Publicado en línea el Sábado 2 de abril de 2016, por Carlos de Urabá

En el mes de agosto del año 1993 diversos colectivos de la sociedad civil llegados desde diferentes lugares del planeta se unieron a la “Marcha por la paz a Sarajevo”. La expedición con el nombre de Mir Sada (la Paz Ahora) tenía la finalidad de romper el bloqueo (1992-1996) que imponía con brutalidad el ejército serbio y llevar toneladas de ayuda humanitaria a la ciudad de Sarajevo. La caravana en la que participaban más de mil activistas se embarcaron en el puerto de Ancona con destino a Split (Croacia) donde se instalaría el campamento base.

En esta marcha por la paz, la convivencia multiétnica y multicultural y la solución no violenta a los conflictos me encontraba presente como miembro de la delegación de Andalucía.

Ese fue mi primer contacto con la guerra de los Balcanes, una guerra étnica, religiosa y nacionalista que dejó una huella imborrable en la historia europea del pasado siglo XX y principios del XXI. Croatas cristianos, bosnios musulmanes, serbios ortodoxos, albano-kosovares, macedonios, eslovenos, cada uno se batía en el campo de batalla en defensa de su religión, identidad cultural y soberanía patria. Los serbios contaban con el apoyo de sus hermanos rusos, los croatas de los católicos y los bosnios musulmanes o los albanos kosovares recibieron ayuda de los países árabes y del yihadismo internacional (Muyahidines) Poco sabíamos de ese conflicto bélico ajeno por completo a nuestra realidad latinoamericana así que tuvimos que aprender sobre el terreno cuales eran sus causas y sus desastrosas consecuencias.

Desde el año 1991 la Comunidad Europea había creado una misión de observadores para monitorizar el conflicto armado en Bosnia, Croacia y Eslovenia. En febrero de 1992 de acuerdo con la resolución 793 del Consejo de Seguridad de la ONU se inició el despliegue de 22.500 efectivos militares o la fuerza de protección que debía velar por el cumplimiento de los incipientes acuerdos de paz y proteger los convoyes de ayuda humanitaria.
Lamentablemente el gobierno croata prefirió boicotear la expedición ejerciendo presiones para impedir nuestra movilización por carretera.

Por tal motivo nos vimos obligados a anular nuestro viaje a Sarajevo ya que ni las fuerzas serbias ni croatas se hacían responsables de nuestra seguridad. Era una locura que unos pacifistas quisieran convertirse en escudos humanos y parar la guerra a punta de oraciones, cantos y poesías.

Para intentar enmendar el fracaso nos permitieron llegar hasta Mostar, ciudad también sitiada por las tropas bosnio-croatas que luchaban contra los bosnios-musulmanes. En esta ciudad participamos en un multitudinario acto por la paz y reconciliación presidido por grupos religiosos intercofesionales (cristianos, ortodoxos, musulmanes y budistas) que tras varias horas de tregua pactada fue acallado a balazos por los francotiradores. Antes de regresar nuevamente a Split visitamos el santuario de la virgen de Medjugorje, bastión ultra católico de los Balcanes controlado por las tropas croatas herederas de los ustasci fascistas bendecidas por el Vaticano.

Los soldados croatas fuertemente armados portaban crucifijos y pendones con imágenes de la virgen, el papa Juan Pablo II y la bandera roja, blanca y azul con el blasón ajedrezado. Ellos asumían orgullosos el papel de defensores de la civilización cristiana amenazada por los “herejes” serbios y bosnios. Por los pueblos y aldeas que visitamos observábamos las huellas de los enfrentamientos; las casas y edificios destruidos, los templos ortodoxos, católicos o mezquitas quemadas, en fin, el patrimonio artístico sin ninguna consideración reducido a cenizas. Algo que en Siria igualmente se repite en una clara demostración de odio y de venganza.

