Publicado en línea el Jueves 14 de abril de 2016, por Eduardo Castilla - La Izquierda Diario

Fotografía: Mario Frias Casado

“Poné el aire acondicionado. Ustedes ganan bastante bien” le gritó la mujer al altavoz por el que se escuchaba al conductor. Diez segundos después, casi en el mismo registro, arrancó a cantar “a volver, a volver, vamos a volver…”.

Era una de las formaciones de la línea A del subterráneo de Buenos Aires. Miles de personas, entre ellas la señora de los gritos, volvían de las inmediaciones de los Tribunales de Comodoro Py, luego de estar de pie varias horas, bajo una lluvia que alternó en intensidad. Venían de estar “bancando” a Cristina Fernández en su paso para declarar ante el juez Bonadio.

La sensación era de euforia. La “Jefa”, como se estila en la jerga propia, volvía al ruedo políticamente, después de casi 5 meses. Dijo muchas cosas. Pero muchas otras quedaron sin decirse.

La importante concentración bajo la lluvia y en horario laboral, puso de manifiesto la capacidad de convocatoria de la expresidenta. Al mismo tiempo desnudó los límites y contradicciones del llamado “proyecto nacional y popular” en la oposición.

En ese marco, la citación judicial de Bonadio, donde Cristina entregó un escrito y pidió la recusación del juez, quedó casi como una anécdota.

Ni el chori ni el plan, el proyecto

A las 9.45 h, cuando Cristina Fernández llegó a la puerta de Tribunales, ya se podían contar varias decenas de miles de personas presentes.

“No vinimos por el chori, no vinimos por el plan, vinimos por el proyecto nacional y popular”. Ese fue uno de los cánticos más escuchados en la lluviosa mañana. Una suerte de radiografía de los sectores predominantes.

El recorrido a través de la multitud resultaba más difícil conforme uno se acercaba donde estaba ubicado el escenario. Más cerca de la rotonda que lleva a la estación de Retiro, era más fácil transitar. La caminata permitía dar cuenta de una importante composición de clase media progresista o “clase media trabajadora” entre los presentes. Muchos jóvenes pero también gente que se acercaba y superaba los 50 años. Aquí y allá había también jóvenes de origen más humilde.

Presencias y ausencias

La concentración contó con miles de personas que no se hallaban encuadradas en ninguna organización. Aunque es imposible dirimir una cifra, era evidente su peso, si uno observaba el movimiento de gente por fuera de las columnas. Dentro de éstas, las más destacadas fueron las de La Cámpora, Unidos y Organizados y, más moderadamente, el Movimiento Evita.

Las organizaciones sindicales prácticamente brillaron por su ausencia. Se podían distinguir las banderas de ATE Capital, el Sindicato de Comercio -también de Capital-, la CTA liderada por Hugo Yasky, el Suterh y el Satsaid (Televisión). Estos gremios aportaron bombos y algo de batucada pero no contingentes importantes.

Quienes también hicieron un aporte modesto fueron los intendentes del conurbano bonaerense afines al kirchnerismo. Pudieron verse banderas de agrupaciones y organizaciones kirchneristas de Merlo, Berazategui, Avellaneda, Moreno y La Matanza, entre otros partidos. Allí estuvieron también los propios intendentes, pero las columnas no fueron numerosas. Las razones del raleado aporte podrían buscarse en el horario, la imposibilidad de entusiasmar o la simple especulación política.

“Acá estamos todos juntos, canallas y leprosos” le dijo un santafesino a otro. Éste portaba un buzo con los colores de Newell’s. El interior del país dijo presente con delegaciones variadas. Banderas de Córdoba, Mar del Plata, Rosario o Mendoza podían avistarse en la movilización.

Vista de conjunto, la concentración puso en evidencia dos cuestiones. La primera es el importante poder de convocatoria que aún mantiene Cristina Fernández. En la guerra de números que siguió a la movilización, el kirchnerismo habló de 300 mil personas y la Policía Federal de 12.000. La estimación de La Izquierda Diario, presente en el lugar, es que podrían haberse movilizado alrededor de 40.000 personas.

En segundo lugar, a pesar de esa importante convocatoria, parte fundamental de lo que fuera el “proyecto” cuando el kirchnerismo era gobierno, estuvo ausente. La burocracia sindical y parte importante de la cúpula peronista optó por no asistir. Entre los ausentes, no es un detalle menor el anunciado “faltazo” de Daniel Scioli, hasta ayer nomás el candidato del “proyecto”.

El “territorio” estuvo presente a través de los intendentes del Conurbano. Pero eso constituye sólo una parte del peso geográfico del peronismo. Otra pata, los gobernadores, por ahora talla más cerca de la oposición moderada. Los recursos para las endeudadas provincias son un motor poderoso.

Cristina en el palco I: el “frente ciudadano”

Luego del trámite exprés en el cuarto piso de Tribunales, la expresidenta habló ante la concentración. Fueron más de 60 minutos donde desglosó conceptos, recordó el accionar de la Justicia contra Yrigoyen y Perón, criticó las medidas de ajuste de Macri y explicó por qué había guardado un “silencio respetuoso” por casi 5 meses.

