Publicado en línea el Jueves 21 de mayo de 2020, por Marcelo Muñoz

<http://static.wixstatic.com/media/1...> No imaginaba el historiador griego Tucídides (s.V a.n.e.) que su análisis de las guerras del Peloponeso iba a generar en el siglo XXI una teoría tan manoseada como la llamada “trampa de Tucídides”. El explica como historiador que el poder emergente de Atenas tenía que chocar con la potencia dominante de Esparta y provocar necesariamente la guerra. Es G. Allison quien recoge esa teoría, como politólogo, casi 2500 años después, y acuña el término “trampa de Tucídides” como la tesis del enfrentamiento bélico inevitable entre toda potencia emergente y la potencia dominante; fundamenta su tesis analizando unas 20 situaciones similares lo largo de la historia, en la mayoría de las cuales se llegó a la guerra. Su conclusión, en 2015, es que la emergencia de China tiene que acabar en el enfrentamiento bélico con Estados Unidos. Y así se está repitiendo con frecuencia en los últimos años, muy recientemente incluso en los medios españoles.No comparto la tesis de Allison, entre otras razones, porque China ni lo quiere, ni le interesa, ni encaja en su experiencia histórica como primera potencia durante casi 20 siglos, ni es compatible con sus principios filosóficos y políticos confuciano-taoístas. No es éste el lugar para desarrollar esta contra-tesis, pero si querría subrayar que el Sr. Trump está incurriendo en la “trampa de Tucídides”, aunque, probablemente, desconozca su significado histórico. De hecho, lleva ya tiempo desarrollando, en desafío abierto, primero la guerra comercial contra China, después la guerra tecnológica y, más recientemente, la guerra política, como expresión de su resistencia activa, de tintes bélicos, a la nueva potencia mundial emergente, que, de hecho, le está mermando su posición dominante, inapelable hasta ahora. La guerra “comercial”, o de los aranceles, no ha concluido aún, incluso amenaza con reactivarla como represalia por la pandemia del “virus chino”. Como ocurre en todas las guerras, perjudica a ambas partes y, en cuanto no concluida, falta aún por saber quién será el ganador. La guerra tecnológica se ha centrado mediáticamente en desprestigiar e intentar bloquear la expansión de la tecnología 5G “china”, de la empresa privada Huawei, como exponente del avance chino en las nuevas tecnologías. Tampoco hay claro vencedor aún, sobre todo porque la globalización, que tan poco le gusta al Sr.Trump, ha posicionado a China con fuerza, más allá del bloque atlántico y ha abierto brechas en este mismo bloque, que el Sr. Trump considera tan suyo. La guerra “política” contra China es mucho más sutil, por cuanto se desarrolla, en gran parte, tras las bambalinas de fuerzas poco visibles como los bulos o “fake news”, las redes sociales manipuladas, o se camufla bajo think tanks beligerantes frente a la nueva potencia emergente. Como exponentes de esta guerra “política” ahí están las manifestaciones inacabables de Hong Kong, de tintes anarco liberales y vandálicos y de autorías dudosas, los apoyos al partido secesionista de Taiwan y su política al margen del consenso internacional, o todas las confabulaciones conspiranoicas alrededor del virus “chino”, el laboratorio de Wuhan que lo difundió, o la “alianza” de la OMS con China para camuflar su responsabilidad en la pandemia. Ahora se añade la acusación a China como plataforma activa contra la reelección del Sr. Trump, en una posición claramente electoral y lo que veremos en los próximos meses hasta noviembre, y más.Porque esta guerra “política” contra China va a continuar, probablemente se va a recrudecer, en proporción inversa al debilitamiento o fracaso de la guerra “comercial” y la guerra “tecnológica”, y adquirirá formas más agresivas y cambiantes. El Sr. Trump incurre, además, en la trampa de Tucídides, porque, como antiglobalista beligerante, ignora la realidad del mundo actual, ya multipolar, en el que otras potencias emergentes piden paso a participar en la gobernanza global, como India, Rusia, Brasil, Indonesia,...Pero, sobre todo, quiere ignorar o debilitar a su principal socio atlantista, la Unión Europea, que, aunque no renuncia a su anclaje atlántico, da muestras inequívocas, aunque aún balbucientes, de querer anclarse también en el bloque asiático. Como declara su alto representante y Vicepresidente, Josep Borrell, en la entrevista que realiza ECFR, el mayor think tank europeo, existe “un área de colaboración muy fuerte entre Estados Unidos, China y la Unión Europea” y, por otra parte China tiene ya “un papel muy protagonista...y representa para la Unión Europea una oportunidad y un reto”.Así lo describe más ampliamente el largo documento de la Comisión Europea, de marzo 2019: “Unión Europea-China, una visión estratégica”, en el que, aceptando la rivalidad estratégica entre ambas potencias por sus diferentes modelos políticos, desarrolla un amplio abanico de ámbitos de colaboración y cooperación –las dos palabras más reiteradas en todo el documento-, como el multilateralismo, la posición conjunta frente al proteccionismo, las amplísimas relaciones comerciales, la inversión directa e inversa, la cooperación en la gobernanza global frente a la hegemonía... sin negar la competencia real, como dos grandes potencias con intereses propios.Y el Sr. Trump incurre en la trampa de Tucídides porque ignora, seguramente, la gran cercanía que existe entre la filosofía confuciana y la filosofía de la Ilustración europea, que puede facilitar en gran medida, a medio-largo plazo, el diálogo entre estas dos grandes potencias, más allá de las distancias que hoy las separan. Volviendo a Tucídides, en sus “Guerras del Peloponeso” describe cómo la nueva potencia, Atenas, se impone y, con ella se abre una nueva época de grandes cambios, que serán la cuna de la cultura griega y embrión de la civilización occidental. Como Allison analiza, el surgimiento de nuevas potencias facilita, en ocasiones grandes cambios y avances para la humanidadMarcelo Muñoz, Presidente fundador de Cátedra Chinacontacta chez infolibre.es @_infoLibrePublicada el 17/05/2020 a las 06:00


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