Publicado en línea el Viernes 2 de octubre de 2020

Una investigación de Amnistía Internacional ha sacado a la luz nuevos datos horrendos sobre el trato que reciben las personas migrantes etíopes detenidas en Arabia Saudí. Desde marzo, las autoridades huzíes de Yemen han expulsado a miles de trabajadores y trabajadoras migrantes etíopes y sus familias a Arabia Saudí, donde han sido recluidos en condiciones que ponen su vida en peligro. Amnistía Internacional entrevistó a personas detenidas que describieron toda clase de crueldades a manos de las autoridades saudíes, como el encadenamiento en parejas, la obligación de utilizar el suelo de la celda como letrina y el confinamiento permanente en celdas con un grado de hacinamiento insoportable. Basándose en testimonios coherentes de testigos, Amnistía Internacional documentó la muerte de tres adultos bajo custodia. Otras personas detenidas informaron al menos de otras cuatro muertes; si bien no ha sido posible corroborar estas afirmaciones de forma independiente, la prevalencia de enfermedades y la falta de alimentos, agua y atención de la salud apuntan a que el número real de fallecimientos podría ser mucho mayor. “Miles de migrantes etíopes que abandonaron su hogar en busca de una vida mejor se han encontrado, en su lugar, con una crueldad inimaginable a casa paso. Su situación —de confinamiento en celdas inmundas plagadas de muerte y enfermedad— es tan atroz que al menos dos personas han intentado quitarse la vida”, afirmó Marie Forestier, investigadora y asesora de Amnistía Internacional sobre los derechos de las personas refugiadas y migrantes. “Las mujeres embarazadas, bebés y niños y niñas pequeños están recluidos en esas mismas condiciones atroces, y tres personas detenidas contaron dijeron que conocían casos de niños y niñas que habían muerto. Instamos a las autoridades de Arabia Saudí a dejar en libertad de inmediato a todas las personas migrantes detenidas y a mejorar significativamente las condiciones de detención antes de que se pierdan más vidas.” Asimismo, Amnistía Internacional pide al gobierno etíope que facilite urgentemente la repatriación voluntaria y la reintegración de etíopes, y que presione al gobierno saudí para que mientras tanto mejore las condiciones de detención. Amnistía Internacional entrevistó a 12 personas migrantes etíopes detenidas a través de una aplicación de mensajería entre el 24 de junio y el 31 de julio de 2020. Sus denuncias fueron corroboradas por vídeos, fotos e imágenes de satélite analizadas por el Evidence Lab de la organización. Todos los nombres son ficticios. Obligados a vivir una pesadilla Hasta marzo de 2020, había miles de migrantes etíopes trabajando en el norte de Yemen, ganando dinero para pagar su pasaje a Arabia Saudí. Cuando la pandemia de la COVID-19 se intensificó, las autoridades huzíes comenzaron a ordenar a los trabajadores y trabajadoras migrantes que acudiesen a la frontera, donde según informes quedaron atrapados en un fuego cruzado entre fuerzas saudíes y huzíes. Amnistía Internacional no ha podido corroborar los informes de tiroteos, pero la mayoría de las personas detenidas declararon que habían cruzado la frontera bajo el fuego. En Arabia Saudí, las fuerzas de seguridad arrestaron a las personas migrantes, confiscaron sus pertenencias y, en algunos casos, las golpearon. La mayoría fueron trasladadas al centro de detención de Al Dayer. Desde allí, una gran parte fue trasladada a la prisión central de Yizan y, posteriormente, a las cárceles de Yeda y La Meca; otra parte permaneció en la prisión central de Yizan durante más de cinco meses. Según la Organización Internacional para las Migraciones, aproximadamente 2.000 personas etíopes continúan abandonadas a su suerte en el lado yemení de la frontera, sin alimentos, agua ni atención de la salud. Enfermos y heridos, sin atención de la salud Todas las personas entrevistadas afirmaron haber recibido un trato terrible desde el momento en que fueron arrestadas por las autoridades saudíes. Según algunas, las condiciones son especialmente atroces en el centro de Al Dayer y la prisión central de Yizan, donde las celdas alojan a una media de 350 personas. El Evidence Lab de Amnistía ha verificado vídeos que sustentan esas acusaciones. Las personas detenidas explicaron que las heridas de bala sufridas en la frontera eran el problema de salud más acuciante en Al Dayer y que las autoridades saudíes se negaban a darles el tratamiento adecuado, lo que causaba infecciones potencialmente mortales. En ese centro, las personas detenidas no tienen acceso a baños; están obligadas a utilizar una esquina de la celda como letrina. Zenebe, de 26 años, dijo: “Es el infierno, nunca he visto nada igual en mi vida [...]