Publicado en línea el Miércoles 30 de marzo de 2016, por ANRed - Sur (redaccion@anred.org)


En la coyuntura actual en la cual la reflexión del papel de los medios de comunicación y la política parece no sólo necesaria sino urgente, Mariano Mancuso editó el pasado año su libro sobre el diario “La voz”, financiado por Montoneros, cuya salida abarcó la caída y los años posteriores de la última dictadura militar. Partiendo de su tesis de grado, Mancuso logró dar cuenta con su investigación de un complejo testimonio periodístico de época: la reconstrucción de la historia de un diario que prestaba la voz a los que no la tenían. Por Nadia Salinas para Anred.


¿Cómo llegaste a esta investigación? ¿Qué es lo que te interesó?

En realidad, mi viejo y mi tío trabajaron en el diario brevemente. Y ni siquiera como periodistas, sino como correctores. Y me contaron la historia del diario. Cuando empecé la facultad vimos historias de muchos medios de esos años, pero nunca nos hablaban del diario. Entonces, me llamó la atención. En ese momento yo tenía que preparar la materia que es con la que empezás a diagramar lo que es tu tesina. Uno de los ejercicios es diagramar un capítulo de lo que va a ser tu tesina. Y empecé a pensar temas. Pensé que podía ser este tema. Consulté con mi docente y me dijo “sí, puede ser. Está bueno”. Empecé a investigar y a meterme en el tema. Para mí era un diario que todo el mundo sabía que existía. Y lo que me terminé dando cuenta es que nadie conocía el diario, nadie sabía que existía. Y que habían pasado un montón de cosas importantes. Cada vez me iba metiendo más y una vez que estaba adentro quería contar la historia completa. Empezás a hablar con gente y siempre te parece que te falta algo. Y querés hablar con alguien más, ver un dato más. Y estuve casi diez años haciendo todo, desde 2006 a 2013.

¿Por qué te parece importante contar la historia del diario?

Primero porque está bueno mostrar lo que dice el diario en ese momento. Se habla de cuán difícil es hacer periodismo en ciertos momentos de extrema represión, control y censura como era la dictadura, en términos generales. El diario La voz es uno de los ejemplos cercanos, es la última dictadura, de diarios que empezaron a decir cosas. Y en la prensa argentina, lamentablemente, la mayor parte de los diarios no decían cosas, se las callaban. Entonces, por un lado, es interesante eso. Y por otra parte, otra cosa que me interesó fue que empecé a ver que los trabajadores, sobre todo durante el primer año del diario que creo que fue el mejor, todos estaban subidos al mismo tren. Después se empezaron a bajar, unos iban para un lado, otros para otro y hubo un montón de problemas. Los que trabajaron en el diario en ese principio venían de sectores muy diversos. Venían del Partido Comunista, Peronistas, Socialistas. Venían de sectores muy diversos, de todos lados.
Y más allá de las diferencias, porque no ocultaban las diferencias lo que mostraban era que se podían poner de acuerdo. Lo que arreglaba esa situación era que el objetivo era que cayera la dictadura. El enemigo era uno, y eso generó una unidad, un espacio de discusión y de debate que todos reconocen que el diario tenía, que para mí es lo más rico que tiene el diario como ejemplo. El hecho de que permitió que surgiera algo que representara a un sector amplio de la población, más allá de un montón de diferencias, que quizás si uno las traslada a la actualidad no es algo habitual. En general esas diferencias hacen explotar cualquier proyecto. Ese es su buen ejemplo. Creo que la historia del diario sirve en algún punto para interpretar un montón de proyectos que se hicieron antes y que se hicieron después. Y para pensar qué cosas se pueden hacer y qué cosas no habría que repetir si uno quiere hacer un proyecto comunicacional que encima cada vez es más importante. Probablemente haya que hacer algo de eso, con lo difícil que es ponerse de acuerdo con personas que no piensan lo mismo, pero en la mirada global, sí.


¿Por qué pensás que el diario no es conocido hoy en día?

