso constituyente democrático[12]?

2. ¿Qué internacionalismo del 99%?

Sabemos, contrariamente a las visiones reductoras del marxismo, que los proletarios no son sólo hombres, blancos, ateos, heterosexuales y sin “conciencia nacional”, y Benjamin Bürnbaumer tiene obviamente razón al recordar en su contribución que no implica necesariamente “nacionalismo” en el sentido chauvinista. El capitalismo del siglo XXI también confirma que las clases bajas pueden ser con o sin empleo remunerado, pequeños productores de bienes o servicios en las ciudades, a veces con el estatus de “trabajadores autónomos”, o pequeños agricultores (ahora organizados en La Vía Campesina a escala internacional). ¿Qué internacionalismo corresponde a estas poblaciones subordinadas y a estos 99% contra el internacionalismo del capital y el 1%?

Becker señala que parte de la izquierda europea legitima una estrategia de lucha dentro de la UE como “internacionalista”. Como otros en este libro y más allá, denuncia a la UE como una expresión concreta de un internacionalismo del capital y como una estructura con “selectividad estratégica” (p. 116), es decir, diseñada para defender los intereses de clase. Pero todas las instituciones del capitalismo incorporan esa “selectividad” y tienden a acentuarla en el contexto de las políticas “ordoliberales”. El Estado-nación francés -y sus representaciones- ya no está abierto a las clases bajas y a las luchas progresistas que criminaliza cada vez más. ¿Por qué, entonces, no se pueden librar luchas sociales y políticas dentro y fuera de la UE[13]? Las grandes movilizaciones han bloqueado el antiguo TAFTA y ahora se están extendiendo a nivel europeo contra las multinacionales y sus ataques contra los derechos de las personas y el medio ambiente. La idea de que podemos resistir los dictados y desobedecer está creciendo. ¿Por qué el internacionalismo proletario (en el sentido amplio) sólo puede ser defendido saliendo primero de la UEM -o de la UE- cuando la mayor parte de las inversiones y el comercio tiene lugar entre los países de la UE y cuando las poblaciones de esta “Unión” están sujetas a las mismas instituciones y tratados? Si no hay una “burguesía europea” unificada -ni una capacidad del capital para estabilizar la construcción capitalista europea- hay, sin embargo, una “construcción” institucional burguesa ordoliberal, que incluso Brexit está lejos de haber destruido, pero cuyo poder de molestia debe ser bloqueado y deslegitimado, en contraste con la percepción popular (especialmente en la juventud) de que es en esta escala donde otra lógica económica, social y ecológica sería creíble y apoyaría a los pueblos del resto del mundo.

¿Qué estrategia debemos pues oponernos al internacionalismo del capital y sus relaciones de opresión y dominación? En conclusión, me gustaría destacar las respuestas dadas en este libro por Josep-Maria Antentas sobre este punto. Cuestiona el “internacionalismo del 99%” (p. 51) en el contexto del pasado y presente de la globalización capitalista. Esto impone la exigencia primaria de “superar todo el eurocentrismo” y “asumir la desprovincialización definitiva de Europa en el contexto global” (p. 54). Subraya cómo “la globalización provoca una nueva jerarquía de Estados” y una “flagrante contradicción entre democracia y capitalismo”. De ahí la centralidad del “impulso a la “democracia real ahora” “que debe perseguirse hasta el final” (p. 56). Sin embargo, añade, “la estrategia de ruptura con la Unión Europea del capital no puede quedar atrapada en una retórica de recuperación de la soberanía nacional”. Más bien, debe “ser parte de un programa de transición a otro modelo y una perspectiva de internacionalización de la lucha de clases”. Para ello, es necesario “hacer desplazamientos internos en el concepto de soberanía” (subrayado en el texto). No puede definirse en términos exclusivamente nacionales, sin vincular la soberanía nacional a la soberanía popular” (que abarca “todas las dimensiones de la vida social y está estrechamente vinculada a la lucha contra todas las formas de opresión y explotación”). Destaca de paso cómo “el movimiento campesino y su concepto de soberanía alimentaria” son “ejemplos de expansión estratégica del concepto de soberanía”. Además, dijo, es necesario “articular la soberanía política formal con la soberanía real en relación con el capital financiero” (p. 57) – ¿a qué escala?

