Publicado en línea el Martes 9 de julio de 2019

Auspiciada por destacados grupos de la sociedad civil y por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los días 18 y 19 se septiembre se celebrará en Nueva York la Cumbre de los Pueblos sobre el Clima, los Derechos y la Supervivencia Humana, primera cumbre mundial que se organiza sobre la cuestión de los derechos humanos y el cambio climático. Tiene por objeto animar a la comunidad de derechos humanos a intensificar con urgencia sus iniciativas de justicia climática, creando el movimiento más diverso jamás formado para abordar la crisis climática.

Amnistía Internacional, Greenpeace Internacional, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Centro de Derecho Ambiental Internacional, el Fondo Mundial Wallace y el Centro de Derechos Humanos y Justicia Global de la Universidad de Nueva York organizan la Cumbre de los Pueblos sobre el Clima, los Derechos y la Supervivencia Humana en respuesta a la necesidad urgente de iniciar una nueva era activismo climático y buscar soluciones basadas en los derechos humanos a la catástrofe climática.

Derechos de las personas en el centro de las soluciones a la emergencia climática

Las personas y sus derechos fundamentales deben ocupar un lugar fundamental en las soluciones reales al deterioro climático. Ésta es una invitación para que todas las personas que valoran la dignidad y el bienestar humanos apoyen con todas sus fuerzas el llamamiento en favor de una justicia climática global, y para que quienes trabajan para proteger nuestro planeta centren sus esfuerzos en las comunidades, en especial en aquéllas donde habitan las personas más afectadas por la crisis climática y menos responsables de ella.

La comunidad de derechos humanos puede aportar energía, conocimientos y bases de apoyo clave a la lucha por la justicia climática. La fuerza de un movimiento colectivo para resolver la crisis climática debe estar a la altura de la gravedad del problema. Nuestras organizaciones se están agrupando para que sea así, y estamos pidiendo a la comunidad ambientalista y a la de los derechos humanos que se unan a nosotras.

Para superar este reto, las personas deberemos tener conectarnos las unas con las otras y estar más comprometidas que nunca con nuestro planeta. Es una cuestión de supervivencia. El crecimiento sin control de las emisiones de dióxido de carbono ha desencadenado cambios desestabilizadores en nuestro clima, peligrosos y sin precedentes. La dejadez de empresas y gobiernos ya ha expuesto a millones de personas a catástrofes meteorológicas cada vez más extremas. Debemos dar marcha atrás ya: se está acabando el tiempo para poder hacerlo.

No nos engañemos. Los efectos del cambio climático ya menoscaban nuestros derechos a la salud, la alimentación, el agua, la vivienda, el trabajo e incluso a la propia vida. Y son aún más graves para las personas que ya están en situaciones vulnerables en lugares golpeados por la dureza del clima, la pobreza o la opresión. Nuestras sociedades no pueden seguir así. Las personas necesitan tener acceso a la justicia, los gobiernos deben trabajar para ellas y las empresas deben rendir cuentas de sus actos.

Es hora de actuar. Por todas partes hay señales de una voluntad común de hacerlo. Las calles se llenan de estudiantes que piden un futuro seguro. Los pueblos indígenas alzan la voz en defensa de la tierra, el agua y los derechos de sus comunidades. Los trabajadores y trabajadoras exigen puestos de trabajo seguros y bien pagados en industrias mejores y más limpias. Quienes luchan en favor de los derechos de las mujeres aportan muchas soluciones feministas. Líderes religiosos nos piden que protejamos las comunidades y la naturaleza. La comunidad científica se reúne y comparte hallazgos para sacarnos de la crisis.

Sabemos cuál es el reto, y las respuestas están ahí. Ya existen soluciones, como utilizar fuentes de energía renovables, respetar los derechos fundamentales y la sabiduría tradicional, y centrarnos realmente en las necesidades de las personas por encima de la avaricia de las empresas.

Todas nuestras organizaciones se ocupan ya del cambio climático, algunas más explícitamente que otras, pero es el momento de vincular nuestras causas y unir fuerzas. Se nos viene encima una situación de emergencia climática y debemos actuar ya.

Defensores y defensoras de los derechos ambientales, pueblos indígenas y activistas locales llevan desde hace tiempo jugándoselo todo para combatir la degradación ambiental. A su lucha se unen ahora movimientos de masas cada vez más grandes, como las huelgas de estudiantes por el clima, el movimiento Rebelión contra la Extinción y activistas que piden un Nuevo Pacto Verde Mundial.

En esta nueva era de activismo climático, la comunidad de derechos humanos no puede mantenerse al margen. Es más urgente que nunca que demos un paso adelante trabajando en colaboración para proteger a las comunidades y los individuos que están en la primera línea de la lucha contra el cambio climático.

Por ese motivo, 150 activistas, líderes y lideresas no gubernamentales de diferentes comunidades se reunirán el 18 y el 19 de septiembre en la Cumbre de los Pueblos sobre el Clima, los Derechos y la Supervivencia Humana. Nuestras organizaciones estarán allí junto con la Oficina de Derechos Humanos de la ONU para apoyar a las personas que exigen a sus gobiernos que emprendan de inmediato una ambiciosa acción climática para proteger a las comunidades. Creemos en aprovechar todo el potencial de un movimiento diverso para salvaguardar a las generaciones actuales y futuras. Un movimiento unido para exigir justicia climática.

Han firmado

Astrid Puentes, codirectora ejecutiva, Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente (AIDA)

Carroll Muffett, presidenta y directora general, Centro de Derecho Ambiental Internacional

Chris Grove, director ejecutivo, Red DESC

Ellen Dorsey, directora ejecutiva, Wallace Global Fund

Gillian Caldwell, directora general, Global Witness

Iago Hairon Souza, coordinador, Engajamundo

Jennifer Morgan, directora ejecutiva internacional, Greenpeace Internacional

Kumi Naidoo, secretario general, Amnistía Internacional

May Boeve, directora ejecutiva, 350.org

Phil Bloomer, director ejecutivo, Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos

Philip Alston, presidente, Centro de Derechos Humanos y Justicia Global de la Universidad de Nueva York

Sharan Burrow, secretaria general, Confederación Sindical Internacional

Sofia Monsalve, secretaria general, Organización Internacional por el Derecho a la Alimentación

Steve Trent, director ejecutivo de la Fundación para la Justicia Ambiental

Thalita Silva e Silva, coordinadora, Engajamundo


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