Miles de refugiados victimas de limpieza étnica huían de las zonas de combate; ya sean serbo bosnios, croatas bosnios, bosnios musulmanes; familias enteras, niños, mujeres, hombres y ancianos cargando sus pertenencias buscaban un refugio seguro donde ponerse a salvo. Como suele suceder en todas las guerras las principales víctimas de la conflagración no eran otras que la población civil. La guerra de los Balcanes con sus 2,7 millones de refugiados y desplazados se convirtió en la tragedia humanitaria más grande después de la Segunda Guerra Mundial. Este fue el mayor reto de la ACNUR y que sentó precedentes para sus futuras intervenciones en zonas de conflicto. El proceso de normalización social y político de los Balcanes aún se encuentra en ciernes. Bosnia y Herzegovina que antes de la guerra tenía un PIB comparable al de los países más desarrollados hoy en día es uno de los países más pobres de Europa.
La mayor parte del millón de desplazados de los Balcanes que buscaron asilo en la Unión Europea eligieron Alemania como destino preferencial.

Poco a poco fuimos metiendo el dedo en la llaga y comprendimos que con la utopía y el romanticismo poco podíamos hacer frente a una realidad tan diabólica y perversa. La ayuda humanitaria que trasportábamos en camiones y buses tuvimos que depositarla en las bodegas de la ONU y la Cruz Roja donde lo más seguro es que se la hayan transferido a los campos de refugiados croatas.

La historia comparada nos brinda argumentos para estudiar el caso de la antigua Yugoeslavia y que nos sirve para predecir lo que sucederá en un futuro no muy lejano en el actual conflicto sirio. Si bien es cierto que extrapolarlas siempre es algo arriesgado porque estamos hablando de Oriente Medio donde impera otra geopolítica y otros intereses de las potencias mundiales. Aunque en el fondo también es un enfrentamiento étnico y religioso y nacionalista.

La federación Yugoeslava era un país constituido por seis repúblicas, doce etnias y tres grandes religiones, veinte lenguas y dos alfabetos. La idea de la gran Serbia centralista y unificada provocó el estallido de una sangrienta guerra que se prolongó en una primera fase desde el año 1991 hasta el 1995. Posteriormente se abriría un nuevo frente de guerra en el Kosovo entre los años 1998 y 1999.

En el caso sirio tras la descolonización francesa la casta militar y oligárquica alauita (minoritaria) intentó forjar la unidad patria con etnias, religiones e identidades muy dispares como los kurdos, sunitas, drusos o cristianos. Su ideal supremo era retornar al sueño de la gran Siria y alzarse como el faro del panarabismo.

En 1989 Milosevic pronunció el famoso discurso de Gazimestán en la conmemoración del 600 aniversario de la batalla del Kosovo donde los serbios fueron derrotados por los turcos. Frente a miles de incondicionales lanzó sus proclamas ultranacionalistas y racistas llamando al pueblo a vengar esa derrota y construir la gran Serbia a costa de sus vecinos bosnios y croatas.

Los rusos les brindaban y les brindan un respaldo incondicional a sus hermanos serbios pues ambos son pueblos eslavos que comparten las mismas raíces religiosas, lingüísticas y étnicas. Hoy Rusia tiene un especial interés por Siria ya que desde la época de la guerra fría conserva la base naval de Tartús que le concede una salida a la flota rusa sobre el Mediterráneo oriental (mar dominado completamente por la OTAN)

El desarrollo de la guerra de los Balcanes perjudicó notablemente a los serbios que fueron acusados por la comunidad internacional de crímenes de guerra, exterminio y limpieza étnica. Sólo hay que recordar la masacre de Srebrenica ordenada por el presidente de la república Srpska Radovan Karadzik, siendo su principal ejecutor el general serbio-bosnio Ratco Mladic. “La causa de los serbios de Bosnia era justa y sagrada” “Teníamos que actuar con vigor pues los Bosnios pretendían crear una república islámica”-declaró Karadzik ante el tribunal de la Haya.

Rusia impedía con su veto una intervención humanitaria y sostenía que todo esto hacia parte de una conspiración imperialista que, tras destruir la Unión Soviética, ahora se ensañaba con Yugoeslavia.
Serbia sufría un durísimo embargo y los intensos bombardeos de la OTAN que pretendían destruir la infraestructura militar (en la guerra del Kosovo en 1999). Esta operación de castigo con el visto bueno de la ONU se justificaba en defensa de la civilización occidental y en prevención de la catástrofe humanitaria.

El problema de los Balcanes pasaba por el derrocamiento de Milosevic (Como en Siria pasa por la caída de Bachar Al Assad) Al final el presidente ruso Boris Yeltsin, en un momento en que Rusia se encontraba sumida en una gran inestabilidad política y social, cedió a las presiones de EE.UU y abandonó a su suerte a su aliado serbio. En el año 1997 Milosevic, mejor conocido como “el carnicero de los Balcanes”, se vio obligado a renunciar a su cargo a raíz de las numerosas manifestaciones ciudadanas que lo acusaban de corrupción y fraude electoral. Serbia quedó sumida en la miseria y aislada a nivel internacional.

