Publicado en línea el Jueves 23 de abril de 2020, por Marcelo Muñoz

<http://static.wixstatic.com/media/4...> La pandemia del coronavirus nos está azotando e interpelando como una consecuencia imprevista e imprevisible de la globalización, de la que nos muestra sus debilidades y errores con toda crudeza. Está removiendo los sillares de este mundo, precisamente en el momento que se estaba alumbrando un cambio de era, cuestiona muchas de nuestras certidumbres sobre nuestras estructuras sanitarias, económicas, tecnológicas y políticas y quizá acelere ese cambio de era.No pocos científicos opinan que este tipo de epidemia, que no es la primera en el siglo XXI, aunque sí la más global, puede repetirse en el futuro por estar relacionada con el cambio climático y la disminución de la biodiversidad. Nos merece la pena, pues, reflexionar sobre esas debilidades y errores de la globalización, aunque nos falten datos para una evaluación crítica completa, porque aún su extensión no ha sido plenamente global, y porque los datos con que contamos, de unos y otros países o fuentes, no son homogéneos. Aun con esa limitación, nos atrevemos a adelantar algunas reflexiones básica, por si fueran útiles hacia el futuro a medio y largo plazo: La primera reflexión nos llega desde Atapuerca: la pandemia nos afecta a todos los que pertenecemos a la misma especie humana, por encima de muros, fronteras, etnias, divisiones entre Occidente y Oriente, ideologías o religiones. No se solucionará esta pandemia, y las siguientes si llegan, con la vuelta a la aldea, al aislamiento (salvo el provisional por urgencias sanitarias), ni a las recetas locales, nacionales o regionales. Afecta a toda la especie humana y por ello habrá que reivindicar la aldea global más allá tod tentación de aldeanismo. Segunda reflexión: nos faltan organismos de gobernanza sanitaria, global y europea (salvo la OM, sin fuerza política) para detectar y controlar la pandemia, su seguimiento médico, estadístico y científico, para coordinar la investigación sobre el virus y sobre su erradicación por la vacuna y, mientras ésta llega, por los tratamientos más eficaces con antivirales y otros fármacos. La gobernanza global económica cuenta con algunos intentos institucionales, aunque imperfectos y contestados por muchas razones. No hay, sin embargo, gobernanza sanitaria global, ni europea, ni siquiera para aprovechar la experiencia e investigación de los países que primero la han sufrido, o para impedir la repetitiva y lenta reacción de los países, algunos recalcitrantes. La comunicación científica y epidemiológica entre Oriente y Occidente, por otra parte, existe, pero muy limitada por burocracias, prejuicios y distanciamientos políticos: deberá completarse y perfeccionarse. Tercera reflexión: nos falta humildad intelectual para aceptar que, ante una crisis sanitaria tan vasta, todos podemos aprender de todos, sin prejuicios de superioridad sistémica o civilizatoria. Es evidente que ciertos países de Asia, como China, Corea, Singapur..., han sufrido menos la pandemia, y mucho menos si contabilizamos los afectados y fallecidos por millón de habitantes, y la han atajado los primeros. Pero nos está costando tiempo, que supone vidas, analizar humildemente las razones de esa diferencia. Más allá del autoritarismo, que hemos sancionado como razón de la diferencia, y que no es general ni homogéneo en todos esos territorios de Oriente, apuntamos dos razones fundamentales, dos circunstancias que se dan en esos países orientales que la pueden explicar: -Una es la razón “civilizatoria”: en esos países predomina la cultura confuciana: en China porque es el sustrato filosófico de su sociedad milenaria; en Corea, por ser territorio muy vinculado en el pasado al Imperio chino y a su cultura; en Singapur porque es la filosofía reconocida en su Constitución. Y los valores confucianos tradicionales se basan en la primacía de lo colectivo sobre lo individual, el respeto a la autoridad jerarquizada -desde la familia al Estado-, y a las normas como expresión de esa autoridad, el valor de la comunidad y la defensa del bien colectivo, la veneración a la enseñanza y el conocimiento..., valores que, sin sacralizarlos, coadyuvan a las medidas drásticas de confinamiento y a las precauciones sanitarias por el bien de todos. - Otra razón es la aplicación y el uso de las nuevas tecnologías, como están siendo el registro informático de la temperatura a la entrada de