Hay muchos lugares donde el diario podía ser conocido, como en el ámbito periodístico. Hay muchos periodistas en cargos relativamente jerárquicos hoy en los grandes diarios que trabajaron ahí. Algunos, en términos periodísticos lo recuerdan. Quizás no se referencian mucho pero saben que había un diario que se llamaba así. También mucha gente lo recuerda porque tenía cierta vinculación con la militancia de izquierda o progresista en general de esa época. Tiene mucho que ver que el diario haya sido un diario de nicho en un momento bastante complicado. Al final de la dictadura nadie salía felizmente con el diario abajo del brazo, nadie gritaba que lo había comprado. Había una escuela del miedo que estaba metida en todas las personas. Quizás eso es lo más difícil de transmitir. Yo no lo viví, con lo cual tampoco no puedo explicar cómo esa gente se sentía en ese momento. Pero el diario en algún punto era una especie de consumo oculto. Entonces, quizás haya quedado pegado a eso, en comparación con otros medios de esa época. El diario Noticias, que fue el otro diario que tenían los Montoneros. Si bien Noticias era el diario del auge de Montoneros, este es el diario de la caída. Supongo que ninguno de los periodistas del diario La voz sufrió la represión como la sufrieron los del diario Noticias. De hecho, pasó antes de la dictadura y La voz es un diario posdictadura. La verdad, hay muchas cuestiones, no creo que haya una explicación. Quizás el tema de la derrota, que está contado específicamente por los que formaron parte de la militancia de Montoneros que cuenta que de este tema ya no se habla más. Quedó de lado. No sé si fue muy pensado o sólo algo que se dio, pero se dejó de hablar del tema. No sé si hay un motivo. Lo trabajé y me costó definir por qué es que no se habla del tema. Por alguna razón se dejó de hablar y se hizo costumbre. En algunos casos puede que haya cierto estigma de no hablar de eso. En otros casos el diario fue una situación muy traumática para los que trabajaron en el diario y quisieron olvidar eso. Y que claramente el diario es el diario de una derrota. La derrota del peronismo, la derrota de Montoneros, la derrota del periodismo. Y quizás en ese sentido de la derrota quedó oculto durante mucho tiempo.

¿Qué reflexión sacaste del diario como proyecto político y del periodismo como periodismo militante?

El diario es un buen ejemplo de lo que hoy se habla como “periodismo militante”. Eso es algo que empezó con La gaceta de Mariano Moreno. El periodismo es político, así como casi todas las actividades son políticas. En ese momento el diario claramente cumplió un rol político porque el diario era eminentemente político. Pero tenía una función dentro de un proyecto político más amplio. Saadi quería un diario para posicionarse políticamente y ganar un lugar dentro del peronismo, llegar a ser presidente del Partido Peronista y llegar a ser incluso candidato a presidente en 1989. Llegó a ser una de las figuras más importantes del peronismo. Para Saadi fue completamente exitoso. Sus socios en el diario, que eran montoneros, tenían un proyecto claro: vuelta la democracia, volvemos a instalarnos políticamente. Dejamos atrás la lucha armada y volvemos a plantearnos en un plano exclusivamente político. Eso claramente no funcionó, no sólo porque fracasó la lucha armada, sino por el fracaso de las negociaciones con el gobierno de Alfonsín para su vuelta. La gente con la que hablé aseguran que tenían todo acordado para su vuelta, pero, los decretos que van a pedir la encarcelación de la cúpula de la dictadura y de las organizaciones político-militares tira a bajo todo el proyecto del diario La voz. Ese diario al no poder desarrollarse políticamente, todo lo que viene atrás se cae. Probablemente el diario ya no tenía sentido en esa situación. Sin embargo, el diario funcionó. En términos políticos, el diario ya no servía para Montoneros. Ahora, el diario publicaba denuncias que en otros diarios no salían. Entonces, en términos políticos generales sí tenía un sentido. Siempre recuerdo algo que me dijo una de las primeras personas que entrevisté (29). Él decía, cuando se generaban las discusiones sobre si el diario estaba dirigido por Montoneros o no, “si logramos que una persona abra los ojos, el diario ya vale la pena. Sigamos haciendo esto mientras nos paguen y cuando no haya más plata no lo hacemos más, pero no nos pongamos a discutir ahora si vamos para acá, o vamos para allá. Aprovechemos la herramienta que tenemos”. Y esa herramienta era un diario muy grande, con una estructura enorme que funcionó hasta donde pudo funcionar. En términos políticos quizás estuvo de más unos cuantos meses, para el proyecto político de Montoneros. Pero para la función social, me parece que eso era lo más importante.