En el año 2001 el presidente Serbio Kustunica entregó a Milosevic al Tribunal de la Haya para que se le juzgara por genocidio y crímenes contra la humanidad. El chantaje de EE.UU surtió el efecto deseado ya que Serbia necesitaba con urgencia la ayuda económica y rebajar la presión del bloqueo. Sergei Lavrov, el Ministro de Exteriores ruso, condenó con firmeza la extradición “de un hijo de la madre Rusia”. Cuando Milosevic murió en la cárcel la Duma de la Federación Rusa acusó al tribunal de la Haya de asesinato. Rusia es hoy el principal valedor de Bachar al Assad al que la ONU -en base a un extenso expediente- acusa de crímenes de lesa humanidad.

Las potencias apostaron por promover la estabilidad política en los Balcanes con un proceso de transición ordenado y pacífico que abriera el camino hacia una democracia liberal y de economía de mercado.

El programa europeo PHARE y la agencia Europea de Reconstrucción en el 2001 estimaron en 525 millones de euros la primera fase del plan de reconstrucción física y económica de los Balcanes. Sin ese presupuesto millonario iba a ser muy difícil consolidar una democracia participativa y respetuosa de los derechos humanos.

La resolución del conflicto de los Balcanes servirá indudablemente de ejemplo para acometer la postguerra en Siria. Otras experiencias nos remiten a los planes de reconstrucción Dawes y el plan Marshall promovidos por EE.UU para atender la situación de emergencia de las zonas devastadas tras la I y II Guerra Mundial. Estaba en juego la supervivencia de millones de personas que se encontraban en una situación de extrema vulnerabilidad e inminente peligro de muerte a causa del hambre y las enfermedades.

Al cumplirse 5 años de brutal y desgarradora guerra civil en Siria las potencias implicadas (EE.UU y Rusia) han pactado el día 27 de febrero un alto el fuego. El agotamiento de los bandos en litigio es más que ostensible por no decir descomunal. Si no fuera por la intervención de agentes externos ya se habría producido la derrota de Bachar Al Assad que se mantiene en el poder gracias a la ayuda de Rusia, Irán y Hezbollah. Recordemos que la minoría alauita no llega a más del 11% de la población y este déficit demográfico es un factor negativo que incide en el reclutamiento de combatientes.

La única manera de reemplazar las miles y miles de bajas y deserciones ha sido gracias a las unidades especiales de Hezbollah, Irán, Irak y el apoyo aéreo de Rusia. Bachar Al Assad en unas elecciones libres nada podría hacer ante la arrolladora mayoría sunita y es por ello que debe imponerse por la vía militar, la represión, la cárcel y el exterminio de sus enemigos.

Rusia (miembro permanente del Consejo de Seguridad) bloquea cualquier solución política al conflicto y sostiene que se debe contar con Bachar Al Assad en un futuro gobierno sirio.

Al parecer Siria quedará dividida en zonas de influencia americana y rusa en un claro rezago de la guerra fría. Pero primero para que exista una verdadera transición será necesario la firma de un acuerdo de paz firme y duradero. Un asunto que está aún muy lejos de materializarse por las notables discrepancias entre los alauíes, sunitas, kurdos, Los turcos-sirios (que reclaman también una región autónoma), Drusos, beduinos o cristianos. Aparte de los grupos yihadistas que se niegan en rotundo a negociar pues ellos lo que pretenden es consolidar al máximo el Califato o los territorios conquistados.

Hay que tener en cuenta la enorme influencia que van a detentar en una mesa de negociaciones Rusia, Irán, EE.UU, Arabia Saudita, Turquía, La Liga Árabe o la Unión Europea. Por el contrario la milicia chií libanesa de Hezbollah será excluida de este proceso ya que es considerada un grupo terrorista por EE.UU y la Unión Europea.
Con los grupos yihadistas del EI o a las facciones afines de al Qaeda no existe ninguna posibilidad de diálogo. Para occidente el único “acuerdo de paz” es la aniquilación total de esos terroristas enemigos de la civilización y la democracia. Este es el objetivo tanto de Rusia y sus aliados como de la Coalición Internacional liderada por EE.UU y la OTAN.