Josep Marie Antentas, se opone a cualquier marcha paso a paso, así como a cualquier jerarquía fija entre lo local, lo nacional-estatal, lo continental, lo global en la lucha y el pensamiento estratégico anticapitalista, tomando prestada de Daniel Bensaïd la fórmula y la dialéctica de una “escala móvil de espacios”. Explicando las tensiones que atraviesan la izquierda frente a los retos europeos, subrayó: “el problema fundamental” a nivel estratégico es que, por un lado, “las corrientes de izquierda que más han insistido en romper con la Unión Europea y el euro son las que tienden a favorecer el campo de la lucha Estado-Nación” y, por otro, “las corrientes que más han subrayado la necesidad de una acción internacional coordinada tienden a formular una ola crítica de la lógica de la UE”. Por lo tanto, “el Alter-Europeismo corre el riesgo de fusionarse con las posiciones de reforma de la UE y las propuestas para la ruptura de la UE con las posiciones de retirada nacionales”. Frente a este “doble riesgo”, es imprescindible desarrollar “una estrategia de ruptura internacionalista con la Unión Europea que defienda la necesidad de proyectos de cooperación entre los Estados y, en cuanto a los movimientos, que intente construir un espacio europeo de lucha, un pueblo europeo de lucha firmemente opuesto a la Unión Europea y a sus políticas”. Cualquier proyecto de destrucción de la UE no debería ser una retirada estratégica del campo de batalla del Estado nacional, sino que debería reforzar la acción internacional. Destruir la Unión Europea de capital requiere una mayor y mejor internacionalización de las luchas.

Esperemos que la izquierda de la transformación social (política, sindical, asociativa) aborde la construcción de ese “espacio” sociopolítico en el que se abran tácticas adaptadas a situaciones heterogéneas y a la desincronización de las luchas, “pensamiento” y articulado permanentemente a un proyecto común, y en el que un “sitio de sitios” como la altersumisión o un Observatorio de luchas (como el proyecto Attac) haga visibles todas las campañas autónomas. Es una contribución de este libro -y de la red de la que emana- para estimular tales reflexiones.

Notas

1] Attac-Fondation Copernicus, Esta Europa harta del neoliberalismo. La urgencia de desobedecer. Les Liens qui Libèrent, 2019, coordinado por Pierre Khalfa, Dominique Plihon, Jacques Rigaudiat y Aurélie Trouvé.

2] Aurélien Bernier, Morvan Burel, Clément Caudron, Christophe Ventura, Frédéric Viale, La Gauche à l’épreuve de l’Union européenne, Éditions du croquant, 2019.

3] Pierre Khalfa y Aurélie Trouvé para el primero, Morvan Burel y Christophe Ventura para el segundo presentaron estos trabajos después de una introducción del periodista Fabien Escalona, especialista de los periodistas de izquierda europeos, el 13 de mayo a las 19 horas en el CICP, 21ter rue Voltaire, París 11e.

4] Coordinado por Benjamin Bürbaumer, Alexis Cukier y Marlène Sosato, miembros de la red EReNSEP (European Research Network on Social and Economic Policy), La Dispute, 2019.

5] Es el resultado de un proceso de discusión “Recomienda Europa” promovido por EReNSEP, CADTM y el sindicato vasco ELA, en el que participé y al que han contribuido varios de los autores de la primera colección que aquí se enumeran (“Alternativas Europa”). Puede leerse, así como la lista de sus signatarios de varios países europeos.

6] Con la colaboración de Éric Toussaint (portavoz internacional del CADTM y coordinador científico de la auditoría sobre la deuda griega), Josep-Maria Antentas (activista e investigador de la izquierda radical de Bercelona) y Benjamin Bürbaumer (uno de los coeditores del libro EReNSEP).

7] Son analizados por los investigadores Joachim Becker (Austria), Costas Lapavitsas (Reino Unido), Ana Podvršić (Eslovenia).

8] Con la experiencia y las propuestas de Patrick Saurin (sindicalista del Sud Solidaires y miembro del CADTM) sobre “la deuda pública en Francia”; sobre el empleo, el euro y la crisis en España, el análisis de los investigadores Pablo Cotarelo y Sergi Cutillas, y un extracto del texto de 2015 de Heiner Flassbeck (Hamburgo) y Costas Lapavitsas para “un programa de rescate social y nacional para Grecia”.

9] Las diferentes fases y contextos de las relaciones de los países del Sur con la CEE (en el contexto de un mundo “bipolar” antes de 1989), luego con la UE, y el desplazamiento de la restauración capitalista hacia el Este no se especifican claramente en los dos primeros textos de esta parte, con sus diferentes opciones presupuestarias. Por el contrario, el texto de Ana Podvršić ofrece una presentación crítica más clara de los indicadores generalmente utilizados sobre el “crecimiento” y la “productividad” detrás de la “desindustrialización” y la nueva “periferalización” asociada a la restauración capitalista en Europa Central y Oriental.

10] “Véase Attac-Fondation Copernicus, Cette Europe malade du néo-libéralisme, p. 81.”

11] Un acrónimo poco halagador que engloba a los países más frágiles que se enfrentan a la crisis: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (España).

12] Es muy interesante que el libro The Left in the Test of the European Union (La izquierda en la prueba de la Unión Europea), citado en la nota a pie de página 2, se ocupe en su última parte de este escenario de una manera muy creíble, al tiempo que hace una crítica radical de la UE y de sus limitaciones legales.

13] Véase, en particular, “No hay salida de izquierdas” de la UE sin otra “Europa permanente”-dentro/contra/fuera de la UE”.


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