las grandes aglomeraciones, los tests masivos, la geo ubicación, el rastreo de los afectados con sus datos epidemiológicos, el registro de macro datos por Inteligencia Artificial, el uso del código QR personal desde el móvil.... para vigilar la movilidad y “contagiabilidad” durante la cuarentena, o el uso de drones para exigir el confinamiento..., instrumentos muy aplicados desde el inicio de la pandemia, que llega a las sociedades de Asia Oriental con un grado muy alto de digitalización, con el uso ya generalizado de aplicaciones diversas como el pago por móvil y la fácil eliminación del dinero físico, con la tele enseñanza y el teletrabajo como herramientas habituales antes de la pandemia... Todo lo cual facilita el confinamiento rápido y efectivo y el control epidemiológico, con menor esfuerzo y con resultados económicos menos lesivos. Cuarta reflexión: la ciencia como palanca imprescindible, junto con la solidaridad, del desarrollo humano. Ha sido la ciencia la que ha asesorado a los políticos en China, tras los primeros titubeos y, después, a los demás países, no sin resistencias recalcitrantes de algunos. La solución de esta pandemia y las que vinieren, lo mismo que la del cambio climático, debe venir de manos de la ciencia, de los científicos. Estamos pagando, con vidas, la insuficiente inversión en ciencia, más en concreto en ciencia biomédica y en potentes equipos humanos sanitarios. Necesitamos volcar todos los recursos públicos imaginables en esta inversión en el futuro inmediato ya. Quinta reflexión: la globalización ha provocado una deslocalización desordenada en determinados sectores como el sanitario. Frente a las reservas estratégicas que los países mantienen en sectores como la energía, el transporte..., no se ha mantenido ninguna reserva en los productos y equipos sanitarios, o su producción, ni a nivel global, ni europeo, ni nacional. Y la pandemia nos ha sorprendido desprovistos, sin disponibilidad inmediata de los instrumentos de protección y control epidemiológico y equipos necesarios frente a ella. Una vez más, China ha sido el gran proveedor para el resto del mundo, y casi el único, con los retrasos y el trastorno del mercado que estamos sufriendo. Sexta reflexión: ante una pandemia de estas características el haber desmantelado la sanidad pública, o no haberla construido tan potente como es necesaria ahora, es algo rayano en el suicidio colectivo. Séptima reflexión: esta pandemia aparece en un momento de enconada lucha estratégica entre Estados Unidos y China por la primacía global, en esta nueva era que se avecina. Tras la guerra comercial iniciada por el Sr. Trump y la guerra tecnológica simbolizada en el intento de desprestigio de una determinada tecnología 5G, está ya en marcha la guerra política contra China, que se ha expresado en los disturbios de Hong Kong, en la multiplicación de bulos anti chinos en las redes... y, ahora, en la culpabilización de China como responsable de esta pandemia y, en consecuencia, en el intento de desprestigio de la OMS y la retirada de los fondos que la hacen viable como embrión de una autoridad sanitaria global. La última reflexión, y creo la más importante: la solidaridad social, pública e internacional, ha vuelto a emerger como la gran defensa de nuestra especie, con más fuerza que lo era en Atapuerca, como el gran motor del desarrollo humano. Reclamamos la filosofía y los valores éticos, la primacía de lo colectivo frente al individuo, el papel del Estado como salvaguarda de la comunidad. Y, también desde la filosofía, reclamamos el diálogo para intentar entendernos, entre las diversas sociedades, culturas y civilizaciones, entre Oriente y Occidente... sobre valores éticos compartidos, como base para esa nueva era que se estaba alumbrando antes de la pandemia y que, esperamos, volverá a alumbrarse más firme, humana y estable cuanto más aprendamos de nuestros errores. Esta crisis, en resumen, está reflejando la fuerza de la globalización y, al mismo tiempo, muchas de sus debilidades. Esperemos que la próxima, que ojalá no llegue pero que puede llegar, nos encuentre mejor pertrechados, globalmente, para combatirla y superarla antes y mejor. Y, de inmediato, tendremos ocasión de entrenarnos en solidaridad, coordinación y gobernanza para superar la crisis económica que nos viene derivada de la pandemia.Marcelo Muñoz, Presidente fundador de Catedra China


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