Además se sabe de antemano que el proceso de reconstrucción, tal y como aconteció en la antigua Yugoeslavia, será largo y costoso. La Conferencia de Donantes de Siria reunida la 4 de febrero del 2016 en Londres, bajo el auspicio de la ONU (especialmente Noruega, Kuwait, Alemania, Reino Unido y las ONGs) a la que ha asistido Ban Ki-moon y líderes de más de 70 países logró recaudar 10.000 millones de dólares (jamás se había reunido esta cifra en su historia) a lo que hay que sumar 40.000 millones destinados a financiar los programas de ayuda a los refugiados en los países de acogida (Líbano, Jordania, Turquía o Irak) Para mantener la paz social es imprescindible fomentar el tejido productivo y generar empleo. (Aunque sin fábricas y complejos industriales es imposible que se cumplan dichos fines)

La población civil no sólo tiene que bregar con los bombardeos del régimen baazista sino también con los de la coalición internacional y los ataques indiscriminados del EI o al Qaeda. Las cifras de este holocausto son más que elocuentes: 300.000 muertos, casi 5 millones de refugiados (mitad de éstos menores de edad) 3 millones de desplazados internos, es decir, un horroroso drama social al que hay que sumarle, los heridos, los lisiados, las viudas o los huérfanos. El cataclismo sirio ha superado al de los Balcanes y se sitúa como la tragedia humanitaria más importante desde la Segunda Guerra Mundial.

La magnitud de la guerra ha sobrepasado las fronteras regionales hasta internacionalizarse pues la amenaza del yihadismo es a nivel global. Si hay un ganador en esta guerra no son otros que la industria armamentística, los contrabandistas y traficantes de armas. Aparte de la impresionante movilización de tropas, navíos, aviones de combate, drones, unidades de blindados, equipos técnicos y de logística que han realizado tanto la coalición internacional liderada por EE.UU como Rusia y sus aliados.

Hoy la máxima preocupación de la Unión Europea es detener el flujo migratorio que amenaza su seguridad y estabilidad. Para ello se ha comprometido a aumentar la ayuda a los países de acogida como Jordania, Líbano, Turquía e Irak. Lo ideal para la ACNUR es que los refugiados permanezcan cerca de Siria aguardando el momento en que se acaben las hostilidades y puedan regresar a sus lugares de origen.

La frontera más crítica es la de Turquía con Grecia y por ello que la Unión Europea ha ofrecido 6.000 millones de euros al gobierno de Ankara para que ejerza el papel de gendarme o “carcelero”. Y es que en los últimos 10 meses más de 800.000 refugiados han logrado penetrar en el espacio europeo y la predicción es que de aquí a fin de año se duplique la cifra.

La guerra de los Balcanes dejó más de 250.000 muertos, miles de desplazados internos y más de 1.000.000 de refugiados. Hasta que en 1995 bajo la presión de EE.UU y los ataques aéreos de la OTAN se consiguió un alto el fuego que más tarde condujo a la firma de los acuerdos de Dayton (promovidos por el presidente Bill Clinton y con el aval de las Naciones Unidas) entre serbios croatas y bosnios.
Para afrontar la reconstrucción de los Balcanes fue necesario el compromiso irrestricto de las grandes potencias y de los organismos como la ONU, el FMI o el Banco Mundial, ONGs.

A continuación presentamos un ejemplo de la hoja de ruta que se redactó para acometer tamaño desafío:
1-Reconstrucción económica
2-Reconstrucción de infraestructuras carreteras, puentes, aeropuertos, vías ferroviarias, etc…
3-Energía eléctrica
4-Producción y comercio
5- Creación de empleo y oportunidades para generar ingresos.
6- Creación de Empresas medianas y grandes en base a la inversión extranjera y proyectos de privatización neoliberal.
7-Educación y reconciliación.
8-Sanidad y soberanía alimentaria.
9-Remoción de minas, bombas de racimo, proyectiles y misiles.
10-Repatriación de ciudadanos o reasentamiento.
11-Reconstrucción del capital humano y social.
12-Sostenibilidad y transición a una democracia representativa.
13-Seguridad social (especialmente a huérfanos, viudas y mutilados)
14-Vivienda.
15-Memoria histórica, exhumaciones de los desaparecidos, justicia trasnacional y reparación.