. No hay baños. Orinamos en el suelo, cerca de donde dormimos. A veces hemos tenido que caminar sobre los orines”. “Es el infierno, nunca he visto nada igual en mi vida [...]. No hay baños. Orinamos en el suelo, cerca de donde dormimos. A veces hemos tenido que caminar sobre los orines”. Zenebe, de 26 años, contó a Amnistía Internacional Todas las personas entrevistadas relataron que en los centros abundaban las enfermedades, e informaron de casos de infecciones cutáneas, diarrea y fiebre amarilla. Hagos, que pasó cinco meses bajo custodia en la prisión central de Yizan, dijo que algunas de las personas allí recluidas estaban tan débiles que había que transportarlas a los retretes, que estaban desbordados y apenas funcionaban. Pese al calor intenso de los meses de verano, el agua suele ser insuficiente, especialmente en el centro de Al Dayer, donde según informes los guardias penitenciarios sólo abren los grifos durante algunos periodos cortos al día. Todas las personas entrevistadas se refirieron a la falta de saneamiento como un problema. Dado que sus pertenencias les fueron confiscadas en la frontera, las personas detenidas sólo tienen la ropa que llevaban puesta cuando salieron de Yemen, y en las prisiones de Al Dayer y Yizan no hay duchas. Incluso en las prisiones de La Meca y Yeda, donde el agua alcanza para ducharse, a las personas detenidas no se les proporciona jabón. Estas condiciones de insalubridad son especialmente alarmantes en el contexto de la actual pandemia de COVID-19. Muertes bajo custodia Dos personas detenidas informaron de que habían visto personalmente los cadáveres de tres hombres —un etíope, un yemení y un somalí— en el centro de Al Dayer. No obstante, todas las personas entrevistadas afirmaron que sabían de gente que había muerto bajo custodia, y cuatro de ellas dijeron que habían visto cadáveres con sus propios ojos. Freweyni, de 25 años, describió la muerte de un niño de 15 años en Al Dayer: “Estaba durmiendo en el suelo, tapado con ropa. Estaba muy débil. Se orinó durmiendo. Había un chico cuidándolo. […] Gritamos y los guardias vinieron para llevárselo […]. Cuatro días después lo vi fuera en el suelo. Estaba muerto. A su lado había otro cadáver”. Dos personas contaron a Amnistía Internacional que habían impedido a compañeros de celda quitarse la vida en la prisión central de Yizan y la prisión de Yeda. Mencionaron la incertidumbre de la situación, así como el calor y la falta de comida suficiente como detonantes clave de la desesperación. Abeba, de 24 años, describió el estado de terrible angustia mental de algunas de las mujeres con las que estaba detenida en Al Dayer: “Algunas mujeres hablaban solas, otras no se vestían, otras no podían controlar cuando orinaban”. A Amnistía Internacional no le consta que en los centros de detención haya instalaciones de salud mental. Muchas personas detenidas están traumatizadas no sólo por la detención, sino por las terribles experiencias vividas en el viaje a través de Yemen. Abeba, que viajó desde Etiopía con su hermana de 19 años, dijo que durante su estancia en Yemen muchas mujeres habían sido violadas por agentes de policía yemeníes y pasadores de fronteras. “Mi hermana está embarazada de cinco meses. La violaron en Yemen. Cada vez que le pregunto quién la violó se echa a llorar”, dijo. Mujeres embarazadas y niños y niñas, en grave peligro Según las personas detenidas, hay un número importante de mujeres embarazadas bajo custodia. Roza, de 20 años y embarazada de seis meses en el momento de la entrevista, dijo que había otras 30 mujeres embarazadas en su celda de la prisión central de Yizan. Ninguna de las mujeres embarazadas con las que