Publicado en línea el Viernes 18 de marzo de 2016, por Julio Gambina

Foto: Imagen del golpe en Honduras. Fuente: juventudrebelde.cu

Se trata de un ciclo histórico mundial que encontró su límite en el proceso de cambio político en nuestra región a comienzo del Siglo XXI, del cual es parte la pueblada del 2001 en la Argentina. Ese límite gestado desde las luchas populares en el continente convergió desde 2007 con la crisis mundial del capitalismo, que continúa en el presente y con un horizonte de finalización muy difícil de pronosticar.

En estas cuatro décadas de ofensiva de las clases dominantes se pudo construir una respuesta desde el 2001, que en Argentina supuso un aliento a una nueva institucionalidad popular entre las que reconocemos al movimiento de asambleas, las organizaciones territoriales, destacándose las de los piqueteros, el movimiento ambiental, la expansión del movimiento de mujeres en diversas manifestaciones, la visibilidad de las luchas de los pueblos originarios y el surgimiento de un nuevo modelo sindical con la Central de Trabajadores de la Argentina.

En Nuestramérica, lo nuevo disputó el gobierno y se generaron expectativas de cambio político, incluida la propuesta de construir un horizonte socialista, del Siglo XXI, o comunitario. Se gestaron condiciones para un despliegue de nuevos rumbos en materia de integración, primero con el No al ALCA y luego con la aparición de novedosas iniciativas como el ALBA-TCP y especialmente la CELAC, excluyendo de ese ámbito a Norteamérica. Más allá de las diferencias de proyecto en su seno, por primera vez se apuntaba la integración regional sin la tutela de EEUU.

Nuestra tesis es que en un marco de ofensiva capitalista, en estos años, los pueblos de Nuestramérica construimos una contra tendencia que necesita constituirse en ofensiva popular por cambios estructurales, anticapitalistas, anticoloniales, antiimperialistas, contra el patriarcalismo y toda forma de discriminación y racismo.

Es un desafío matizado en cada uno de nuestros países, que supone un estudio a fondo de los cambios gestados en la ofensiva capitalista.

Para el caso argentino supone reconocer:
a) el impacto regresivo en la relación entre el capital y el trabajo, con desempleo y subempleo; flexibilidad laboral y salarial; precariedad extendida, tercerización de la fuerza de trabajo, extensión de relaciones de trabajo irregulares con ampliación de la informalización. Todo lo cual supone fragmentación de las/os trabajadoras/es y del movimiento obrero en su diversa composición y la correspondiente impunidad empresaria contra los intereses y derechos de las clases subalternas;
b) los cambios en la función del Estado, especialmente inducido con las privatizaciones de las empresas públicas; la mercantilización de derechos sociales como la educación o la salud; la creciente privatización de la seguridad y de la justicia enfocada en la defensa de la seguridad de los inversores capitalistas. El Estado avanza como soporte esencial del programa del capital más concentrado; y
c) la reorientación de las relaciones internacionales de la Argentina para una inserción subordinada que profundiza la dependencia económica, política y cultural de los centros imperialistas del poder mundial.

En la coyuntura se agudizan las tensiones en donde las clases dominantes pretenden contener la contraofensiva popular en Nuestramérica. Por eso los golpes en Honduras y Paraguay, como intentos para construir propuestas políticas que retomen el programa de la liberalización de los años ‘90. En ese marco se inscribe el gobierno Macri en Argentina y la disputa institucional en Venezuela, Brasil y otros países de la región. No es ninguna novedad, sino manifestación de la lucha de clases, que tiene formas nacionales inscriptas en un proceso mundial de crisis capitalista e iniciativa por retomar la lógica expansiva del capital, contra las/os trabajadoras/es y el saqueo de los bienes comunes.

Necesitamos reflexionar sobre estos 40 años y reconocer que las motivaciones esenciales apuntaban a modificar sustancialmente las relaciones sociales de producción y generar nuevas condiciones para la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de la naturaleza. Por eso se afectaron los derechos laborales y sociales para afectar la subjetividad y organización popular y desde allí cambiar las instituciones del orden local, que van desde la ley de entidades financieras de 1977 a la ley antiterrorista y el protocolo de seguridad; como las reiteradas renegociaciones de la deuda en cada uno de los turnos constitucionales hasta el presente.

Pero también hay que reflexionar sobre nuestra experiencia, en la resistencia a la dictadura, desde el movimiento de trabajadores y de derechos humanos; la dinámica propia desde la emergencia de la CTA y el protagonismo hacia el 2001 y los límites en la actuación para transformar la pueblada en una estrategia de poder alternativo, incluso de gobierno. Se trata de discutir la incapacidad propia para gestar poder popular alternativo y la fragmentación producida desde los gobiernos kirchneristas en 12 años, facilitando la arremetida de la derecha con Macri y sus aliados en el gobierno.

En primer lugar debemos denunciar el proyecto estratégico del golpe de 1976, para frenar el poder del pueblo y reconstruir el capitalismo argentino y sus novedades actuales en el modelo productivo (sojero, mega minero, ensamblador, de concentración y extranjerización) y de desarrollo (consumismo, individualismo, fragmentación social). En simultáneo avanzar en el balance de nuestra propia acción y construcción para potenciar lo acumulado y desplegar iniciativa política de unidad para estimular una contraofensiva popular y disputar el poder.

No se trata de un proceso local, sino que requiere de articulaciones regionales y mundiales, ya que en tiempos de transnacionalización del capital y continuidad de la ofensiva capitalista en la crisis, nuestro desafío pasa por nuestro proceso de auto organización, potenciando la CTA, promoviendo la unidad de acción nacional, regional y mundial. Son las condiciones de posibilidad para que el NUNCA MÁS sea realidad.

— 

Julio C. Gambina es Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, IEF-CTA A. Especial para CTA Rosario


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