Además se pactó el despliegue de una fuerza multinacional de interposición de la ONU (UNPROFOR) con el objetivo de vigilar el cumplimiento del cese el fuego y la estabilidad en las fronteras. En Siria con toda probabilidad también sucederá algo muy parecido pero en este caso con la participación de las unidades de la Liga Árabe.

El Tribunal Internacional de la Haya para la ex Yugoeslavia asumió la responsabilidad de perseguir y juzgar a los criminales de guerra, genocidio y limpieza étnica. Moralmente tales delitos no podían quedar impunes y por lo tanto en Siria se procederá con la misma contundencia. No podemos descartar que en cualquier momento cambie la situación política en Rusia y tal como sucedió con Milosevic los rusos entreguen a Bachar al Assad a cambio de rebajar las sanciones impuestas por EE.UU y Europa a causa de la guerra de Ucrania y la anexión de Crimea.

La máxima preocupación de EE.UU es perpetuar su dominio en Oriente Medio, proteger las rutas de abastecimiento de hidrocarburos y velar por la seguridad de Israel que es uno de sus principales aliados. Israel es el mayor favorecido con la guerra civil Siria puesto que se ha quitado de encima a un enconado enemigo.

El ejército árabe sirio ya no representa ninguna amenaza para su seguridad pues ha visto mermado considerablemente su poderío bélico. Sólo Hezbollah puede intimidar a los sionistas, sobre todo, en los Altos del Golán y en el norte de Israel. De ahí que el Tzahal se encuentre en estado de emergencia en prevención de cualquier infiltración o ataque por sorpresa.

Francia y Alemania están empeñadas en que se implante en Siria un gobierno legítimo y democrático (en el que se excluye por completo la participación de Bachar Al Assad) antes de iniciar el proceso de reconstrucción. Una condición sine qua non puesto que de ella depende el éxito del proceso de paz y reconciliación. Lo que significa redactar una nueva constitución (posiblemente de una república federal) y la convocatoria de elecciones libres en el más breve plazo de tiempo. En el GIAS (grupo internacional de apoyo a Siria) lo componen más de 20 países del mundo entero que desde noviembre del 2015 han asumido tal compromiso. Últimamente Bachar Al Assad ha recibido el respaldo del FN francés, del Partido Popular español y del candidato republicano Donald Trump. Al parecer se ha convertido en héroe de la ultraderecha occidental por su “heroica” ofensiva contra la amenaza yihadista.

Tal vez sea necesario instituir un Mandato para Siria bajo los auspicios de la ONU, es decir, una especie de protectorado. Aunque es poco probable que los países árabes lo acepten pues lo verían como una clara señal de neocolonialismo.

Como era de esperar el apocalipsis sirio ha dejado miles y miles de muertos, otros tantos miles de heridos, de desparecidos, encarcelados, torturados, pueblos y ciudades literalmente demolidos, las infraestructuras colapsadas, los terrenos de cultivo arrasados. La población civil huye despavorida a los países vecinos Jordania, el Líbano, Turquía o Irak por física supervivencia buscando protección y asilo.

Siria ha perdido su capital humano, ha perdido la fuerza de trabajo y de producción representada por los trabajadores, obreros, peones, campesinos, como también, estudiantes, ingenieros, médicos, profesores, artistas o intelectuales. El país se ha desocupado y este es un factor muy negativo que tendrá graves repercusiones en el próximo futuro.

Para los sirios o los iraquíes la peregrinación ya no es a la Meca sino a Alemania o Suecia pues allí es donde brilla una lucecita de esperanza.

Porque lo que realidad lo que buscan los refugiados es reiniciar una nueva vida, adquirir una nueva identidad y olvidar el torturador castigo a que han sido sometidos. Psicológicamente se sienten derrotados y muchos sufren serios traumas psicológicos que dejarán serias secuelas por el resto de sus días. Han perdido sus hogares y los lazos que los unían a su patria y deben integrarse en una sociedad europea muchas veces opuesta a su fe e idiosincrasia.
Pero quizás el fenómeno más relevante sea el efecto llamada que se multiplica exponencialmente a través de Internet, Facebook, o los teléfonos móviles: “Estamos en Alemania. Aquí los esperamos” Ellos también tienen derecho al futuro y se merecen un hogar de acogida que les brinde paz y seguridad.