habló o sobre las que oyó hablar Amnistía recibía una atención sanitaria adecuada. Roza dijo que cuando finalmente se permitía a las mujeres ver a un médico, en Yeda los guardias les ponían cadenas metálicas en las piernas y las ataban de dos en dos. Las llevaban a una sala de reconocimiento, pero no todas recibían la atención sanitaria adecuada. Roza contó que se daba a todas las mujeres las mismas pastillas y no se les realizaban ecografías —a ella no le hicieron ninguna durante todo el embarazo—. Algunas mujeres han dado a luz durante la detención; tras una corta estancia en instalaciones médicas, se las devuelve a las mismas condiciones de insalubridad. Tres mujeres denunciaron que dos bebés y tres niños pequeños habían muerto en las prisiones de Al Dayer, Yeda y La Meca. Abeba contó a Amnistía Internacional: “En Al Dayer los niños se pusieron enfermos porque dormíamos en un sitio sucio, hacía demasiado calor y no recibíamos suficiente comida. Tenían diarrea y estaban muy delgados. Los llevaron al hospital y allí murieron”. Tortura y otros malos tratos Dos detenidos denunciaron que los guardias habían administrado descargas a ellos y otros detenidos como castigo por quejarse de las condiciones. Solomon, de 28 años, contó a Amnistía Internacional: “Utilizaron un dispositivo eléctrico [...] Me hizo un pequeño agujero en la ropa. Vi a un hombre que después sangraba por la nariz y la boca. Desde ese día no hemos vuelto a quejarnos. Tenemos miedo de que vuelvan a ponernos la cosa eléctrica en la espalda”. Ocho personas detenidas afirmaron que habían sufrido y visto palizas a manos de guardias penitenciarios, y tiroteos durante intentos de fuga. Un hombre dijo que había visto el cadáver de un hombre al que habían disparado cuando intentaba fugarse. Amnistía Internacional pide a las autoridades de Arabia Saudí que ponga en libertad de inmediato a todas las personas detenidas, dando prioridad a las más vulnerables, incluidos los niños y niñas. Al mismo tiempo, las autoridades saudíes deben mejorar de manera inmediata y significativa las condiciones de detención, poner fin a la tortura y otros malos tratos y garantizar que las personas bajo custodia tienen acceso a alimentos, agua, servicios de higiene, atención de la salud, alojamiento y ropa adecuados. También deben investigarse las denuncias de abuso y se debe hacer rendir cuentas a los responsables. La cooperación internacional es necesaria Casi todas las personas detenidas entrevistadas por Amnistía Internacional había visto al menos a un representante de la embajada o consulado de Etiopía durante la detención. Explicaron que habían podido hablar con los funcionarios etíopes y que estos habían visto las condiciones de detención de primera mano. No obstante, en el momento de redactar este comunicado de prensa no se había repatriado a ninguna de las personas detenidas con las que Amnistía Internacional ha hablado. El gobierno etíope ha citado la insuficiencia de espacios de cuarentena para las personas retornadas como obstáculo para el proceso de repatriación. Pese a las restricciones de circulación debidas a la COVID 19, al menos 34.000 personas migrantes etíopes regresaron a su país desde todo el mundo entre abril y septiembre de 2020, 3.998 de ellas procedentes de Arabia Saudí. Esto demuestra que los retornos no se han detenido por completo y que aún es posible repatriar a las personas migrantes etíopes si ambos gobiernos se comprometen. A la luz de esta información, Amnistía Internacional pide a las autoridades etíopes y saudíes que cooperen para garantizar que los y las etíopes tienen acceso a una repatriación voluntaria, segura y digna. La comunidad internacional también tiene un papel muy importante que desempeñar: “Si los espacios de cuarentena son un obstáculo importante, otros gobiernos y donantes deben apoyar a Etiopía para que aumente el número de espacios a fin de garantizar que las personas migrantes pueden salir de esas condiciones infernales lo antes posible”, afirmó Marie Forestier. “Nada, ni siquiera una pandemia, puede justificar la detención arbitraria de miles de personas ni los abusos a los que se las somete”.


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