Publicado en línea el Miércoles 13 de abril de 2016, por ANRed - Sur (redaccion@anred.org)


Desde hace una semana los medios masivos transmiten, en una suerte de cadena privada y con gran espectacularidad, las incidencias de las causas por corrupción donde unas van tapando a las anteriores. En este marco retorna el discurso de Elisa Carrió que apunta a la corrupción como causa de todos los males. En la edición de Enredando las Mañanas del martes 12 de abril, emitimos la entrevista realizada en Piedra Libre de La Colectiva, a Eduardo Gruner. El sociólogo y ensayista apuntó a la corrupción como síntoma y a la capacidad de los medios masivos de tomar la parte por el todo, escondiendo las verdaderas causas de lo que ocurre. Por RNMA

Eduardo Gruner - La corrupción es algo que, evidentemente, debe combatirse, debe denunciarse, sobre todo cuando los sujetos de esa corrupción son los funcionarios públicos, son los líderes políticos, son los miembros de lo que eufemísticamente se llama la clase política. Es algo que no se puede pasar por alto de ninguna manera. Ahora, hay que ubicarla en su contexto. La corrupción no es la enfermedad, es un síntoma. La corrupción no es otra cosa que un producto de un proceso, de una estructura de producción mucho más vasta y mucho más compleja. Yo los escuchaba recién decir que es una parte intrínseca, inseparable de la lógica misma del capitalismo. Efectivamente, siempre ha sido así, aunque yo diría que está agravada en las últimas décadas por el hecho de que, ese capitalismo que siempre ha sido corrupto (después podemos discutir un poco qué diferentes clases de corrupción hay), lo es mucho más en una lógica de funcionamiento donde la instancia dominante no es el capital productivo, sino el capital financiero, especulativo, etc. Eso da, todavía, mucho más lugar a la corrupción, tanto en términos estrictamente económicos personales como en términos políticos mucho más amplios. No es necesario haberse quedado con un vuelto o contar plata en la “Rosadita” para ser corrupto. O tener empresas offshore, depende de cuáles sean los casos. Pero no son solamente esos los corruptos sino todos los que, de una u otra manera, entran en una red de complicidad, que uno podría calificar de cuasi mafiosa, de protección, de desvío de la atención y ahí podemos hablar de la corrupción mediática que lo que hace es desplazar toda esta trama estructural, constitutiva de la lógica misma del capitalismo, a los individuos corruptos. Los individuos corruptos, insisto, deben ser castigados, deben ser perseguidos, deben ser denunciados ¿quién podría estar en contra de eso? El tema es que hay un aspecto de lo que podríamos llamar la ideología dominante que de esa parcialidad hace la totalidad y entonces desvía la discusión, el debate, el interrogante crítico sobre la estructura del sistema, a las manifestaciones que uno podría llamar, no despreciables pero en todo caso, laterales o secundarias o superficiales.

Piedra Libre - ¿Podríamos pensar entonces que ese desvío, de alguna manera, es lo que posibilita creer que desplazando a estas figuras todo estaría bien?

EG – Claro. Hay una especie de gigantesca utopía, en un mal sentido del término, pero que está ideológicamente muy interesada que es que si terminamos con la corrupción...porque ¿qué pasa si terminamos con la corrupción? De pronto ¿no va a haber más hambre? ¿no va a haber más desocupación? ¿no va a haber más explotación, ni alienación, ni imperialismo? Sería ridículo pensarlo así si uno no supiera que hay muchos intereses por detrás de ese tipo de pensamiento, de ese truco, como decía yo hace un momento, de tomar la parte por el todo. (...) La denuncia de la corrupción también da por tierra con muchos mitos. Hasta hace no mucho tiempo hubiéramos dicho que el capitalismo es malo en todos lados pero que tenemos el capitalismo de los países escandinavos donde hay un cierto Estado de bienestar, donde hay mayor contención. Bueno, ahí está el primer ministro de Islandia, un país que en su momento supo castigar a los banqueros corruptos, que también tuvo sus cuentas offshore. O ni hablar del Primer Ministro de Inglaterra. Entonces, quiero insistir en que todos esos son síntomas que hay que combatir, (...) pero de ninguna manera podemos ilusionarnos con que vamos a terminar con las razones, con las causas de la enfermedad combatiendo simplemente los efectos. Entonces, el gran peligro que forma ya parte, se ha hecho algo así como un sentido común de nuestra cultura política, es que se saca patente de progresista o de republicano consecuente o lo que se quiera decir, simplemente denunciando a los corruptos y creando la ilusión de que eso nada tiene que ver con la lógica del sistema en su conjunto.