Es por ello que los que cuenten con recursos económicos no van a resignarse a malvivir en los campamentos de refugiados. De alguna u otra manera intentarán cruzar de forma clandestina hasta las islas griegas aunque sea a riesgo de perder sus vidas. El premio que les aguarda no es otro que los grandes oropeles de la sociedad de consumo capitalista donde supuestamente podrán satisfacer todos sus deseos.

De hecho no están exceptos de explotar el victimismo pues se encuentran en una situación límite en la que requieren urgentemente ayudas estatales, manutención, sanidad, estudio, vivienda y trabajo.

Tal y como ha ocurrido con la inmigración de latinoamericanos a EE.UU muchos pueblos y ciudades en México, en Centroamérica se quedaron sin la fuerza laboral de los hombres, sólo permanecen las mujeres los viejos y los niños esperando las remesas en dólares para poder subsistir. Las mafias de coyotes o traficantes son las encargadas de colarlos, previo pago de fuertes sumas de dinero, en las entrañas del imperio. Que es lo mismo que sucede con los refugiados sirios o los iraquíes que desesperados intentan alcanzar por mar las islas griegas o la isla de Lampedusa (Italia)
Para nadie es un secreto que Europa sufre un severo déficit demográfico, el envejecimiento de población es más que ostensible y se necesita urgentemente sangre joven, sangre nueva que mantenga el sistema de pensiones y la seguridad social. Se necesita mano de obra-especializada o no- para que ocupen los puestos más sacrificados del mercado laboral y eleven la curva de crecimiento de la economía capitalista.

Según los expertos gracias a la llegada de los refugiados (se calcula en 800.000) el PIB alemán crecerá este año 2016 entre 1,7 este año y 2.0. (El mayor de la zona euro) El estímulo al consumo interno, que es el pilar más importante de la economía alemana, se disparará imparable. Sólo hay que pensar en los puestos de trabajo que genera el acoger a miles y miles de refugiados, el levantar las infraestructuras, los complejos habitacionales, la logística, restaurantes, servicios médicos, pedagógicos, etc.

La mayor parte de los demandantes de asilo son jóvenes ansiosos por integrarse en la sociedad europea del bienestar y las libertades. Las víctimas de este éxodo o migración han vivido durante décadas bajo el terror de la dictadura baazista y el eterno control del muhabarat o los agentes secretos. En Siria antes de la guerra ya existía una migración económica hacia Arabia Saudita y los países del golfo Pérsico atraídos por mejores oportunidades laborales y los altos salarios.

Los refugiados buscan más la salvación individual o familiar que una salvación colectiva. Estamos hablando del clásico de “sálvese quien pueda”. Porque ellos no tienen la intención de organizarse como alternativa política que participe en la formación de un futuro gobierno. Sus intenciones son más económicas que revolucionarias.

En estos últimos cinco años Siria ha acaparado las grandes portadas en prensa, radio o televisión o Internet. Una propaganda vital para remover las conciencias y despertar los sentimientos caritativos del mundo “civilizado”. Para acometer la magna tarea de reconstrucción tendrá que movilizarse la plana mayor de la “industria humanitaria”: las ONGS, la Cruz Roja, Manos Unidas, Médicos Sin Fronteras, Unicef, la FAO, ACNUR, Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, Save the Childrens, Caritas. Se pondrá aprueba el espíritu de altruismo y generosidad que es algo muy arraigado en la filosofía cristiana. Como afirma el papa Francisco “Occidente debe demostrar su compromiso solidario con los que más sufren” La paradoja es que el presupuesto gastado en la guerra Civil Siria por la Coalición Internacional (comandada por EE.UU) y Rusia con sus satélites supera con creces el que tendrán que invertir en su reconstrucción.

Aunque no hay que olvidarse que también están en juego multimillonarios presupuestos que se proponen desembolsar las grandes potencias (G8: EE.UUU Canadá, Japón, La Unión Europea, China, Arabia Saudita o los países del Golfo Pérsico). En el fondo existe una tremenda competencia entre todos los organismos humanitarios por captar la mayor cantidad de donaciones. Al fin y al cabo el sentimiento de caridad rinde infinitos réditos. Sin lugar a dudas la burocracia y el funcionariado humanitario vivirán una época dorada de bonanza y esplendor.

