Publicado en línea el Martes 5 de abril de 2016, por Wolfi Landstreicher

1. El rechazo a una percepción política de la lucha social; un
reconocimiento que la lucha revolucionaria no es un programa, sino la
lucha para la reapropiación social e individual de la totalidad de la vida.
Como tal, es inherentemente anti político. Es decir, es opuesto a cualquier
forma de organización social – y cualquier método de lucha – en la cual las
decisiones sobre cómo vivir y luchar son separadas de la ejecución de esas
decisiones, sin importar cuan democrático y participativo sea este proceso
separado de la toma de decisiones.

2. El rechazo al organizacionalismo, con esto me refiero al rechazo
a la idea de que cualquier organización puede representar a lxs individuxs
o grupos explotados, la lucha social, la revolución o la anarquía. Por lo
tanto, también el rechazo de todas las organizaciones formales – partidos,
sindicatos, federaciones, etcétera – que, debido a su naturaleza programática,
adoptan semejante papel representativo. Esto no se refiere al rechazo de
la capacidad de organizar actividades especificas necesarias para la lucha
revolucionaria, sino el rechazo a la sujeción de la organización de las tareas
y proyectos al formalismo de un programa organizacional. La única tarea
que jamás ha demostrado requerir organización formal es el desarrollo y
mantenimiento de una organización formal.

3. El rechazo a la democracia y la ilusión cuantitativa. El rechazo a la
opinión de que el número de adherentes a una causa, una idea o un programa
es lo que determina la fuerza de la lucha, en lugar del valor cualitativo
de la práctica de lucha como el ataque en contra de las instituciones de
dominación y como la reapropiación de la vida. El rechazo a cada tipo de
institucionalización o formalización de la toma de decisiones, y de hecho,
a cada concepción de la toma de decisiones como un momento separado
de la vida y la práctica. El rechazo, también, a los métodos evangélicos que
se esfuerzan para ganar a las masas. Semejante método presupone que la
exploración teórica está llegando a su final, que unx tiene la respuesta a
la cual todxs se adhieren y que entonces cada método es aceptable para
transmitir el mensaje, incluso si ese método contradice lo que estamos
diciendo. Esto nos lleva a buscar seguidores que acepten nuestra posición,
en vez de compañerxs y cómplices con quien seguir nuestras exploraciones.
La práctica en vez del esfuerzo para llevar a cabo el proyecto de unx, el mejor
que se puede, en una manera consistente con las propias ideas, sueños
y deseos, atrayendo así a cómplices potenciales para poder desarrollar
relaciones de afinidad y expandir la practica de la revuelta.

4. El rechazo a hacer exigencias a aquellxs en el poder, en vez de
eso, eligir una práctica de la acción directa y el ataque. El rechazo a la idea
de que podemos llevar a cabo nuestro deseo de autodeterminación con
exigencias fragmentarias que, en el mejor de los casos, solo ofrecen una
mejora temporal del daño del orden social del capital. El reconocimiento
de la necesidad de atacar esta sociedad en su totalidad, de lograr una
práctica y conciencia teórica en cada lucha parcial de la totalidad que debe
ser destruida. Así también, la capacidad de ver lo que es potencialmente
revolucionario – que haya movido más allá de la lógica de exigencias y
de cambios fragmentarios- en luchas sociales parciales, ya que, después de
todo, cada ruptura radical e insurreccional ha empezado debido a la chispa
de una lucha que empezó como intento de ganar exigencias parciales, pero
que cambió su práctica de solo exigir lo que deseaban a tomarlo y mucho
más allá.