El tema con los medios es que necesitan mucha plata. O antes necesitaban mucha plata. Y esa necesidad hace de dependas de alguien. Y había un sector de la sociedad que necesitaba una visión progresista de la realidad y tiene que haber un medio que represente ese sector. Pero en algún momento ese proyecto político que lo bancaba dejó de poner plata ahí. Probablemente si hubiese sido solamente por la decisión política de ese proyecto, el diario tendría que haber durado mucho menos. Pero por alguna razón, quizás porque empezaron a haber otros problemas más importantes para Montoneros, el diario siguió pero abandonado. Y Saadi le daba el uso que le servía a él. En esos años necesitabas mucha plata para instalarte con lo cual necesitabas de un proyecto político-empresarial muy grande para sostener el diario. Después el diario podía desarrollarse o no para ocupar un lugar y transformarse en un negocio. A La voz le costó eso por cuestiones externas y cuestiones internas de desorganización. Como el diario era eminentemente político había algo de la lógica empresarial que no entraba todavía. El diario funcionó por la plata que le pusieron por algún motivo, y creo que terminó yendo más allá de ese motivo. Porque el proyecto político claramente había fracasado y el diario continuó saliendo por dos años más explicando cosas muy valiosas para la sociedad: dibujos de ex detenidos que mostraban como eran los lugares, mapas de los centros clandestinos. Todo esto en el ’82-’83, incluso antes del juicio a las juntas. Un montón de material que estaba ahí y que más allá de que no tuvo mucha repercusión e iba de la mano de un proyecto político, fue más allá de él. Imprimir un diario requiere de mucha plata, en algún momento se iba a caer.


El libro está dividido no por capítulos, sino por pequeñas anécdotas introducidas por una frase graciosa de alguno de los entrevistados a modo de título de esa sección. ¿Cómo se te ocurrió armarlo así al libro?

Yo fui pensando mucho en cómo armarlo, que sea atractivo para ver. Mi tesina seguía el modelo canónico hasta cierto punto. Insisto, me gusta más el periodismo que la académica, intenté escaparle todo lo que pude. Yo trabajé en la tesina con un formato muy distinto a este. Lo que hice fue que los protagonistas conversaran directamente. Yo no aparecía. Siempre pienso que estoy de más en la historia que estoy contando. Pero como hice muchas entrevistas en un momento se volvió complicada de leer. Llega un punto que se tornaba muy monótono leer citas textuales una atrás de la otra. Yo prefería no decir nada. Entonces empecé a buscar un mecanismo nuevo. Lo primero que pensé era que para que esto pudiera leerse simplemente tiene que apuntar a un modelo más literario. Empecé a pensar cómo eran los formatos literarios. Y me empecé a dar cuenta que la mayoría de los libros actuales tienen este formato de capítulos cortitos, para leer un capítulo entre las paradas del subte y bajarte, que es como vivimos. La idea es que puedas dejar de leerlo en cualquier momento y retomarlo. Me pareció que podía funcionar bien en esa lógica. Empecé a buscar modelos literarios en general y de periodismo de investigación en particular. ¿Cómo hizo Walsh con “Operación Masacre”? Son libros que están novelados y eso los hace interesantes. La manera en que pensé que yo podía hacer esto era contar la historia cronológica, pero tratando de generar cierta empatía con los personajes, los protagonistas de la historia. Y me pareció que a partir de las anécdotas de cada uno de ellos podía generar esto. Transformarlos en personas que les pasaban las cosas que nos pasan a nosotros: el que va a buscar su primer laburo, el que se pelea con su jefe. Y tratar de contarlo de la manera más atractiva posible. Y en un punto, de manera cinematográfica. Yo empecé a pensar en escenas y cómo podían tener cierta continuidad. Me pareció que también así las podía sacar más fácil, porque no corroboré algún dato, o cambiarlas de lugar, como en una película. La idea siempre fue la misma, generar interés, de no transformarlo en un texto aburrido, sino que te vaya metiendo en una historia que puedas parar de leer en cualquier momento y después seguirlo.

¿Qué sentís que te faltó?