PL – Pensaba: también habría un capitalismo transparente ¿no? ¿Cómo lo pensás?

EG – La transparencia es un viejo mito del capitalismo, desde los orígenes mismos. Hay una cosa que siempre me hizo mucha gracia y es que, ya desde Smith y Ricardo, desde la ilustración escocesa del siglo XVIII, se habla de la transparencia del mercado. El mercado parece ser que con su espontaneidad hace transparente todas las fuerzas que se mueven en él, la fuerza de la oferta y la demanda que es la que ordena. Ahora, los mismos que hablan de eso, hablan de la mano invisible. Es muy gracioso ese lapsus. Parece que todo es transparente pero hay una manito que por abajo de la mesa mueve los hilos. Es casi un chiste anecdótico esto, pero da buena cuenta de estas contradicciones irresolubles en el discurso mismo del sistema y de la conexión, diría yo, que hay entre el fenómeno como efecto que es la corrupción y la compleja trama de causas que dan lugar a esa corrupción y que se articulan de las maneras más inesperadas. (…) Es muy interesantemente simbólico, para circunscribirnos a nuestro país, lo que ha sucedido en los últimos días, cuando tenemos que por un lado los senadores han votado esa verdadera entrega de los últimos resquicios de soberanía nacional ante los fondos buitre, con una mayoría que incluyó a una importante parte de la oposición y a los pocos día otra vez, en diputados, una mayoría que también incluye una importante parte de la oposición, vota en contra de la propuesta del proyecto de la diputada Bregman de que comparezca Macri en el Congreso a dar explicaciones por sus empresas offshore. La complicidad con el capital financiero va inmediatamente atada a la complicidad con lo que podríamos llamar el lado oscuro, el lado no tan transparente de esa misma lógica.

PL – Usted habló en algún momento de otras formas de corrupción, no solamente las que estábamos poniendo de ejemplo que son las que han abundado en la agenda mediática esta semana...

EG – Si. No solamente tenemos la corrupción estrictamente económica que tiene que ver con el bolsillo personal de los individuos corruptos sino que tenés una corrupción política que consiste centralmente en esta complicidad de aquellos que, aún desde el punto de vista estrictamente económico, como individuos puedan no ser corruptos (no cobrar cometas, no quedarse con retornos como se decía en una época), aun cuando desde ese punto de vista fueran perfectamente honestos, son cómplices como todos estos senadores o diputados que han votado esas cosas que decíamos hoy. Son cómplices objetivos y forman parte de una trama de corrupción política. Y existe la corrupción mediática que son todos esos medios que protegen, disimulan desplazan la discusión para proteger lo más posible, no solamente sus propios intereses. También lo hacen por razones ideológicas o de simpatías políticas. Se pueden entender las ideologías y las simpatías políticas pero no al extremo de que se corrompa, en este caso la función de información periodística.

PL – Nos quedamos pensando en la corrupción subjetiva. En como esto se trama en las relaciones interpersonales

EG – Claro, porque se crean este tipo de complicidades objetivas. Finalmente uno termina no sabiendo, y esto me parece que es lo más terrible desde el punto de vista de lo que podríamos llamar una subjetividad colectiva o una cultura política, se termina no sabiendo donde están los límites. Se transforman en sentido común cosas que habría que empezar por interrogar críticamente, que deberían estar cuestionadas. Entonces uno termina discutiendo que si el presidente, por ejemplo, tiene o no acciones de la empresa offshore, si cobró o no un salario por su supuesta función en esa empresa y ya no se discute más la pertinencia o no de que tenga una empresa. Todo el problema es si ganó más o menos plata con esa empresa y no si está bien o mal que la tenga aunque no haya ganado un centavo. Siendo el presidente de la Nación.

PL – Esta impregnación en la subjetividad ¿podría traducirse en la expresión roban pero hacen?

EG – Si, claro. El problema es cuando además de robar no hacen nada...

PL – Claro, la cosa puede empeorar, si, si...

EG – O mejor dicho, porque tampoco hay que ser tan simplistas, hacen un montón en perjuicio de los sectores populares, que es lo que está pasando hasta ahora, por lo menos con este gobierno. Con lo cual no estoy disculpando las corruptelas o los errores o las cosas mal hechas o los límites de gobiernos anteriores. Lo que estoy diciendo es que es una absoluta hipocresía plantearse que hemos llegado a una especie de diferencia absoluta cuando todo lo que se está haciendo, no hay una sola medida que alguien pueda citar en favor de los sectores populares o de los más necesitados o como se los quiera llamar.

Audio de la entrevista:


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