¿Será Bachar Al Assad -quien ha demolido literalmente el país- el encargado de su reconstrucción? ¿La ONU dialogará y firmará acuerdos con alguien acusado de crímenes de guerra y genocidio? ¿EE.UU o Europa lo reconocerán como interlocutor válido? ¿Se le confiarán a este personaje tan nefasto ligado a casos de desfalco y corrupción las donaciones y los presupuestos de ayuda humanitaria?

Al gran matadero sirio tras la orgía de bombas y misiles parece que ha llegado la hora de las palomitas y las flores, de los discursos compasivos y fraternos.

Cuando comience el periodo de reconstrucción los cooperantes o activistas (extranjeros) se ocuparán de las gestiones meramente administrativas. Es decir, su papel será dar órdenes para que otros las ejecuten. Porque los peones y obreros nativos tendrán que encargarse de empuñar los picos y palas y remover los escombros.

Esta titánica labor de resucitar un país será muy difícil efectuarla sin la movilización masiva de la población siria o de lo contrario quedarán completamente hipotecados a las grandes potencias y sus satélites (Algo que pasó en los Balcanes con los inversionistas extranjeros).

De ahí que el regreso de los refugiados sea un asunto prioritario.
Pero los refugiados que han pedido asilo en Alemania o Suecia o en cualquier otro país de la Unión Europea difícilmente regresarán a Siria a enfrentar la posguerra en unas condiciones extremas: sin empleo, sin vivienda, ni escuelas o los servicios básicos como agua o electricidad.

Hace unas semanas la Unión Europea aprobó una serie de medidas altamente restrictivas para detener el flujo migratorio que amenaza sus fronteras. Ya comienzan los primeros brotes de xenofobia y el racismo promovidos por los partidos de ultraderecha que incluso han alcanzado éxitos electorales en Alemania, Hungría, Polonia, Austria o Francia. La alarma social despertada por los atentados de Paris y de Bruselas cometidos por el EI bajo la directa supervisión del califato de Siria e Irak son argumentos suficientes para criminalizar a los refugiados. El terrorismo islamista no es que se haya infiltrado en Europa sino que los hijos de inmigrantes musulmanes de segunda y tercera generación han abrazado la bandera de la yihad. En Europa residen 38.000.000 de inmigrantes -entre estos 14.000.000 son musulmanes- Este es un hecho histórico irrefutable que requiere un estudio más profundo sobre el ambiente que se respira en esos guetos donde se han forjan sentimientos de odio y de rencor.

Las autoridades de la Unión Europea han puesto en marcha medidas antiterroristas propias de un estado de sitio. Son comunes las detenciones y redadas o el endurecimiento de los controles fronterizos para expulsar a los clandestinos que intentan infiltrarse. La policía y el ejército están movilizados y listos para actuar en las zonas más conflictivas (barrios o guetos islamistas) y cortar de raíz “la semilla del mal” (que es como se define el desarraigo y exclusión social)

Estamos ante una crisis migratoria de impredecibles consecuencias por su desproporción y complejidad. Para encontrar algo semejante tendríamos que remitirnos al final de la Segunda Guerra Mundial cuando millones judíos víctimas del nazismo buscaban desesperadamente una tierra donde rehacer sus vidas. Fue tal el impacto mediático que La ONU se apiadó de ese drama humanitario y les concedió un estado en Palestina. Mientras, los sirios abandonaron todo huyen despavoridos hacia el norte de Europa, prefieren exiliarse lejos de su patria antes que permanecer en un país donde se les ha tratado peor que animales, donde se les ha martirizado sin medida ni clemencia.

Es tal estado de emergencia que reina en Oriente Medio que las perspectivas a corto plazo no pueden ser más pesimistas. Si analizamos con detenimiento las circunstancias nos daremos cuenta que los sirios no son los únicos que quieren emigrar sino que también existen miles y miles de iraquíes, kurdos, iraníes, paquistaníes o afganos que luchan por conquistar un futuro mejor.

Y como si fuera poco no podemos olvidar a los 4 millones de palestinos que desde hace décadas sobreviven en campos de refugiados aguardando el regreso a sus hogares. Ante la indiferencia de la comunidad internacional no es extraño que en cualquier momento decidan sumarse a este éxodo bíblico rumbo a la tierra prometida.

Carlos de Urabá 2016


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