5. El rechazo a la idea del progreso, a la idea de que el orden actual
de las cosas es el resultado de un proceso de mejoramiento continuo que
nosotrxs podemos llevar más lejos, incluso posiblemente a su apoteosis si
solo nos esforzamos. El reconocimiento de que la trayectoria actual – que
lxs gobernantes y su oposición fiel reformista y ¨revolucionaria¨ llaman ¨el
progreso¨ - es inherentemente dañino a la libertad individual, la asociación
libre, las relaciones humanas saludables, la totalidad de la vida y el planeta
en sí. El reconocimiento de que para lograr autonomía y libertad completa,
esta trayectoria debe de ser llevada a su fin y que nuevas maneras de vivir y
relacionarse tienen que ser desarrolladas. (Esto no necesariamente lleva a
un rechazo absoluto de la tecnología y la civilización, y semejante rechazo
no constituye el cimiento de una ruptura con la izquierda, pero el rechazo
del progreso ciertamente significa la voluntad de examinar y cuestionar
la civilización y la tecnología, y particularmente el industrialismo, seria
y críticamente. Quienes no son capaces de cuestionar estos puntos
probablemente siguen sosteniendo el mito del progreso.)

6. El rechazo a la política de identidad. El reconocimiento de que,
mientras varios grupos oprimidos experimentan su despojo en formas
especificas para su opresión, y el análisis de estas especificidades es necesario
para poder comprender completamente cómo funciona la dominación, sin
embargo, el despojo es fundamentalmente el robo de la capacidad de cada
unx de nosotrxs de crear nuestras vidas en nuestros propios términos, en
libre asociación con otrxs. La reapropiación de la vida en el nivel social,
así como su reapropiación completa en el nivel individual, solo puede
ocurrir si dejamos de identificarnos esencialmente en términos de nuestras
identidades sociales.

7. El rechazo al colectivismo, a la subordinación del individux al
grupo. El rechazo a la ideología de la responsabilidad colectiva (un rechazo
que no significa el rechazo del análisis social o de clase, sino que remueve
el juicio moral de semejante análisis, y rechaza la práctica peligrosa de
inculpar al individux de actividades hechas en el nombre de, o las que
fueron atribuidas a una categoría social de la cual supuestamente ellxs
forman parte, pero sobre la cual no tenían elección – por ejemplo, ¨judío¨,
¨gitano¨, ¨hombre¨, ¨blanco¨ etc.) El rechazo a la idea de que alguien,
debido o a su ¨privilegio¨, o a su supuesta afiliación a un grupo oprimido
en particular, debe solidaridad incondicional a otra lucha o movimiento, y
el reconocimiento que semejante concepción es una gran obstrucción para
un proceso revolucionario serio. La creación de proyectos y actividades
colectivas para servir las necesidades y deseos de lxs individuxs involucradxs,
y no al revés. El reconocimiento de que la alienación fundamental impuesta
por el capital no está basada en ninguna ideología hiper-individualista que
puede promover, sino que nace del proyecto colectivo de producción que
lo impone. El reconocimiento de la libertad de cada individux de poder
determinar las condiciones de su existencia en libre asociación con otrxs
de su elección –ej. la reapropiación social e individual de la vida – como el
objetivo primario de la revolución.

8. El rechazo a las ideologías, es decir, el rechazo a cada programa,
idea, abstracción, ideal o teoría que, construidos para ser servidos, se
ponen por encima de la vida y lxs individuxs. El rechazo entonces de
Dios, el Estado, la Nación, la Raza etc. pero también del Anarquismo,
el Primitivismo, el comunismo, la libertad, la razón, el individux etc.
cuando éstos se convierten en ideales para sacrificarse a unx mismx, a
nuestros deseos, aspiraciones, sueños. El uso de las ideas, el análisis teórico
y la capacidad de razonar y pensar en abstracto y críticamente, como
herramientas para realizar nuestros objetivos, para reapropiarse la vida y
actuar en contra de todo lo que se pone como obstáculo en el camino de
esta reapropiación. El rechazo a respuestas fáciles que nos impiden ver con
claridad los propios intentos de examinar la realidad que enfrentamos, en
favor del cuestionamiento continuo y la exploración teórica.


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