Hasta ahí nada muy sorpresivo. Pero lo verdaderamente novedoso fue el llamado a la conformación de un gran “frente ciudadano” que se proponga “reclamar por los derechos arrebatados”. El Congreso Nacional sería el lugar donde ese “frente” podría influir.

La propuesta contiene una cuota de ruptura con el “dogma” kirchnerista que nunca consideró al “ciudadano” un sujeto para interpelar. Ese fue, más bien, el interlocutor privilegiado del macrismo, el massismo y otras fuerzas autodenominadas “republicanas”. La pregunta obligada es, entonces, a quien le habla Cristina Fernández.

Todo pareciera indicar que se propone dialogar con amplias capas de las clases medias que empiezan a sentir en sus propios bolsillos el ajuste macrista. Podría también dirigirse a los votantes de Sergio Massa. El llamado resulta de extrema amplitud.

La propuesta todavía engendra más preguntas que respuestas. Pero permite dar cuenta de la necesidad del kirchnerismo de conquistar una base más amplia que aquella “minoría intensa” que fue parte esencial de su configuración en el último período de gobierno. No resulta fortuito entonces que tópicos comunes de ese período, como las “Corporaciones”, hayan desaparecido en su discurso de ayer.

El “frente ciudadano” otorga una suerte de perspectiva para todos aquellos sectores que, en estos 5 meses de ajuste, se vieron desorientados por su “respetuoso silencio” ante las medidas de ajuste y las crisis en el Frente para la Victoria.

Cristina en el palco II: “La palabra traición es muy fuerte”

Como no podía ser de otra manera, la mención a los “traidores” estuvo presente en el acto. No fue la oradora quien lo hizo sino quiénes se encontraban abajo.

Precisamente a ellos, pero también a todo el país, Cristina Fernández contestó que “la palabra traición es muy fuerte”.

Parece ratificar así que el kirchnerismo, por sus propias limitaciones políticas, seguirá jugando dentro del mar embravecido del peronismo. Así lo confirmaría otro pasaje de su intervención, donde dijo que las únicas dos organizaciones que “había integrado” –en alusión a la acusación de asociación ilícita- fueron “el Poder Ejecutivo nacional y el Partido Justicialista”.

Silencios

Fueron varias las cosas que Cristina Fernández omitió decir. Por ejemplo, la palabra “buitres” estuvo ausente, y no por casualidad. Implicaba condenar abiertamente a los diputados y senadores que, desde la bancada del FpV, permitieron la aprobación del acuerdo celebrado para pagarles.

Las críticas al ajuste por parte de la expresidenta fueron más que parciales. “Olvidó” aquellos que se llevan adelante en las provincias que son gobernadas por quienes triunfaron encabezando las listas del Frente para la Victoria. Una de ellas es Santa Cruz, donde su cuñada Alicia Kirchner, propone miserables acuerdos salariales a docentes y estatales.

Otra es Tierra del Fuego. Ayer mismo, mientras Cristina hablaba en las puertas de Comodoro Py, la gobernadora kirchnerista Rosana Bertone, anunciaba que desalojaría la protesta de los trabajadores estatales en el centro de Ushuaia.

Retorno y futuro

“Gracias Bonadio” se escuchó decir a una señora cuando empezaba la desconcentración. No era para menos. Cristina volvió a la escena política de la mano de una citación judicial. Lo débil de la misma hace que crezca la posibilidad de “victimización” por parte de la expresidenta.

Paradójicamente, el pacto entre el “partido judicial” y el gobierno de Macri -que se proponía “terminar con la impunidad K”-, en una de sus ofensivas, terminó dándole aire a un kirchnerismo que venía a la defensiva.

Cristina, al llamar a la conformación de un “frente ciudadano”, establece los marcos desde los cuales hacer oposición al macrismo a partir de ahora. La mayor radicalidad del discurso “populista” cede en aras de un discurso “inclusivo” de todos aquellos que, en estos meses, empezaron a “vivir peor”.

Sin embargo, este nuevo tópico discursivo tampoco implica un llamado serio a enfrentar el ajuste con la lucha. Este "nuevo relato" puede ser útil al kirchnerismo para negociar un lugar dentro del universo peronista, pero está lejos de llevar a confluir con la resistencia que, efectivamente, despliegan miles de trabajadores en todo el país ante el ajuste.

En esas peleas las agrupaciones referenciadas en el PTS y el Frente de Izquierda buscan jugar un papel para dar pasos en la coordinación de las mismas y en proponer medidas contundentes para derrotar el plan de ajuste. En esa perspectiva también la izquierda exige, de manera constante, que las conducciones sindicales rompan la tregua con el gobierno nacional.

Este jueves, mostrando concretamente esa práctica, Nicolás del Caño y Patricio del Corro -ambos referentes del PTS-FIT- participarán de la movilización que los estatales de Santa Cruz realizarán contra el ajuste de Alicia Kirchner.


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