Es muy difícil. Ya de por sí es un texto largo, lo que lo hace muy difícil de leer. Es cierto que cuando sos generalista no estás profundizando mucho el tema. Entonces hay un montón de cuestiones específicas que por ahí yo las paso un poco por alto porque yo elegí dar la mirada amplia. Esta mirada genérica con la que empecé permite completar espacios. Hay un montón de cosas que vas encontrando que también tienen que ver con la memoria de cada una de las personas, pasó mucho tiempo. Yo me empecé a dar cuenta de eso, que ni siquiera lo pensás cuando estás investigando. “Esta gente se va a acordar?¿Cómo se va a acordar?”. Es todo un ejercicio que hacen ellos y que vos hacés con ellos. Se acuerdan distinto. Por ahí si hablás una segunda vez se acuerdan de cosas nuevas. Incluso hablaste una vez y después te llaman para decirte que se acordaron de algo más. Ponés en marcha algo. Yo hablé con 50 personas, pero en realidad pasaron más de 300 por el diario. Hay un montón de cosas que probablemente hayan pasado que yo no las sé. Entonces, siempre queda algo más para contar.

Por otro lado, no es lo mismo una tesina que esto. Cuando pensé en un libro que se pudiera publicar dije, bueno, hay un montón de cosas que hasta dónde las explicás.¿Hasta dónde explicás qué fue la dictadura? ¿Cuán específico te ponés con eso? ¿O no? En algunos momentos el texto se pone obvio, pero yo preferí que fuera obvio para llegar a la gente que está entrando en la facultad, que por ahí no manejan muchas cosas. Yo prefiero que quede todo claro, que sea medio obvio a veces.

¿Te quedó pendiente algún testimonio que no conseguiste?

Sí. Me hubiera encantado hablar con el hijo de Saadi, pero no pude. La verdad, ni siquiera los busqué. Me empecé a dar cuenta que si seguía entrevistando gente nunca iba a publicar el libro. En un momento hay que cortar e imprimir. Yo tenía la posibilidad de hablar con Nilda Garré, con un montón de gente que por ahí estaba más relacionada con la parte más política del proyecto. Si hablaba con ellos me iban a permitir vincularme con otras partes de la historia. Pero yo lo que quería era centrarme en la parte periodística, no irme por las ramas. Me pareció que era donde yo podía hacer más aportes. La relación de Montoneros con la parte política se habló en otros libros. Pero de La Voz, periodísticamente, no. Quizás con los trabajadores gráficos, que suelen quedar de lado en estas investigaciones. Yo no hablé con ninguno, hubiese estado bueno tenerlos. También a los fotógrafos. Pero llega un punto en el que tuve que recortar.

¿Pensás reeditarlo?

La verdad, no sé. De hecho el libro ni se presentó porque la realidad política nos pasó por encima. El libro salió en octubre. Pensamos en presentarlo en noviembre, ballotage. Veamos hasta donde llega. Yo le haría correcciones pero no sé si son tan centrales como para reeditarlo. Va a tener que ver con la distribución que tenga ahora. Sé que mucha gente que trabajó en el diario lo leyó y que por lo menos los puso en contacto con su historia y con otras personas que trabajaban en el diario. Entre eso y lograr que mucha gente que no conocía el diario, lo conozcan, ya estoy hecho. No necesito más.

¿Qué devoluciones tuviste de la gente que trabajó en el diario?

No tuve muchas. Tuve un par de comentarios muy elogiosos de algunos que valoraron el trabajo y la investigación. En general todos estaban muy contentos con la posibilidad de hablar de nuevo del diario y rescatarlo. Todos estaban muy de acuerdo de la importancia de hablar del diario de nuevo, de recuperar al diario, porque estaba perdido. Seguramente hay críticas y correcciones de cosas que yo no pude resolver de otra manera o no encontré la manera de resolverlo, algún dato que me faltó. Pero creo que lo que pasa en el diario, que yo sabía que iba a pasar. Muchas de las críticas no se hacen al libro sino a otro testimonio. Yo no quiero tomar partido y no podría hacerlo porque yo no estuve ahí. Yo puedo contar lo que sé y hasta donde yo pude elaborar. Probablemente algunas cosas me quedaron sin resolver. Sí me parecía importante contar posiciones distintas. Creo que los testimonios de las personas son los que valen y cada una de las personas le va dando valor a su testimonio a medida que pasa el texto. Después, el que lo lea tomará la posición que quiera. A mí no me interesa tomar partidos, sino volver a hablar del diario y contar esa historia que es muy compleja pero muy atractiva.


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